Una tragedia clásica en siete actos

«Petra», de Jaime Rosales

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Cap. II ― πέτρα, petra, piedra
Del lat. petra. (piedra, roca) y, a su vez, del griego antiguo πέτρα (pétra).

  1. Sustancia mineral, más o menos dura y compacta.
  2. adj. Que no tiene sentimientos.
  3. Lugar o sitio donde se dejaban los niños expósitos.
  4. (En la filmografía de Jaime Rosales) Petra: título del film y, a la vez, nombre de la protagonista del último largometraje del director catalán.

Cap. III ― La culpa o la distancia que va de la empatía a la psicopatía
El diccionario define la culpa como el sentimiento de responsabilidad de una persona por el daño causado en la realidad que afecta a otra y que determina la capacidad de empatizar de un individuo en tanto que ser social. Por oposición, una persona ajena a esa responsabilidad puede ser considerada como un psicópata en términos psiquiátricos, en tanto que esa carestía de sentimientos afectará a la conducta social del individuo que la padece.

La culpa, o su ausencia, es el sentimiento que sobrevuela sobre los personajes de Petra y condiciona sus comportamientos pero, también, es la unidad de medida que utiliza Rosales para medir la distancia entre cada uno de ellos: entre la culpa expiatoria de Marisa (Marisa Paredes) y la impía de su marido Jaume (un excepcional debutante Joan Botey); entre la culpa secreta de Julia (Petra Martínez), madre de Petra, y la ignominiosa de Teresa (Carme Pla), empleada de Jaume; entre la culpa cobarde de Lucas (Alex Brendemühl), hijo de Jaume,  y la vengadora de Pau (Oriol Pla), hijo de Teresa.

Cap. I ― Petra
Petra (2018), de Jaime Rosales, cuenta lo que podría definirse como una historia clásica porque (1) relata la clásica historia de búsqueda, el de su personaje principal, Petra (personificada en la exquisita Bárbara Lennie, en una de sus ya habituales atribuladas figuras femeninas), una aspirante a artista en permanente búsqueda de «la verdad» —como ella misma dice—, tanto a nivel profesional, a través de su íntimo trabajo artístico, como a nivel personal, con su intento por encontrar al padre que nunca conoció; y (2) porque Petra, en su estructura capitular y devenir trágico, remite en cada plano a la equilibrada cultura y tradición grecolatina.

En ese discurrir hacia la verdad y, con ello, hacia su infausto destino —diríase prefijado por un dios perverso—, Petra encontrará el obstáculo del silencio de una madre moribunda indiferente a las inquietudes genealógicas de su hija, la hostilidad de una supuesta familia paterna ensimismada en su obra y/o dinero pero, aún más, el del insoportable dolor de una identidad familiar incompatible con la verdad, «su» verdad.

Cap. IV ― De la identidad familiar como causa y solución de todos los problemas
Poner rostro al retrato de un padre ausente ha sido siempre caldo de cultivo para mil y una historias, ya que, en ocasiones, saber de dónde se viene puede ayudar a saber hacia dónde se quiere ir. El proceso de búsqueda que supone ese anhelo será el leitmotiv de Petra, cuyas pesquisas la llevarán a solicitar una beca bajo la tutela de un internacional artista local, Jaume, al que cree su padre, en la propia residencia familiar de este y en donde también conocerá a la hastiada esposa de Jaume y a su hijo Lucas, antagónicamente idéntico a su padre.

Este encuentro de pétreas personalidades desencadenará una progresiva revelación de secretos y mentiras familiares que harán de Petra, hasta entonces motor de la trama, un ser huidizo, víctima del relativo peso de los lazos familiares al creer que solo en el seno de una familia «normal» puede llegar a sentirse completa.

Cap. VI ― La figura del genio artista
Pero si hay algo que permanece en la memoria de los espectadores tras el visionado de esta película es, sin duda, la figura de Jaume —tal vez, remedo de la figura del propio Rosales— porque Petra es también —o por encima de todo— el retrato de este escultor de éxito internacional sin sentimientos, una aproximación lenta y pausada, como la cámara de Rosales, a la figura del genio-tirano.

Alrededor de este déspota del que «no se puede sacar nada bueno», huérfano al igual que Petra y paradigma capitalista del hombre hecho a sí mismo a toda costa, girarán el resto de personajes a través de sus vínculos matrimoniales, sexuales, paternofiliales o maestro-discípulo, vínculos dependientes económicamente en su mayoría, poniendo de relieve la manifiesta y actual relación entre arte-espectáculo, dinero y poder.

Porque para llegar a ser lo que se quiere en la vida hay que demostrar determinación, y de eso Jaume anda sobrado, determinación que trata de inculcar en su hijo Lucas, primero, y en Pau, el hijo de una de sus trabajadoras, después. Hasta dónde sea capaz de llevar esa determinación cada uno de ellos marcará la distancia con el propio Jaume y la dramática diferencia entre llegar a ser alguien o nadie.

Cap. V ― Jaime Rosales
Y por encima de todos estos elementos expuestos, emerge la figura de un Jaime Rosales demiúrgico, más cercano que en películas anteriores (Tiro en la cabeza), pero nunca cómodo.

De entre sus múltiples argucias para captar la atención del espectador, la más evidente sea quizá la disposición en capítulos desordenados de la propia historia, con el maquiavélico empleo de unos títulos introductorios en los que se adelanta de manera impúdica el decisivo contenido que vendrá a continuación, sin por ello perder un ápice de interés en la narración. Un meditado desorden que contrarresta la posible ausencia de una tensión narrativa que los títulos de esos mismos capítulos parecen querer desmontar, lo que, sumado a un permanente juego de elipsis y fueras de campo, abre permanentes vías de retorno a un relato que en el que la cámara esquiva, en constante movimiento, mece al espectador al compás que marca Rosales.

Cap. VII ― Nota del autor
Para terminar, o todo lo contrario, y como sucede en la propia película de Rosales, el lector debe sentirse libre de ordenar esta crónica de la manera que considere más oportuna puesto que, en cualquier caso, la suma de todos estos ingredientes siempre conducirá a la invitación a disfrutar de un recomendable y siempre inconfundible trabajo de Jaime Rosales.●

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