¿Quién mató a Sandra Mozarowski, la musa del cine de destape?

«El asesino tímido», de Clara Usón

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A veces conviene saber qué clase de libro tiene uno entre las manos. Se puede comprar, casi por impulso, una novela en la Feria del Libro porque se tiene la idea de que es una suerte de comedia ambientada en el cine de destape de la Transición y quedar decepcionado frente a las páginas, algunos meses después, porque el relato en cuestión no tiene nada que ver con esa idea (sepa Dios por qué motivos) preconcebida. La culpa es aquí enteramente del comprador. Una lectura atenta de la contraportada habría bastado para evitar el equívoco.

Claro que hay referencias al cine de destape en El asesino tímido (Seix Barral, 2018), de Clara Usón. Uno de los pocos leitmotiv argumentales que maneja es la desdichada vida de la actriz Sandra Mozarowski, fallecida con apenas 18 años en un extraño accidente doméstico sobre el que siempre pesaron sospechas de otro tipo. Su posible relación con el rey Juan Carlos I tiene mucho que ver en toda esa leyenda. El libro no novela la historia. Se limita a poner encima de la mesa las distintas posibilidades, algunas de ellas con origen en diversos blogs y páginas de internet de dudosa fiabilidad. Sea como fuere, El asesino tímido tampoco es ni mucho menos una biografía de Mozarowski en sentido estricto. Es más bien una de esas autoficciones que tanto abundan en nuestra literatura,  especialmente desde que Javier Cercas hiciera fortuna con ellas a raíz de Soldados de Salamina (Tusquets, 2001).

Usón nos cuenta su propia historia en primera persona. En su peripecia cobra cierta importancia Sandra Mozarowski, a la que conoció superficialmente a través de su hermana y sobre la que lleva a cabo una investigación que no sabemos si tenía un destino distinto a lo que ha terminado siendo esta novela. Así que lo que hay delante del lector es un relato personal sobre los años de la Transición a través de los ojos de su atormentada autora, en constante paralelismo con la tragedia de la actriz. Pero ahí no acaba la cosa. Todo está salpicado de reflexiones y comparaciones con las trayectorias vitales de Cesare Pavese, Ludvig Wittgenstein y Albert Camus. Efectivamente: El asesino tímido es una novela con generosas pretensiones literarias e intelectuales.

Por fortuna, Clara Usón es una buena literata. El mayor o menos interés que se pueda tener en lo que cuenta se ve compensado por una innegable calidad formal. Menos mal. Sus escasas 229 páginas se despachan en una jornada a poco que sea provechosa. Si no, la lectura de El asesino tímido podría haber supuesto todo un reto para ese lector que se la llevó en una caseta de la feria pensando que tendría un retrato desenfadado, y en clave de ficción, de una época y un mundillo que le fascinan. Pero la culpa es, insistimos, exclusivamente de ese lector.●

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