Diez títulos imprescindibles en el 50.º aniversario de su primer álbum

Biblioteca Pink Floyd

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Cubierta y contracubierta de «The Dark Side of the Moon».

Coincidiendo con el quincuagésimo aniversario del primer disco de Pink Floyd, The Piper At the Gates of Dawn, el museo Victoria & Albert de Londres ha montado este año la primera exposición dedicada al grupo bajo el elocuente título de Their Mortal Remains , un regalo para sus incondicionales que, junto con los nuevos discos de Roger Waters y David Gilmour (y las giras posteriores), han devuelto a la banda británica a la actualidad. Repasamos algunos de los libros fundamentales para conocer su historia, su leyenda, su música y su iconografía.


Pink Floyd es un caso atípico. Ha vendido millones de discos, ha llenado estadios por medio mundo y su influencia en grupos posteriores es innegable, con incondicionales en géneros tan dispares (y en ocasiones encontrados) como el pop, el rock o incluso el metal. Aún así, no han perdido ese aura de misterio y secretismo, incluso de banda de culto, que les acompañó desde sus inicios.
Roger Waters, David Gilmour, Richard Wright y Nick Mason (caso aparte es el de Syd Barrett) nunca se sintieron cómodos en los roles de «estrellas del rock» que la descomunal fama del grupo les había otorgado, y optaron por un retraimiento mediático y social que, a la larga, agrandó el mito asociado al nombre de Pink Floyd, pero que también alimentó las especulaciones, la leyenda negra y el prejuicio de banda pretenciosa y complicada.
En los últimos años, este hermetismo se ha ido resquebrajando y, poco a poco, Waters, Gilmour y Mason (los Floyd supervivientes) han salido de su ostracismo para ofrecer su peculiar versión sobre la travesía de Pink Floyd y, en el caso de Waters y Gilmour, también para reivindicar la autoría de algunos de los grandes éxitos del grupo.
Afortunadamente, y a pesar de ese afán de invisibilidad personal, en las librerías puede encontrarse material de sobra para acercarse a su historia. En este artículo repasamos diez títulos que, por su contenido o su simbolismo, cualquier fan del grupo debería tener en su biblioteca. Para los no iniciados, puede ser una buena excusa para acercarse a su música.

Pink Floyd
Jean-Marie Leduc
Ediciones Júcar
Madrid, 1974
169 páginas
El primer libro dedicado íntegramente a Pink Floyd. Se publicó en abril de 1973, apenas un mes después del lanzamiento de The Dark Side of the Moon, el disco que catapultó a la banda al estrellato mundial y del que hoy siguen vendiéndose entre 7000 y 10 000 copias semanales. Un libro imprescindible para todos los que quieran indagar en los primeros años de la formación, con abundancia de datos y fechas, y que radiografía la transformación del grupo desde niños mimados del underground londinense a dinosaurios del rock. Lógicamente, Leduc se detiene con más celo en los pasos de Pink Floyd por Francia, pero este hecho no lastra la lectura y está más que justificado: Pink Floyd ya había compuesto por entonces las bandas sonoras para las películas More (1969) y La Valleé (1972), del director galo Barbet Schroeder, y había trabajado junto al coreógrafo Roland Petit. Además, en Francia gozaba de un reconocimiento que aún no tenía en el Reino Unido. Para los más nostálgicos, merece la pena recuperar la edición de 1974 de Ediciones Júcar, reeditada en 1995, que incluye una entrevista con Nick Mason, un listado con la discografía del grupo hasta 1973 (distinguiendo entre discos de 33 y de 45 rpm) y una pequeña selección de las letras de algunas canciones en inglés y en español.

Dentro de Pink Floyd
Nick Mason
Ma Non Troppo
Barcelona, 2007
286 páginas
Los miembros de Pink Floyd han tenido siempre una inusual querencia por el anonimato, algo muy poco frecuente en la música rock y pop. Tras la marcha de Syd Barret a su mundo lisérgico (la única y verdadera estrella carismática que ha tenido el grupo), los Floyd optaron por refugiarse detrás de su aparato sonoro y escenográfico, concediendo solo las entrevistas imprescindibles y eliminando los retratos de las portadas. Por eso, esta inesperada autobiografía, para la que hubo que esperar hasta 2004 (treinta y nueve años después de la fundación de la banda), supuso una sorpresa en un grupo que, hasta el momento, se había mostrado reacio a contar su historia en primera persona. De hecho, los otros componentes (sobre todo Roger Waters y David Gilmour, por supuesto) siempre habían rechazado cualquier intento de biografía oficial, por lo que recibieron el manuscrito de Mason con alarma y se lo devolvieron, según cuenta el propio batería, con una lista interminable de correcciones, tachones, matizaciones y aclaraciones. El relato de Mason sorprende por su humor irónico, su modestia (a veces excesiva, sobre todo en lo relativo a su papel en la banda) y la desacralización absoluta con la que describe el mundo del rock. Aunque en ocasiones pasa de puntillas sobre algunos de los asuntos más espinosos y el lector echa de menos más sinceridad y menos contención, el libro es una lectura fascinante, inteligente y muy divertida que aporta una visión necesaria y única sobre la banda. Alejado de las biografías polémicas en las que prima el morbo y las anécdotas sensacionalistas, Dentro de Pink Floyd seduce por su estilo desenfadado y nos descubre algunas de las interioridades y miserias de uno de los grupos de rock más innacesibles.

Echoes. The Complete History of Pink Floyd
Glenn Povey
Mind Head Publishing
Chesham, Inglaterra, 2007
368 páginas
Este libro es seguramente la obra más completa, minuciosa y exacta que puede encontrarse sobre Pink Floyd. El periodista británico, en un trabajo de investigación ciclópeo, propio solo de un seguidor entusiasta (durante ocho años dirigió el fanzine Brain Damage), ha recopilado toda la actividad de la banda y la de sus miembros desde 1962 (antes incluso de que se fundara Pink Floyd) hasta el 2006. Por ejemplo, el libro no solo recoge las fechas de todos los conciertos año por año, sino también las canciones en el orden preciso en el que se tocaron, anécdotas, cancelaciones, improvisaciones, incidentes… Además, por supuesto, de una biografía exhaustiva del grupo y de sus integrantes, fotografías inéditas o poco vistas, reproducciones de entradas, carteles, discografía completa de álbumes, de singles, de directos y de rarezas, colaboraciones, apariciones en televisión y radio… Una revisión metódica para seguir paso a paso las huellas del grupo. Como decíamos, el libro se detiene en 2006, con lo que no recoge la actividad posterior que han generado tanto la banda como Roger Waters y David Gilmour, pero que el propio Povey remedió en 2015 con la publicación de The Complete Pink Floyd: The Ultimate Reference, una ampliación que, en 2017, ya habría que titular como «The Penultimate Reference». El libro se publicó un año después de la celebración de Live 8, una serie de conciertos benéficos celebrados simultáneamente en varias ciudades del mundo. Sobre el escenario londinense, ubicado en Hyde Park, pudo verse de nuevo a David Gilmour, Roger Waters, Richard Wright y Nick Mason tocando juntos, algo que no sucedía desde el 17 de junio de 1981, en el concierto de cierre de la gira de The Wall.

Pink Floyd. Más allá del muro
Fernando Forcada
Editorial Milenio
Lérida, 2006
305 páginas
España ha sido un país algo refractario a la música de Pink Floyd; al menos, no ha contado con el favor mayoritario de la prensa especializada, que, salvo excepciones, ha tendido a ignorarlo o ningunearlo. Sin embargo, el grupo cuenta en nuestro país con una sólida base de seguidores que ha provocado el surgimiento de fanzines, magníficas bandas tributos y estudios.
Forcada asume el riesgo de escribir una biografía sin fuentes ni material originales o entrevistas; un inconveniente que corrige con la amplísima bibliografía utilizada y un entusiasmo que consigue traspasar el lector.
Pink Floyd. Más allá del muro es un estudio esmerado, meritorio y concienzudo que recorre la historia de la banda y analiza todos sus álbumes canción por canción y que, además, aporta datos que difícilmente se encuentran en otras biografías. Un trabajo de un fan escrito para fans. Abstenerse principiantes.

Crazy Diamond. Syd Barrett y el amanecer de Pink Floyd
Mike Watkinson y Pete Anderson
Munster Books
Madrid, 2009
216 páginas
La historia del rock está llena de leyendas negras y mitos caídos, de músicos atrapados en la tormenta perfecta de la música, el sexo y las drogas. Pink Floyd no es una excepción, y la mayor sombra que aún hoy persigue al grupo es, por supuesto, la de Syd Barrett.
Roger Keith Barrett fue quien guió los primeros pasos de la formación por la escena underground londinense de finales de los sesenta. Imbuido del espíritu iconoclasta de la época, su música viró pronto a una psicodelia de largos pasajes experimentales en la que todo estaba permitido, desde usar los pies de los micrófonos para generar nuevos sonidos hasta tocar la guitarra con un zippo. Por supuesto, fue quien bautizó al grupo (el nombre surge de la unión de los nombres de Pink Anderson y Floyd Council, dos bluesman de los que Barrett tenía álbumes en casa) y quien compuso casi en solitario el primer LP, The Piper At the Gates of Dawn (1967). Y, por encima de todo, Barrett fue el líder carismático, atractivo y seductor que cualquier grupo necesita. Un artista dotado de una personalidad cautivadora y atrayente de la que sus compañeros carecían, dispuesto siempre a la exploración, con esa natural inclinación infantil al descubrimiento entendido casi como un juego. Había que probarlo todo porque todo estaba permitido… ¿Y cómo no acercarse a sustancias que prometían expandir la mente a nuevas formas de conocimiento y creación?
Mucho se ha escrito ya sobre la caída de Barrett en el LSD y su descenso paulatino hacia una demencia blanda y retraída de la que nunca llegó a recuperarse por completo, y seguramente, como en toda buena leyenda,  haya mucho de exageración. Lo único cierto es que Barrett nunca quiso hablar de aquella época y nunca mostró el más mínimo interés en recordar sus años en Pink Floyd. Mantuvo un obstinado mutismo hasta el día de su muerte, lo que solo consiguió alimentar más las especulaciones sobre su estado y su historia. A sus excompañeros tampoco es algo que les guste recordar, aunque en casi todas sus declaraciones al respecto reluce cierto sentimiento de culpa y una nostalgia indisimulada por el brillante chico que fue.
Barrett murió en su casa de Cambridge el 7 de julio de 2006 debido a una diabetes crónica y a un cáncer de páncreas. En su certificado de defunción, en el apartado de «Ocupación», escribieron «músico retirado».

Pink Floyd. Welcome to the Machine
Jordi Bianciotto
Editorial La Máscara
Barcelona, 1994
80 páginas
Jordi Bianciotto escribió en 1994, tras el lanzamiento de The Division Bell, la que probablemente sea una de las mejores biografías sobre el grupo escritas en España. El periodista catalán, un experto en la historia del rock (tiene varios libros sobre el tema en su haber), repasa la historia de la banda con soltura, rigor y profesionalidad. El estilo de Bianciotto es didáctico y desenvuelto; lleva al lector de la mano con la seguridad de quien conoce el camino de memoria. El libro perfecto para los que quieran acercarse a la historia del grupo británico pero no estén dispuestos a aventurarse en las extenuantes propuestas de Povey o Forcada.
A pesar de la discutible estética de su cubierta, el ensayo cuenta con numerosas fotografías y, como era costumbre en la era preinternet, con un pequeño anexo de letras traducidas.

Mind Over Matter. The Images of Pink Floyd
Storm Thorgerson
Sanctuary Publishing
Londres, 2003
215 páginas
Hasta el último neófito en el rock sabría decir quién es el cantante de los Rolling Stones o citar al menos dos miembros de los Beatles, pero seguramente dudaría más si tuviera que nombrar algún componente de Pink Floyd, y casi con toda seguridad no sabría reconocer a ninguno. De forma inevitable, este prolongado anonimato comenzó a resquebrajarse con la llegada de internet. Aún así, a día de hoy, Gilmour, Waters y Mason pueden pasear cómodamente por la calle sin temor a ser asaltados por legiones de seguidores, algo que difícilmente pueden hacer Mick Jagger o Paul McCartney.
Desde sus primeras apariciones (cuando apenas eran una banda amateur y desconocida), jugaron con luces y proyecciones rudimentarias que amplificaban la experiencia sonora y que, por entonces, suponían la última vanguardia en espectáculos psicodélicos. Se trataba de representar su música a través de imágenes para lograr una experiencia integradora y única en los conciertos, un concepto que pronto trasladaron a las cubiertas de los discos y para el que encontraron el aliado perfecto en el diseñador gráfico Storm Thorgerson, amigo de la universidad de Waters y Barrett, quien se encargaría del diseño de todas las cubiertas del grupo desde entonces (con la excepción de The Wall ―1979―, The Final Cut ―1983― y, claro, The Endless River ―2014―). Su primer trabajo para el cuarteto británico, realizado bajo la enseña Hipgnosis (compañía que fundó en 1968 junto a Aubrey Powell), fue la cubierta de A Saucerful of Secrets (1968), un vistoso montaje lisérgico con multitud de elementos y referencias (desde la astrología hasta la alquimia) y en el que los Floyd aparecen en una pequeña fotografía en la que resultan irreconocibles: toda una declaración de intenciones respecto a la sencilla ingenuidad de The Piper at the Gates of Dawn, publicado tan solo diez meses antes.
A lo largo de los discos, Thorgerson ideó una personalísima iconografía que fue moldeando una imagen perfectamente reconocible como «marca Pink Floyd»; portadas que, con los años, trascendieron hasta convertirse en símbolos ineludibles del rock, como la vaca de Atom Heart Mother (1970), el hombre en llamas de Wish You Were Here (1975) o, por supuesto, el famoso prisma de The Dark Side of the Moon (1973). Thorgerson diseñó portadas para otros muchos artistas (Led Zeppelin, Genesis, AC/DC, Mike Oldfield…), pero sus imágenes para Pink Floyd siguen siendo las más reconocibles y duraderas.

Los tesoros de Pink Floyd
Glenn Povey
Libros Cúpula
Barcelona, 2012
62 páginas
Glenn Povey abandona la puntillosa rigurosidad de sus anteriores biografías y ofrece a los incondicionales de la banda un pequeño tesoro para regalarse. El libro  (en realidad, un pequeño cofre magníficamente editado) repasa de forma somera la historia del grupo, pero en este caso no importa tanto el fondo como la forma, ya que se trata de un homenaje visual con una estética colorista y desenfadada; un libro de gran formato diseñado casi para jugar, que guarda en su interior bolsillos que esconden reproducciones exactas de pósteres, flyers, antiguas entradas de conciertos o carteles, y que el lector irá descubriendo a medida que avanza en la lectura.
El archivo floydiano de Povey debe ser prácticamente infinito, ya que, de nuevo, muchos de los documentos y de las fotografías que ofrece son inéditos. Una pequeña joya para todos los amantes de Pink Floyd.

Pink Floyd. Tras el muro
Hugh Fielder
Art Blume
Barcelona, 2015
240 páginas
Muy pocos fans pueden presumir de haber tocado junto a David Gilmour. Uno de ellos es Hugh Fielder, o eso cuenta. Según su versión (que puede leerse en la solapa del libro), Gilmour sustituyó en una ocasión al guitarrista de su banda, los Rambling Blues, y, al final, les pidió más dinero del que habían ganado con la actuación; aún así, afirma que le pagaron.
Además, Fielder también puede presumir de que su padre fue profesor de música de Syd Barrett y Roger Waters en la Cambridge High School y de que los vio actuar en el mítico club UFO en los albores de su carrera. Con estos antecedentes, parece que escribir sobre Pink Floyd era casi obligatorio.
La propuesta de Fielder no difiere en lo esencial de otras biografías sobre la banda, pero ofrece una amplia colección de datos y anécdotas poco frecuentes y una panoplia de imágenes muy distintas de las habituales; un esfuerzo que el lector agradece si ya está familiarizado con la historia de la banda.

Pink Floyd. Their Mortal Remains
Victoria and Albert Museum
Londres, 2017
319 páginas
David Gilmour y Roger Waters se han ocupado estos últimos años en situarse por encima de la marca Floyd para poner nombre y apellidos a algunas de las grandes composiciones del grupo. Ahí están los conciertos de Waters tocando la suite completa de The Dark Side of the Moon o el contundente éxito con la reciente gira de The Wall, que le llevó por medio mundo (en España pasó por Madrid y Barcelona) y con la que, por ejemplo, llenó nueve veces el Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti de Buenos Aires.
Gilmour no se queda atrás y, aunque lejos de los aparatosos montajes de su excompañero, reivindica su legado dentro de la banda e interpreta en sus conciertos la música que creó (en solitario o con sus excompañeros) bajo la bandera Floyd, como «Echoes», «Wish You Were Here», «Shine on You Crazy Diamond», «Time» y, por supuesto, «Comfortably Numb», seguramente la mejor canción compuesta por la dupla Waters/Gilmour y que contiene, además, uno de los mejores solos de guitarra de la historia del rock.
La música de Pink Floyd sigue teniendo un valor y un atractivo innegables para las nuevas generaciones, que llenan los conciertos de Gilmour y Waters igual que llenaron la primera retrospectiva que un museo dedicó a la banda, organizada por el Victoria & Albert Museum londinense. Dispuesta en orden cronológico, la muestra recorría a través de sus álbumes la historia del grupo desde su fundación hasta el inesperado y controvertido punto y final que supuso el lanzamiento de The Endless River, un álbum que rescataba descartes de The Division Bell y que Gilmour y Mason decidieron lanzar como un emotivo homenaje a Richard Wright (1943-2008). El visitante recibía al entrar unos auriculares con los que podía escuchar algunas de las grandes canciones de Pink Floyd según avanzaba por las salas; todo un acierto, sin duda, pues poco sentido tiene hacer una retrospectiva de un grupo musical sin música.
La retrospectiva sale de Londres para iniciar una gira internacional por otros museos, cuya primera parada será el año que viene en Roma. Ojalá podamos verla pronto por España. De momento, el año que viene Roger Waters visitará de nuevo nuestro país con su gira Us+Them y Gilmour ha manifestado su intención de continuar con su carrera en solitario. El diamante sigue brillando.●

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