A 24 horas de las elecciones francesas, recordamos la polémica novela del escritor galo

«Sumisión», de Michel Houellebecq

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«Paris». // Autor: Moyan Brenn.

Faltan 24 horas para que los franceses voten en la primera vuelta de las elecciones en las que elegirán al sucesor de François Hollande en el Elíseo, después de una campaña tensa y abierta en la que la ultraderechista Marine Le Pen se ha mantenido como uno de los cuatro candidatos con más opciones de pasar a la votación decisiva. Su Frente Nacional es también protagonista de la polémica novela del escritor francés Michel Houellebecq, que recordamos en la víspera de una jornada en la que Europa tiene fijos los ojos.


Michel Houellebecq es, desde hace décadas, uno de los autores más leídos y traducidos de la literatura europea. Escritor clave en lo que se ha dado en denominar la nueva narrativa francesa, la polémica que rodea al personaje público ha acabado oscureciendo al autor y a su obra, de manera que uno tiene a veces la sensación de que gran parte de sus libros son juzgados, al menos en España, más por la personalidad del autor que por su calidad.

Algo así ha ocurrido con Sumisión (Anagrama, 2015), su última novela, un libro que llegó a las librerías francesas precisamente el mismo día de enero de 2015 en el que dos terroristas de Al-Qaeda asesinaron a sangre fría a doce personas en la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo. Esta fatal coincidencia ha banalizando las críticas y los comentarios sobre una novela que, desde mi punto de vista, es una de las más logradas de la trayectoria del autor.

La trama gira en torno a un personaje cuyas características son habituales en las novelas de Houellebecq: un varón blanco de mediana edad desorientado ante el vacío de la vida; un hombre posmoderno que llega a esa edad indefinida entre los cuarenta y los cincuenta con la sensación de haberse quedado a mitad del camino: sin haber alcanzado nada parecido a una felicidad que sustituye por el sexo, sin una relación estable y con un trabajo que en el fondo le hastía. François, que así se llama el protagonista, es un profesor universitario experto en la vida y obra de Joris-Karl Huysmans, un oscuro escritor francés del xix que forma parte de esos autores ahora denominados «antimodernos», usando la terminología de Antoine Compagnon; es decir, aquellos que supieron ver la cara oscura de la modernidad y cuyos escritos sobre la sociedad que se estaba construyendo en el siglo xix están empapados de pesimismo.

La acción de la novela transcurre en la primavera del año 2022 durante la campaña electoral de las elecciones presidenciales francesas, una contienda en la que se enfrentan en segunda vuelta la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, frente al líder de la Hermandad Musulmana, un islamista moderado llamado Mohamed Ben Abbes. Y si en Plataforma (una de las grandes novelas del autor) el protagonista llenaba su vacío vital a través del sexo convertido en amor, ahora nos encontramos con un protagonista que inicia una búsqueda espiritual que irá pareja al desarrollo de la campaña electoral y que irá acomodándose al panorama político que surge del resultado de las elecciones.

En esta ocasión, son este panorama y este entorno uno de los grandes protagonistas de la novela, ya que, a diferencia de lo ocurrido en ocasiones anteriores con otras obras del autor, aquí el contexto es un elemento clave para entender las reflexiones que realiza Houellebecq, unas reflexiones polémicas pero muy interesantes sobre elementos que actualmente forman parte de la agenda política de todo el continente pero que suelen orillarse en el debate público: ¿se solucionan los problemas que genera la inmigración banalizando o demonizando a sus críticos? ¿Se irá el elefante de la habitación a fuerza de no hablar de él? ¿Cuánto han de integrarse los refugiados en los modelos culturales europeos? ¿Es lícito que la protección de las minorías lleve a las mayorías a tener la sensación de perder el papel culturalmente dominante que poseen? ¿Es real esa sensación de pérdida que experimentan las mayorías, cuando en Francia el número real de inmigrantes no supera el 9% de la población, aunque los franceses consideren que son el 24%?

Para Houellebecq, a quien de verdad odian los islamistas radicales no es a los católicos, sino a la sociedad secular y laica. Y por ello, una de sus provocadoras tesis es que quienes primero se convertirán al islam si esta se configura en Europa como una religión fuerte capaz de asegurar el orden social serán, precisamente, muchos nacionalistas que añoran un mundo basado en relaciones comunitarias (mundo que, en realidad, nunca existió más allá de nuestra imaginación). Todos aquellos, en fin, que consideran que el reconocimiento de la diversidad no es más decadencia.

Porque al final lo que está hoy en juego en Europa, y no solo por la emigración, es el tipo de relato que va a articular nuestra sociedad durante las próximas décadas, apunta el autor, una vez que parece claro que las grandes instituciones mediadoras que han sido los pilares básicos del relato actual, como los partidos políticos o los medios de comunicación, están sufriendo unas transformaciones estructurales que los dejarán irreconocibles en pocos años, y quizá la idea que actualmente tenemos de la bondad de la pluralidad de las sociedades acabe dejando paso en pocos años a relatos que aplaudan la homogeneidad y traigan de vuelta a la religión a la primera línea de la esfera pública. Por eso, en una Francia hipotéticamente gobernada por musulmanes y con el dinero de las petromonarquías del Golfo entrando sin límite en las islamizadas universidades del país, François deberá actuar analizando para ello no solo sus propias ideas, sino también las actitudes y decisiones que su círculo más cercano, en el ámbito profesional y en el personal, va tomando.

Una buena novela, salpicada con varias reflexiones tan polémicas como interesantes sobre el papel de la religión en la vida pública y sobre el futuro de Europa. Una novela de esas que no dejará indiferente al lector.●

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