A un paso de la locura

«Der Nowak», de Paola Álvarez y Manuel Escorihuela

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«Der Nowak» está protagonizada por la actriz Marta Bassol.

La teoría de lo que debe ser buen cine parece clara: una historia original contada por actores creíbles y con unos medios técnicos que estén al servicio del producto final. Esta sentencia que se escribe de forma sencilla se vuelve quimérica cuando los amantes del cine consultamos la cartelera todos los viernes para sufrir, casi sin contemplaciones, el refrito audiovisual con hedor a eterno retorno que se nos viene encima todas las semanas.

Por suerte queda aún un cine independiente, de verdad, minoritario y enfermizo (por tocar aquello de la fibra emocional), tan cercano que levanta nuestras defensas y hace que nos revolvamos en el asiento, pero sin prisa por mirar el reloj. Sí, hablamos de fotogramas como impactos dolorosos en la retina alejados de cualquier voluntad comercial.

Der Nowak, la brillante e hilarante ópera prima de Paola Álvarez y Manuel Escorihuela, araña la conciencia del espectador presentando una premisa simple, pero arrolladora: una vida normal y con pocas opciones puede desaparecer por momentos, tan solo hace falta un cambio, ligero o brusco, y todos los elementos que formaban tu red vital (amigos, trabajo, situación económica, conducta sexual, incluso principios alimenticios) pueden irse por la borda, sin saber cuál es la punta del iceberg que arrastra al ser humano a la locura de una voz que te amedrenta sin parar.

Todo este sinsabor existencial, mostrado en un dieciséis milímetros granulado, oscuro y marcial, al que todos nos hemos acercado de alguna manera con más o menos peligro, queda encarnado en la figura de Marta (Marta Bassol), prototipo de mujer urbanita madura  que se defiende en Berlín con los anclajes emocionales y las posibilidades sociales justas, dentro de un sistema que le permite vivir, pero en el que todo rezuma incertidumbre y supervivencia. Queda la voluntad de grabar lo que se fue en una película autobiográfica, donde casi nadie quiere participar en una brizna temática que acapara la idea de lo solo que se puede estar aún estando entre muchos.

La protagonista de Der Nowak representa el paradigma ansioso más universal de esa ya antigua generación smart: ¿qué precio tienen mis valores cuando la cuenta corriente empieza a temblar? ¿Me siento solo y vacío aún estando entre muchos? Lejos del spoiler, este es el detonante inicial. Marta comienza a colaborar en un estudio médico para ganar dinero. «No tengo otra opción», maldice la protagonista, una vegetariana forzada a comer solo carne. Esa es la llama, la excusa, que enciende la mecha del cúmulo de inestabilidades morales, sociales, sexuales y existenciales de la protagonista, que la conducirán a una conducta desatada, desquiciada, extrema y mutilante, física y emocionalmente.

No es fácil mostrar este huracán interno en imágenes, y en este sentido Paola Álvarez y Manuel Escorihuela lo bordan, martirizando a nuestra protagonista con momentos extremos grabados en plano continuo, sin trampa ni cartón.

La miseria existencial llevada a la locura que nos muestra con literalidad quirúrgica Der Nowak puede que no sea del agrado de la mayoría del sector cinéfilo mainstream, pero no nos queda sino recomendar  la cinta a aquellos que quieran arriesgarse a sumergirse en ese tipo de cine brutal donde el medio solo es la herramienta difusa para contar las realidades que nos atenazan, aunque duelan.

Deudora de refilón del cine directo y brutal de directores como Julien Maury y Alexandre Bustillo o Pascal Laugier, aunque sin llegar a algunos extremos, Der Nowak es un intenso viaje de una hora a lo más profundo de uno de los grandes miedos humanos: lo cerca que estamos de abrazar la locura dejando que nos griten esas voces internas que nos susurran a menudo adormecidas. El reto final es saber si tenemos valor o no para callarlas. ●

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