Fernando Galicia reconvierte una tesis doctoral en «Inoxidable», un ensayo sobre el heavy metal español

«El cambio político en España estuvo sustentado en el rock y el heavy metal»

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Fernando Galicia se sienta con nosotros en una de las preciosas galerías de la SGAE para hablar a fondo sobre su último ensayo, Inoxidable, un libro casi enciclopédico que viene a ocupar un vacío en la producción editorial española: el estudio científico y metódico de la cultura heavy metal en España. En esta rara avis musicológica, el autor analiza el nacimiento y la posterior cristalización de este movimiento cultural entre 1978 y 1985. En sus más de seiscientas páginas conviven la contextualización socio-política junto al análisis musical y el contenido literario, dando como resultado una preciosista obra enciclopédica formalmente impecable y de carácter inédito en España.


[Fotografías: Javier Paredes.]

«Soy musicólogo, pero también soy alguien de la calle. Soy lo más raro y lo más normal que os vais a encontrar». Así se definió Fernando Galicia ante los alumnos de una de sus clases. Este doctor en Historia y Ciencias de la Música se declara estudioso y musicólogo, pero también heavy, conectado con la calle y amante de todo lo relativo a este movimiento cultural. Organizador de las jornadas El Heavy Metal en España, celebradas en la Universidad Complutense, su compromiso con esta forma de vida le llevó a profundizar y a estudiar sobre sus raíces en nuestro país. Cuestionado el tema de investigación de su tesis por los estamentos educativos, Galicia ha demostrado con su adaptación literaria que «estudiar música de muertos está muy bien», pero que escarbar en las entrañas del heavy metal en España era más que necesario.

¿Cómo definirías Inoxidable?
Creo que la palabra es «integral», ya que aúna análisis histórico, musical y verbal. Es decir, no se queda solo en la música y en la historia, sino que también entra en el mensaje, su trasfondo y sus influencias.

¿Crees se trata de una rara avis dentro del mercado editorial?
Sí y no. Por un lado, es una rara avis en España porque no hay ningún libro parecido. Todos los que hay sobre música, ni siquiera solo sobre heavy metal, son biografías o historias superficiales, de anécdotas. Este es el primer libro que sigue la tradición anglosajona de análisis musical. En este sentido, no es una rara avis si lo comparamos con lo que debe ser universalmente un estudio sobre música popular urbana.

¿Cuándo nace la necesidad de escribir esta enciclopedia del heavy metal nacional?
Hace muchos años. Cuando empecé a estudiar Musicología, ya llevaba mucho tiempo escuchando heavy metal, era un heavy convencido, y me di cuenta de que entre todos los estudios, libros y análisis sobre música no había uno sobre heavy metal o rock, de música popular urbana, como decía, en condiciones. Al presentarnos en clase y decir cuáles eran nuestros objetivos, ya lo dije: «Me quiero doctorar haciendo una tesis sobre heavy metal».

Efectivamente, Inoxidable es la adaptación de una tesis doctoral. ¿Te costó que los estamentos educativos aceptaran el tema?
Sí, no te voy a engañar. En realidad, no es que pusieran trabas, no me lo prohibieron en ningún momento, solo que era una materia de estudio que en Musicología se veía como una frikada, así de sencillo. Recuerdo que cuando planteé la cuestión se rieron de mí, fue una carcajada general. Lo que más me dolió no es que se riera el profesor de turno, que ya no me acuerdo de quién era, sino los propios compañeros. La gente que estaba allí estaba convencida de que en Musicología se estudiaba, como digo yo, la música de los muertos, que está muy bien, hay que estudiarlo por todo, pero por eso mismo también hay que estudiar lo de ahora. En una ocasión me llamaron para dar una clase en la facultad, me planté allí con mi camiseta de los WASP y les dije a los alumnos: «Soy lo más raro que vais a ver en esta facultad, o lo más normal. Soy alguien de la calle, pero musicólogo». Les pregunté cuántos escuchaban música todos los días, y todos levantaron la mano, claro. A continuación, cuántos llevaban un iPod, un MP3, un walkman… Cualquier cosa. La mayoría, también. Entonces lancé la pregunta del millón: «¿Cuántos de vosotros lleváis a Mozart, Beethoven, Albéniz…?». Nadie. Esa es la cuestión: ¿por qué coño si escuchamos música actual ningún musicólogo se decide a hacer una investigación seria sobra la música de ahora? Yo creo que era algo imprescindible, fundamental. Hice la tesina sobre heavy metal en España y organicé las jornadas sobre heavy metal en la universidad durante siete años, y ahí empezaron a ver que la cosa iba en serio. Me costó mucho que la gente entendiera que se puede hacer una tesis seria sobre heavy metal. El mismo día de la defensa de la tesis, me encontré de bruces con algún miembro del tribunal que, poco más o menos, no terminaba de encajar el golpe. Pero salió [risas].

Me costó mucho que la gente entendiera que se puede hacer una tesis seria sobre «heavy metal»

Al acercarte al heavy como objeto de estudio, ¿cómo decidiste qué entraba y qué se quedaba fuera?
Fue una cuestión complicada. Lo primero que tienes que hacer cuando realizas una investigación de cualquier tipo es acotar mucho para no perder profundidad. Pensé sacar adelante el repertorio de heavy metal español, pero no había nada, así que me dije que había que empezar por el principio. Tenía la intención de hacer la década [de los ochenta] entera, pero en cuanto te pones a investigar y a documentarte, vas viendo que es tal la cantidad de material que, si quieres hacerlo en serio, en profundidad, se va a quedar muy grande, por lo que tuve que acotar. Por un lado, la formación del heavy metal y de dónde surge para ver la raíz, aunque en este aspecto he intentado pasar un poco de puntillas, nombrando lo necesario, pero sin meterme mucho en harina. Por otro lado, lo acoté en 1985 porque es cuando empieza una etapa de diversificación. Hasta entonces había sido rock duro, heavy rock…, como quieras llamarlo, y a partir de ahí se divide en hard rock de influencia americana, speed, thrash metal, heavy metal clásico, el rock urbano vuelve a tomar fuerza… Era tal la diversificación que, si te metes en ese campo, te pierdes mucho o te vas a las 4000 ó 5000 páginas, y tampoco era plan [risas].

Inoxidable está divido claramente en dos partes: una de contextualización histórica y otra de estudio musical y textual. ¿Por qué organizaste así el libro?
Como te decía al principio, es una obra integral, por lo que tenía que hacer un análisis histórico, sobre todo porque no existía nada al respecto, había un gran vacío, la gente desconoce lo que pasó, además de  un análisis musical y, digamos, un contexto transversal: las letras, los nombres de los grupos, los títulos de los discos… Creo que era necesario tratar todos esos aspectos. Es decir, cómo surge, por qué y en qué contexto, algo fundamental, ya que en España había una dictadura y unas características sociales y culturales muy concretas. El análisis musical, claro, era imprescindible, y el análisis textual, como te decía, enlaza el contexto socio-político con la música. Es decir, por qué esa música va acompañada de ese mensaje, o al revés. Los puntos de encuentro entre la parte meramente musical, las letras y el contexto.

Respecto al contexto histórico, creo que en el libro queda claro que gran parte de la naturaleza del heavy metal español es una respuesta a la dictadura franquista.
Claro, cuarenta años de dictadura lo condicionan todo: la forma de pensar, de actuar, además de la censura, la represión… A mediados y finales de los setenta, incluso a finales de los sesenta, la gente joven estaba deseando explotar, por lo que, cuando Franco muere y comienza el periodo de la Transición, en esos años de cajón de sastre, que realmente es lo que fueron, se produjo una eclosión de libertad, aunque condicionada por el qué dirán, ya que se arrastraba un bagaje cultural y social muy importante y todavía había censura. Los grupos de pop y de punk ibérico, por decirlo de alguna manera, optaron por una explosión de colorido, y el heavy metal hizo todo lo contrario: expresó esas ansias de libertad con un mensaje muy duro y muy directo en el que los colorines sobraban. Otra gran paradoja fue que, cuando se consiguió ese cambio político en 1982, el heavy metal en España comienza a desgastarse, a entrar en «recesión». Una vez que se consigue la libertad, los ideales van cambiando. El heavy nació en la calle, los suburbios, los barrios obreros, y los grupos contaban lo que pasaba. Eran canciones hasta costumbristas, había una conexión con la calle muy fuerte. Una vez que se consigue la libertad y todo vale, con toda la explosión de la movida, Tierno Galván, etc., llega un momento en el que todos esos mensajes se difuminan. Curiosamente, además, con la llegada del PSOE al poder se deja de contratar a los grupos de heavy metal porque les recordaban que estaban incumpliendo promesas electorales.

¿Cuánto tardaste en hacer la tesis y convertirla en libro?
Un huevo y medio [risas]. No te exagero si te digo que once o doce años. También es verdad que mis condiciones particulares influyeron. Intentaba hacer una tesis doctoral con el objetivo de convertirla en libro, con lo que no fue una tesis llena de tecnicismos o lenguaje académico, lo que me facilitó luego mucho la adaptación. Además, tuve una etapa de documentación muy extensa. No quería empezar a escribir sin tener la base documental bien hecha. Aproveché Espíritus rebeldes, que también venía de mi tesina, entrevistas que ya tenía hechas, hice otras, no solo a músicos o académicos, sino a heavies que vivieron aquella época en su apogeo, también a los que no lo eran y los veían como frikis, a gente que lo vivió cuando eran niños… Tengo cajas y cajas de documentación. Escribiendo, quizá habré estado cinco o seis años.

Con la llegada del PSOE al poder se deja de contratar a los grupos de «heavy metal» porque les recordaban que estaban incumpliendo promesas electorales.

¿Qué parte en el proceso de documentación tuvo más peso: la búsqueda documental o las entrevistas? No debe ser fácil documentar algo que está vivo, pero de lo que se ha escrito relativamente tan poco.
No sabría decirte si ha habido más lecturas o más trabajo de campo, precisamente porque no hay nada escrito de esta manera sobre el heavy metal en España, aunque haya otros libros que aborden el género. Leí muchos libros anglosajones. Era importante saber qué es lo que pasaba fuera para poder contextualizar el heavy de aquí, pero sobre todo quería saber cómo hacían los ingleses o los americanos los estudios sobre heavy metal y música popular urbana. Hay que leer mucho (y no solo del género) para destripar y aclarar algunos conceptos, como el de escena, por ejemplo, pero el trabajo de campo es muy importante, incluso la asistencia a conciertos. Diría que ha sido mitad y mitad.

El libro también incluye fotografías de Paco Manzano, muchas de ellas inéditas, que suponen un regalo para el lector.
Una semana después de defender la tesis, comencé a adaptarla para publicarla como libro. En ese momento una editorial estaba muy interesada, pero se retrasó y, al final, por una subvención que recibí de la Fundación SGAE, tenía que publicar el libro en una fecha concreta, por lo que cambié de editorial y, claro, había que incluir imágenes rápidamente. Busqué aquellas que no fueran las de siempre, inéditas o poco vistas, incluso que tuvieran un punto de vista distinto, algo más natural y casual. Entonces me acordé de Paco Manzano, que vivió aquella época como fan y como fotógrafo, por lo que tenía imágenes no solo de heavy, sino también de grupos de pop, de jazz o de flamenco. Hablé con él, me dijo que sí y me dio justo lo que buscaba. Son fotos que merecen mucho la pena y que le han dado al libro un valor iconográfico que creo que es muy importante en un trabajo de investigación: cómo eran los grupos, qué ropa llevaban, cómo eran los escenarios, el público que asistía a los conciertos…

Creo que el libro deja entrever que los grupos de heavy fueron más importantes cuantitativa y cualitativamente que los de la movida madrileña y su forma de entender el pop, por lo que no se entiende la escasez documental dada la importancia del género.
En primer lugar, por los medios de comunicación. Estamos hablando de una época en la que no había ordenadores, archivos digitales, las fotos se tiraban con carrete, los grupos eran muy jóvenes y muchos no guardaron documentación… Esto es muy importante y algo que la gente no tiene en cuenta. No es lo mismo buscar documentación ahora, con internet, que entonces, cuando todo era muy artesanal y muchas veces las cosas se guardaban en cajas. En cualquier caso, no defiendo que la cultura del heavy metal fuera más importante, sino que no tenía por qué olvidarse. Era tan importante o más que la otra, sin querer entrar en valoraciones de si es mejor o peor. Creo que el cambio político en España estuvo sustentado en el rock y el heavy metal que, por su mensaje, ayudaron mucho a la izquierda a salir victoriosa de la Transición. En este sentido, como un elemento claramente diferenciador desde un punto de vista político y social, creo que es importantísimo. Musicalmente hablando, también defiendo que los grupos de heavy metal y de rock tocaban mejor que los grupos de pop, y te hablo como músico. De hecho, algunos han reconocido que no sabían tocar, no estoy diciendo ninguna burrada. Dentro de las posibilidades de un país en el que no había existido una educación musical moderna, grupos como Asfalto, Leño o Topo, por ejemplo, hacían lo que podían y lo hacían mejor que los grupos de pop, técnicamente hablando. Es decir, si desde un punto de vista socio-político fue casi tan importante como el pop y musicalmente estuvo mejor elaborado, hay que tenerlo en cuenta. No se puede hacer un agujero y decir «desde ahora, la música en España es la de los grupos de la movida», porque es mentira, igual que si dijera que solo había heavy metal. Se trata de normalizar la situación y de devolverle a la historia musical española el cachito que le quitaron. Por motivos políticos o por lo que fuera, al heavy metal se le hizo un vacío en España, a lo que hay que unir la pérdida de documentación, incluso por parte de las discográficas, que en ocasiones no conservan ni los masters, con lo que se ha perdido para siempre una parte fundamental de nuestra cultura. No sé si hay que buscar las causas fuera o dentro. Creo que es una conjunción de factores que, al final, explotó por lo que te decía antes: el desgaste. Todo contribuyó a que pasara a la historia como algo minoritario, cuando en realidad, como digo en el libro, había grupos llenando el Palacio de los Deportes de Madrid cuando los de pop tocaban en la sala Rock-Ola. Es decir, ocho mil personas, más o menos, frente a mil. Musicalmente hablando, tuvo mucha más presencia el heavy metal que el pop, sin querer desmerecerlo. Tan importante fue una cosa como la otra.

Grupos como Asfalto, Leño o Topo hacían lo que podían y lo hacían mejor que los grupos de pop, técnicamente hablando

Haces hincapié en algunos conceptos básicos, sobre todo uno que me interesa mucho: que el heavy metal defiende o redefine el concepto de vulgaridad, que, en mi opinión, jugó en contra del propio movimiento. ¿Puedes explicar esto?
Hay que tener en cuenta que «vulgar» viene de «vulgo». Tanto aquí como en los países anglosajones, el heavy metal entró por los barrios obreros, por lo que la palabra «vulgar» adquiere una dimensión de plenitud. Lo vulgar, entonces, es lo propio del pueblo, no lo más feo o lo que no tiene caché. Es un concepto que hay que defender en este sentido. El heavy metal hace una defensa muy importante de la cultura del pueblo, obrera; como te decía antes, de lo que pasaba en la calle, en el barrio, fuera del elitismo de los grandes teatros o de mensajes camuflados de paz y amor, porque lo que estaba pasando era otra cosa. Es una defensa de la vida en las zonas periféricas de las grandes ciudades, especialmente de Madrid, que fue la plaza fuerte del heavy metal en España en los años ochenta. Musicalmente, claro, es otra cosa, pero se trata de despojarlo de todos los adornos que distraen de la realidad, de lo que está pasando en la calle, algo importantísimo durante la Transición.

¿Esa voluntad de mirar hacia otro lado ante los problemas sociales se la apropió el pop?
En ese momento, el pop era lo que distraía la vista de la realidad social. La explosión de libertad, de júbilo, con todos los colorines y las plumas… Lanzaban mensajes que no reflejaban la realidad de gran parte de la población, y el heavy metal se apropió del mensaje duro. Eran mensajes muy distintos. Hoy en día hay muchos grupos de heavy metal que te están contando batallitas medievales, una influencia romántica que, en muchas ocasiones, traza paralelismos entre la realidad contemporánea y otros mundos o realidades. La cosa ha cambiado mucho. Volviendo a los ochenta, también hay que tener en cuenta las drogas. Entonces había gente dentro del pop que no se drogaba pero decía que sí porque era lo que molaba; en el heavy metal, en cambio, contrariamente a lo que piensa mucha gente, cuando se habla de drogas se hace para censurarlas, porque la gente se estaba muriendo en las esquinas de los barrios. Esto es un detalle muy importante.

En efecto, parece que el heavy metal habla de los problemas que pueden afectar a la mayoría de la sociedad, pero es esa misma sociedad la que lo excluye y, curiosamente, creo que el género se siente cómodo en esa exclusión.
Sí, es algo que históricamente nos ha pasado, pero más ligado al concepto de mainstream. A partir de los años 1982-1983, cuando los medios de comunicación pasan a estar muy manipulados (se pasa de la manipulación de la dictadura a otra muy distinta), se empieza a crear la cultura de masas, un mainstream que es un rodillo y que lo que quiere es evitar los problemas e implantar un mensaje inocuo, algo de lo que siempre se ha alejado el heavy metal. Esta autoexclusión viene por ahí. Ahora, por ejemplo, venden camisetas en Zara de Metallica, Guns n’ Roses o Motörhead… Lo han banalizado. Se han apropiado de una iconografía y de un mensaje propios de una cultura y lo han aplastado. Es una pena. A mí me jode, y lo digo abiertamente. Igual que yo nunca me pondría una camiseta de Alejandro Sanz, no creo que al que no le guste Judas Priest deba llevar una camiseta del grupo.

En el «heavy metal», contrariamente a lo que piensa mucha gente, cuando se habla de drogas se hace para censurarlas

La sociedad se defiende y acaba absorbiendo todo lo que le es lateral, y lo están consiguiendo con el rock.
Efectivamente: si no puedes con el enemigo, únete a él, igual que ha hecho Rock FM, una emisora que debería investigar el rock, ni más ni menos, pero en la que el otro día escuché a Meredith Brooks, que rockera nunca ha sido… No digo que sea buena o mala, vuelvo a lo mismo, igual que si hago un concurso de cantautores no me llevo a Barón Rojo. Son conceptos distintos.

El heavy metal hace suya una estética muy concreta: abraza el mal, el dolor, incluso lo horrendo, en sus acepciones más extremas, para tratar de reflejar el malestar social. ¿Crees que lo ha conseguido?
A medias. A principios de los ochenta, el heavy metal redefinió los conceptos estéticos desde un punto de vista romántico; es decir, el aprecio por el negro (un color habitualmente denostado), la oscuridad, la muerte, incluso, lo desagradable… Le dan la vuelta y lo defienden como una belleza distinta, como hacían los poetas románticos o Baudelaire, por ejemplo, que tiene un poema al cadáver de un caballo. En este sentido, sí supieron desarrollarlo, pero en España, por la idiosincrasia tan propia del género, se optó por un estilo más callejero a la hora de vestir: vaqueros, camisetas, cazadoras de cuero… También se apropia de ciertos elementos de la cultura de los moteros y la jipi, como el pelo largo o las barbas y los bigotes, algo muy habitual en la época y que suponía también una ruptura con la sociedad más tradicional. El gusto por lo oscuro entra más adelante, con el nacimiento de otros géneros, como el metal extremo o el gótico.

De hecho, el gótico es el que ahora se ha adueñado ahora más de esa estética.
Ahora mismo, sí. El rock gótico es el que se ha apropiado el negro como bandera, pero en su día el heavy metal fue el primer género que dijo «el negro es bonito», dicho en un modo figurado, por supuesto. Evidentemente, no es la negrura que tienen los grupos góticos de ahora, pero el cambio de modelo estético sí fue una de las cosas importantes, pasar del jipismo de los colorines al gris y al negro. En este sentido, fue algo muy sintomático de que había un nuevo género musical.

Otro concepto interesante y propio del heavy metal, y bastante español, desde mi punto de vista, es el de «autenticidad». ¿Es cierto?
El concepto de «autenticidad» está presente aquí y en otros sitios, pero es verdad que en España tenemos una idiosincrasia particular. Esa «autenticidad» se refiere a ser sincero con uno mismo. Es decir, si yo escucho heavy metal me gusta que quien está cantando sea heavy de verdad. Es parecido a lo que comentábamos del mainstream: hay gente con mucha autenticidad que no tiene nada que ver con la cultura de masas, aunque también hay gente auténtica dentro de la cultura de masas. Se suele oponer «autenticidad» y «comercialidad», pero la clave está en si un grupo está siendo sincero con lo que está contando y cómo lo está contando. Hay muchos grupos de rock de hoy en día que se ve claramente que son artificiales. ¿Por qué a Leño se le pone siempre el halo de autenticidad? Porque Rosendo es un tío que no ha cambiado en la vida. Sigue haciendo lo que le gusta, no se ha vendido abiertamente por la pasta. Sigue haciendo canciones que, comparadas con el pop, son una rara avis. ¿Es comercial? Sí, ahora vende miles de discos, que también es algo extraño, pero Leño fue un grupo auténtico y Rosendo lo sigue siendo. Hay muchos grupos de heavy metal que son auténticos y comerciales, como Obús. Cuando dos grupos suenan igual, la autenticidad es lo que va a dejarte claro cuál de ellos es heavy. Cuando hice la tesis, una de las cosas que me dijeron es que era muy subjetivo, pero hay que serlo un poco cuando haces un estudio de música popular urbana, ya que tiene un componente social tan grande que, si no estás metido dentro, hay muchas cosas que no puedes entender nunca. Y esto pasa con cualquier estilo de música urbana.

En el libro se define el heavy metal como música masculina. A mi modo de ver, creo que cuesta entender que la cultura del heavy defienda una masculinidad en igualdad de condiciones con la mujer.
Sabía que este iba a ser un tema polémico [risas], pero también que creo que es un tema que hay que tratar y al que no hay que tener miedo. El heavy metal español viene de una sociedad propia de una dictadura en la que la mujer estuvo relegada a un segundo plano. Además, el heavy, como género universal, es de origen masculino, aunque con unos valores que, en el mundo anglosajón, se oponían al modelo de familia tradicional. En España surge como reflejo de lo que estaba pasando en Inglaterra, por lo que en ambos modelos, con sociedades patriarcales, el heavy metal refleja esos valores tradicionalmente masculinos, pero también la vergüenza de no ser capaz de encontrar un trabajo digno, por ejemplo, aunque en los que la mujer tiene un papel tangente. En una sociedad machista, como era la española o la inglesa, veo el heavy metal como un género masculino, no machista, que exalta los valores propios del hombre, aunque en ningún momento pretende menospreciar a la mujer. No compara los valores del hombre y los de la mujer, simplemente delimita los suyos. En España, la mujer fue sacando poco a poco la cabeza, con Azucena, que fue el gran tótem del heavy metal femenino de los ochenta.

Veo el «heavy metal» como un género masculino, no machista

Curiosamente, Azucena no venía del heavy metal.
Si te fijas, todas las mujeres que se incorporaron al género lo hicieron con un rol de hombre, y es a lo que me refiero cuando digo que el heavy metal es masculino, no machista. La mujer que entraba lo hacía asumiendo un papel de hombre, exaltando los mismos valores que exaltaban los demás grupos. Santa es un grupo que se hizo a medida de Azucena, no al revés, y aún así, ella adoptó un rol masculino. Quien quiera ver machismo ahí… El reguetón sí es machista. Si hablamos de las groupies, es un fenómeno que empezó fuera de España, aquí no hemos tenido groupies famosas, pero es algo que quedaba al margen de los propios músicos y que ha pasado en todos los géneros de música popular urbana. Me parece injusto decir que el heavy metal es machista cuando pasa lo mismo en todos los demás géneros, aquí y fuera. De hecho, en la defensa de mi tesis salió este asunto. Un sociólogo que estaba en el tribunal decía que el heavy metal era claramente machista, y lo que yo digo es que el machismo es una realidad social, no musical, no tiene nada que ver con el heavy metal como estilo musical. Como género, en ningún momento denigra o humilla a la mujer; de hecho, incluso creo que el heavy metal tiende a divinizarla.

Respecto a la dimensión verbal, como tú la denominas, explicas en el libro que la poesía desarraigada de la posguerra es una de las grandes fuentes literarias de donde bebe el heavy metal.
En una sociedad marcada por la dictadura, creo que los poetas sociales de la posguerra fueron un germen importante para el mensaje que vendría después. Fueron las primeras voces que se levantaron contra lo que estaba pasando, y las primeras voces que contaron lo que ocurría en la calle. Hay una serie de movimientos literarios que son la antesala de lo que luego serán las letras del rock urbano de los setenta y del heavy metal. Es decir, qué pasa en mi calle, mi barrio, mi ciudad… Normalmente, cuando se empiezan a estudiar estas cosas se hace desde 1970, pero yo creo que explicar de dónde venían las letras era también importante. El postismo, con toda su provocación, la poesía social, los novísimos, que ya hablaban de cultura pop y de las influencias del cine… Todo eso, al final, desemboca en las letras de los grupos de los setenta, y para mí es una influencia importantísima.

¿Y qué ha pasado para que ese aire de protesta y crítica, que era también lo que hacía que en parte la gente se enganchara al heavy, se haya ido diluyendo poco a poco y se lo haya apropiado el punk y, sobre todo, el hip hop o el rap?
Está claro que se ha perdido gran parte de la conexión con la calle. Con el declive del heavy metal, cuando empieza a estar fuera de la primera línea de fuego (con la victoria del PSOE en 1982, como he explicado), fue disminuyendo su presencia en los medios y en la sociedad. La libertad estaba conseguida, con lo que el mensaje se relaja. Además, a partir de 1985 la influencia americana ya no tiene ese punto de rebeldía o, por lo menos, de confrontación con el sistema, y se decanta por algo mucho más festivo, romántico, sentimental…

El glam pregonaba la fiesta, el carpe diem
Efectivamente, y eso es influencia americana, ya que los grupos ingleses iban por otro lado. La línea más dura la mantuvieron un poco más los grupos de trash, que siguen hablando de violencia, de calle, de miserias sociales… Pero los de heavy metal se quedaron a caballo entre la influencia americana del hard rock y esa idiosincrasia callejera. El mensaje del heavy metal clásico se rajó, perdió esa actitud combativa. En ese sentido, el hip hop y el punk siempre han tenido un carácter mucho más callejero.

El heavy metal se ha vuelto hasta amable.
En algunos sentidos, sí. Hay grupos que han perdido completamente la conexión con la calle, algo en lo que también tiene mucho que ver la influencia del mainstream. Sigo pensando que es algo muy respetable, cada uno cuenta lo que quiere contar. Técnicamente, por ejemplo, los grupos de ahora de heavy metal son muchísimo mejores que los de los ochenta, con lo que, de algún modo, compensan lo que considero que debe ser el estilo musical. La conexión con la calle no debería perderse nunca, pero si cuentan otras cosas con fundamento, también me gusta.

Hay grupos que han perdido completamente la conexión con la calle

Respecto al  mensaje y a la forma de contarlo, una de las características del heavy metal es que hay que cantarlo en español, algo mucho menos frecuente en otros países, donde se decantan por el inglés.
Imagino que lo que ocurre es que a nosotros no nos llega, igual que lo de aquí, supongo, no llega a otros países. Los grupos comenzaron cantando en castellano por dos razones fundamentales. La primera, claro, porque es su idioma. No hay nada más bonito que expresar tus ideas y pelearte con el sistema en tu propio idioma. Al final, muchos se pasaron al inglés precisamente para evitar la censura, porque los censores tampoco sabían inglés. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la gente tampoco lo hablaba. La enseñanza de ese idioma durante la dictadura fue prácticamente nula. El inglés se sigue sin hablar bien, por eso muchos grupos optan por cantar en castellano. Si yo tuviera un grupo, me gustaría cantar en español. Sabes que te limita de cara al exterior, pero también es verdad que hay muchos grupos que comenzaron cantando en inglés y no salieron de su barrio.

Para terminar, ¿a quién va dirigido Inoxidable?
A todo el mundo. Evidentemente, Inoxidable va a interesarle a quien fue heavy durante los ochenta, sin duda, pero también puede interesarle a quien le guste la historia musical o la cultura. No hace falta ser heavy. Además, como está todo muy contextualizado, creo que se entiende bien su formación y desarrollo dentro de una sociedad tan particular. A los investigadores, a los musicólogos, a los sociólogos… La musicología y la sociología tienen que trabajar de la mano en la música popular urbana.

Sabemos que la gente no compra discos ni libros, pero ¿puedes decirnos cómo está funcionando, sin entrar en cifras?
La verdad es que bien. Al editor le dije que no quería conocer las cifras exactas, solo saber si el libro iba bien o mal, y hablando con él te das cuenta de que está funcionando. Han tenido que reimprimir ya varias veces, pero no hemos puesto que es una segunda edición porque queremos ser honestos. Sé que hay librerías que han hecho pedidos grandes, incluso algunas que al principio no lo querían. La preventa fue espectacular, por ejemplo, y en la Feria del Libro funcionó también muy bien.

De todos modos, no es tu primer libro. Antes habías publicado Espíritus rebeldes, que, de alguna manera, enlaza con Inoxidable.
Espíritus rebeldes es fruto de la tesina, una panorámica general del heavy metal, que me sirvió como punto de apoyo para escribir después Inoxidable. Es un libro que está vivo, nada pretencioso, que sirve para arrojar un poco de luz sobre el heavy metal, cómo se formó y cómo estaba en los ochenta y en los noventa.

¿Qué es lo siguiente?
Ahora mismo me gustaría descansar. Soy musicólogo, músico y heavy, así que es difícil que la mente deje de trabajar. Tengo varias ideas, pero de momento me las guardo. He estado sembrando tantos años que ahora me apetece recoger los frutos, comprobar si el libro ha servido para algo, pero no para ganar dinero, claro [risas]. El tiempo es el único que va a decir al final cuál es su importancia real. Ahora es muy pronto para saberlo. Si dentro de diez o quince años los que estudian el rock y el heavy metal me citan como referencia obligada, será que ha servido para lo que yo pretendía. ●

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