Arturo Pérez-Reverte: «España es un país en demolición»

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«Si al menos fueran extranjeros los enemigos de España, todavía. Pero no. Todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra, agravan y perpetúan los males de la nación son españoles». Amadeo de Saboya.

 

Arturo Pérez-Reverte vuelve a las librerías con una recopilación de artículos que publicara para XLSemanal en los años noventa y que se reúnen aquí en formato de libro a modo de capítulos relacionados por su temática histórica e hispánica bajo el título Una historia de España (Alfaguara, 2019). Más de cuatro años de colaboración con el suplemento dominical en donde el veterano escritor —por prolífico, no por arrugas— volcara su apesadumbrada mirada personal sobre España, como él mismo reconoceió durante la presentación del libro en el lujoso hotel Westin Palace de Madrid: «Yo soy muy amargo cuando hablo de España. Nadie que conozca la historia de España puede ser optimista».

Una historia de España se presenta con un título austero, directo, sin ambigüedades, como su autor: «una», porque podría ser la de cualquier otro, pero es la de Pérez-Reverte: «Yo no he querido contar la historia de España, sino una historia de España, la mía personal»; «historia», pese a no ser el escritor cartaginés un historiador, «ni quiero serlo»; y «de España», por ser esta y no otra su tierra, una tierra cerrada desde hace tiempo por derribo: «España es un país en demolición: por su incultura, su vileza, su infamia, su envidia, su insolidaridad, su comodidad, su apatía».

La presentación del libro en tan imponente escenario podría traslucir un cierto acomodamiento de su autor, pero no, Pérez-Reverte acude a la cita con la belicosidad hispana que le ha caracterizado siempre, con su acusadora opinión en ristre y haciendo uso y abuso de una patente de corso que le permite embestir a sus adversarios con la misma amarga lucidez de aquel capitán Alatriste, personaje mítico y trasunto del propio autor, cuyas reveladoras palabras abren Una historia de España: «Desde siempre, ser lúcido y español aparejó gran amargura y poca esperanza».

Reflexiones de «un tipo que lee»
Pero ¿qué lleva a un escritor consagrado como Arturo Pérez-Reverte a publicar una recopilación de textos pretéritos en este momento? ¿Por qué ahora? Por un lado, por esa vocación lectora —Reverte se define a sí mismo como «un tipo que lee» y que escribe para comprender— que hace tiempo le hizo tomar conciencia de que la historia sirve para asumir el presente y, a partir de ahí, tal vez, poder hacer futuro, ya que «si perdemos nuestra memoria, estamos perdiendo nuestro futuro»; por otro, la pertinencia de unos textos que, bajo el prisma del polarizado debate político actual, cobran hoy toda su vigencia: «No estoy muy optimista, y más en los tiempos en los que estamos (…). No les auguro un simpático convivir a los españoles que ahora tienen 10 o 12 años».

A sus 67 años, Pérez-Reverte, forjado como reportero de guerra, reconoce haber viajado y leído lo suficiente como para poder tener su propia visión del mundo, crítica y algo desesperanzada cuando se refiere a España, sobre la que, considera, se han ejercido tradicionalmente cuatro maneras de abordar nuestra memoria: «Una es desde una óptica de derechas, una visión de la historia de España consecuencia de una serie de episodios épicos de los cuales estar orgullosos y a la que le falta la lucidez crítica de quien ve el lado oscuro; otra, la de la izquierda, que aborda la historia como un lugar oscuro en el que destacar siempre lo negativo. Estas dos visiones quieren blanquear y oscurecer, respectivamente, la historia española.

Habría una tercera manera de encarar nuestra historia: la de los nacionalismos periféricos, para quienes España no existe como tal, sino como la historia de distintos lugares sin relación entre ellos. Por último, habría una cuarta posición más ecuánime en la que España es un lugar de luces y sombras. Esta última es la manera de abordar la historia de España. Lo malo es que cuando te sitúas en esta última posición te caen hostias por todas partes».

«Al debate político actual le falta cultura y generosidad»
Durante toda la charla, las referencias a la inestable situación política de la España contemporánea son constantes. Difícil no serlo cuando nos encontramos a las puertas de unas elecciones generales a las que hemos llegado como consecuencia de la descomposición del ya remoto modelo bipartidista. «Lo que más melancolía me produce es que la derecha se ha apropiado de una historia que la izquierda le ha cedido gratis», confiesa un Reverte para quien «comprendernos en lo bueno y en lo malo es lo que necesitamos».

«[Los políticos] se están cargando las instituciones que permiten poner en común nuestros acuerdos y desacuerdos. Ningún otro país de Europa tiene ese impulso suicida tan extendido como lo tiene España», declara el autor, a la vez que se muestra escéptico ante la llegada a las instituciones de la «nueva política», amén de la supervivencia de la ya conocida vieja política: «Estás oyendo a los que quieren demoler el país, quienes tienen las soluciones y ves que estos no han leído un libro en su puta vida. ¿Pero cómo se atreven a hablar de Estado, de revolución? Es un problema de educación. Lo ha sido siempre». «Al debate político actual le falta cultura y generosidad», concluye.

Todo esto lo dice sin complejos un escritor con, a su pesar, alma de historiador: «El español, hombre o mujer, debidamente condicionado, es un ser humano muy peligroso por razones históricas», apuntillando esta aseveración con un facultativo «Franco es una repetición, una nueva recaída en la enfermedad que se llama España».

El escritor durante la presentación del libro en Madrid.

Reverte, pesimista esperanzado
Mientras avanza la presentación y el escritor cartaginés nos regala con nuevas joyas en forma de titular —«Soy republicano de corazón y monárquico de razón, porque no tengo otra (…). ¿Te imaginas un presidente de la República con poder sobre las Fuerzas Armadas en manos de quién? ¿De Casado, Iglesias, Rivera, Abascal…?». Nos asalta la certeza de que, pese a la amargura que se desprende del libro y de sus palabras, Reverte no puede evitar dejarse invadir por un optimismo lúcido, documentado, reservado a quienes conocen y creen en el potencial de este país: «Si no existiera ningún tipo de esperanza, quizá no hubiera escrito estos artículos», porque «para entender todas esas guerras, necesitamos los libros».

A fin de cuentas, de lo que trata Una historia de España es del pasado de España, de esa amargura y sentimiento agridulce que se experimenta al (re)leer nuestra memoria, pero también trata de nuestro futuro, un incierto futuro que bebe de un presente en el que el principal problema es la educación o, más bien, la falta de ella. Trata de una desmemoria que amenaza con someter a sus ciudadanos ante cualquier populismo que llegue de cualquier signo político: «Sin educación en donde se conozca la historia, los jóvenes no van a tener mecanismos de defensa ante los lobos».

Una apocalíptica sentencia que, no obstante, subordina a la educación, a la existencia de armas contra el olvido como Una historia de España, la posibilidad de hacer ver la luz entre tanta sombra que enturbia nuestra historia, una historia que, como este libro, desemboca felizmente en uno de los periodos más luminosos, mientras no se diga lo contrario, de nuestra historia: la Transición. «Quería un final feliz», concluye el escritor.●

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