El escritor catalán presenta en Madrid «Mac y su contratiempo», su última novela

Enrique Vila-Matas: «No se ha producido una novedad desde hace siglos»

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Dice Enrique Vila-Matas que hay dos formas de leer un libro: identificándose con los personajes y la historia o con el autor. Esta última forma, en su opinión, aunque no es perfecta, es la preferible y la más interesante. «El argumento es un ventrílocuo y su muñeco», dice el escritor catalán.

Vila-Matas presentó ayer en Madrid, en la librería La Central (que se vio desbordada ante la afluencia de gente), su último artefacto, Mac y su contratiempo (Seix Barral, 2017), acompañado por Ray Loriga. Decimos «artefacto» porque, de nuevo, Vila-Matas nos presenta un texto metaliterario marca de la casa en el que la ficción se mezcla con el ensayo para reflexionar sobre la propia construcción de la novela, de los personajes y de los recuerdos; en definitiva, sobre cómo nos contamos a nosotros mismos, aunque el autor barcelonés quiso subrayar que «jamás» ha hecho autoficción, para evitar las posibles tentaciones de descifrar sus libros bajo la perspectiva de la primera persona.

Vila-Matas defiende los lectores «activos» que no están «alejados de la lectura», una posición en la que hay que leer «como si el libro no estuviera terminado y no se terminara nunca, con una vocación de modificarlo». Una idea que, como recordó, ya han abordado otros muchos escritores antes, como Borges o Nabokov, a quien atribuyó esta frase: «El buen lector, el lector admirable, no se identifica con los personajes ni con la historia, sino con el escritor».

Mac y su contratiempo «busca ser incompleto hasta el final», «crear la sensación de que está inacabado». Así, el libro se va planificando según avanza y va modificando su propia historia, que es «también la historia de la literatura»: «La narración de un relato que no deja de ser un malentendido y que nos lleva al final de los tiempos», dijo Vila-Matas.

«Nunca llegamos a escribir»
Porque en Mac y su contratiempo, si tratamos de responder a la temible pregunta «¿de qué va?», el personaje protagonista se propone corregir en secreto la obra de un escritor. Es decir, el lector solo conoce la obra original por las relecturas y las modificaciones posteriores. «El lector y el narrador van de la mano, se transforman mutuamente». A este respecto, Ray Loriga destacó el «asombroso talento de Vila-Matas» para invitarnos a ver «la construcción de una novela desde dentro».

Como reconoció Vila-Matas, la novela «tiene algo de work in progress, de obra en marcha», una característica que bebe directamente de Joyce y que es «básica en el libro». Porque el protagonista, al fin y al cabo, planea cómo hubiera escrito él la novela. Y es que, para Vila-Matas, «nunca llegamos a escribir». Como le ocurría a Alonso Quijano, Mac «necesita la ficción para ser aquello que quiere ser y, sin darse cuenta, va viviendo todo aquello que ha escrito antes».

El libro puede leerse como «el diario de un diletante, una novela y un libro de cuentos» que tienen el nexo común de «la repetición». Vila-Matas explicó que, escribiendo esta novela, «por fin» ha podido comprender a Nabokov cuando dijo «recuperar el pasado es la muerte», ya que «la repetición es un avance; el recuerdo es ir para atrás». «No se ha producido una novedad desde hace siglos», afirmó el escritor.

A pesar de los múltiples niveles de lectura y de las inmensas posibilidades que ofrece, la novela no renuncia al humor ni a un estilo fluido que agiliza y facilita la lectura. «La historia de la literatura, como la historia del arte, en el fondo es una huida del fango del aburrimiento», concluyó.●

[Fotografías: Javier Paredes.]

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