Una novela que hace justicia

«Patria», de Fernando Aramburu

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«Un descanso para la mente». // Autor: manuelcincuenta.

Tras la lectura de la soberbia Patria (Tusquets Editores, 2016), uno se convierte automáticamente en embajador de la novela de Fernando Aramburu. Hagan la prueba. El lector queda tan conmocionado cuando llega al punto y final en la página 646, que necesita, (sí, es una necesidad) hablar de la experiencia literaria que acaba de vivir. Uno siente que lo que más le apetece en el mundo es encontrar otros lectores/almas gemelas con los que compartir pareceres e incluso cotillear sobre esos nueve personajes que ya tenemos la certeza de conocer como si fueran casi de nuestra familia.

Porque la lectura de Patria te deja la sensación de haber sido capaz de asistir, ojeando a través de una mirilla, a la vida de dos familias vascas devastadas por lo que algunos llaman, con excesiva higiene en la nomenclatura, el «conflicto». Y que es más bien una salvajada que ha ensuciado con sangre los últimos 40 años de la historia del País Vasco. Protagonistas absolutas son dos mujeres, las dos matriarcas Bittori y Miren, que fueron amigas íntimas hasta que el marido de la primera, el Txato, es asesinado a las puertas de su casa por un terrorista etarra que podría ser el hijo de la segunda, Joxe Mari.

A medida que pasamos páginas vamos asistiendo al aterrador proceso de fanatización de las cuadrillas en un pueblo guipuzcoano sin nombre, en el que la banda terrorista, con la vergonzosa bendición de la Iglesia (ese odioso cura don Serapio), va manipulando hombres y mujeres jóvenes y fabricando así sus héroes. Pero lo más aterrador es ser testigo de cómo la madre, la ama de Joxe Mari, se fanatiza también, ella por instinto materno. Hasta tal punto Miren se convierte en trasunto de su hijo que es capaz de escupir avisos como este cuando a su marido, ya de noche, en la intimidad de la cama, se le ocurre llorar la muerte del amigo:

—Si lloras por ese, yo me voy a dormir a mi cuarto.
—Yo lloro por quien me sale de los cojones.

La familia de la víctima queda inevitablemente marcada de por vida. Los hijos reaccionan de formas muy dispares pero nunca terminan de sacudirse la pesada carga de la desgracia. Pero también se retrata, con la misma precisión y compasión, el sufrimiento de la familia del etarra encarcelado, con la que se ceba, también, la tragedia en forma de enfermedad terrible de una de las hijas. Y como gran tema presente desde la primera hasta la última página, el perdón. El necesario y liberador perdón.

El estilo literario de Aramburu es directo, veloz, casi urgente. Crea adicción. No se les ocurra compatibilizar Patria con otras lecturas, es imposible. La novela se lee en actitud de inmersión total. Quizás ayude la estructura: 125 capítulos cortos, de cuatro o cinco páginas. En este libro cobra todo su sentido esa expresión anglosajona tan acertada del page turner. Lo es. Cuesta dejar de pasar páginas. Y es especialmente placentera esa forma de narrar en la que frases escritas en primera persona, a la manera de un monólogo interior, se mezclan sin estridencias con las formas del estilo indirecto libre y con la voz de un narrador. Me explico, escuchen a Bittori: «Chica el abrigo lo podías haber dejado en casa. Le sobraba. Llevó luto durante el primer año; luego sus hijos insistieron en que hiciese vida normal. ¿Vida normal? No tienen ni idea de lo que hablan esos dos ingenuos».

Bien avanzada la novela hay un capítulo fantástico en el que aparece el propio autor en un acto con víctimas reales del terrorismo. Parece que Aramburu necesita explicarse, justificar que él «escribe sin odio contra el lenguaje del odio y contra la desmemoria y el olvido tramado por quienes tratan de inventarse una historia al servicio de su proyecto y sus convicciones totalitarias». Y lo consigue. Patria es la novela que estaba por escribirse, es una obra necesaria, que hacía falta para conformar el relato de lo sucedido desde el punto de vista de las víctimas. Porque la justicia es la venganza de las víctimas, pero la justicia no siempre llega. Pues bien, esta novela es una forma de justicia. Ya hay quien la compara con clásicos como los Episodios nacionales, de Pérez Galdós, o Guerra y Paz, de León Tolstói porque, como estas, explica y analiza a sus contemporáneos una parte del mundo que les ha tocado vivir. No es exagerada la comparación. Patria tiene y cumple su función. Y yo creo, como el autor, que gracias a novelas como esta también está en marcha la derrota literaria de ETA.●

1 Comentario

  1. […] Patria, para algunos, es el libro del año, y para otros no puede convertirse en el relato único sobre el terrorismo etarra porque consideran que no aborda lo ocurrido desde toda su complejidad. ¿Cuál es tu visión? Lo leí esta Semana Santa. Me lo regalaron, pero no me apetecía mucho leerlo. Le pregunté a Eduardo Maura qué le parecía y me dijo que le había encantado. Y lo he devorado. Creo que no es el libro definitivo sobre el conflicto político y social en Euskadi porque no puede haber uno. Es muy posible que en la sociedad vasca vayamos a asistir a una lenta reconstrucción de puentes que se volaron y que se va a hacer de manera relativamente desordenada y solapada. Es decir, creo que florecerán mil libros como este, y que no todos gustarán, y que en un escenario de ausencia de violencia todos tienen que existir y ponerse encima de la mesa, porque, seguramente, como en todos los conflictos, todos tienen un trocito de verdad. En la lógica de la política, cada uno determinará cuál tiene más verdad y cuál menos; en la lógica literaria, todos son legítimos, sobre todo en un escenario sin violencia en el que todos tendrán que contar qué ha sido la sociedad vasca en los últimos cuarenta años, con sus sufrimientos, sus esperanzas, sus rupturas y su cotidianidad. En las situaciones de conflicto, y que han dejado muchos y muy diversos sufrimientos, no hay que aspirar a que haya una enciclopedia que diga «mirad, esto es lo que pasó». Hay que dar tiempo a que la sociedad vasca vaya produciendo los materiales que compongan un relato polisémico, de diferentes tonalidades. Aún así, tengo que decir que el libro ya lo hace un poco. Sin pretensión de exhaustividad ni de agotar todo lo que hay que contar sobre lo que pasó en el conflicto vasco, es un libro que muestra diferentes ópticas y que las muestra con mucha valentía. […]

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