El dibujante madrileño publica junto a Manuel Vicent «Antitauromaquia»

El Roto: «No necesitamos más ideas, ya hay muchas. Necesitamos otra conciencia»

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Afirma Andrés Rábago, más conocido como El Roto, que la sociedad necesita más conciencia, un mayor grado de espiritualidad que nos haga ver las cosas tal y como son, sin la codificación previamente aprendida que nos aleja de la realidad. En esta «hipnosis colectiva», las corridas de toros suponen para el dibujante una ritualización de la violencia que insensibiliza al espectador y lo separa del toro hasta cosificarlo y volverlo invisible. En Antitauromaquia (Literatura Random House, 2017), sus inconfundibles viñetas, junto a los artículos de Manuel Vicent, vuelven a apuntar a esa conciencia cegada del lector para señalar la «barbarie» de la denominada «fiesta nacional».


[Fotografías: Javier Jiménez.]

 

Fernando VII cerró la universidad y, para compensar, abrió la Escuela de Tauromaquia. Esta es solo una de las anécdotas que se cuentan en Antitauromaquia y que retratan a un país en el que, según El Roto, las corridas de toros son un ritual cruel y anacrónico que delatan la carencia espiritual de la sociedad.

¿Cuándo surge su conciencia antitaurina?
No cabe decir que tenga una conciencia antitaurina específica. Estoy contra las corridas de toros, pero eso de tener una conciencia antitaurina… De alguna manera, es como si fuese algo superespecial. Para mí, la conciencia lo es de todo. Puede que haya asuntos a los que eres más sensible o que te parecen importantes en un momento dado, y los toros, ahora mismo, es un tema que está plenamente vigente, así que Vicent y yo pensamos que era un buen momento para hacer un libro de estas características.

Entonces, en esta definición de «la conciencia» que plantea, ¿sería casi obligado estar en contra de los toros?
En el concepto de conciencia humana que tengo, sí, ya que en él está evitar todo daño y, claramente, en las corridas de toros se hiere y se mata a un animal indefenso. Bueno, teóricamente se puede defender: tiene cuernos, es un animal poderoso, pero está indefenso frente a la argucia humana. El hombre tiene una mente infinitamente superior a la de los animales, y yo los considero nuestros hermanos menores, y como tales, les debemos  un respeto. Así de sencillo.

¿Ha asistido a alguna corrida?
Sí, he ido en un par de ocasiones, pero creo en España ni hace falta asistir a una para saber cómo son. En otros sitios a lo mejor no saben lo que es, pero haber nacido aquí hace que, de alguna manera, vengas con el tema aprendido. Sabes perfectamente lo que es sin necesidad de haber asistido a ninguna.

¿Y por qué fue?
De niño fui a una becerrada y de adulto, a una corrida a la que me invitó un amigo que quería, digamos, convertirme en taurino.

Y no lo consiguió, claro.
Eso parece.

¿Y usted trató de convertir a su amigo?
No, no. Él era una persona que me parecía intelectualmente solvente, por lo que pensaba que tendría suficientes elementos como para ver por sí mismo lo que estaba pasando allí.

¿Está a favor de su abolición o de eliminar las subvenciones?
Evidentemente, estoy en contra de las subvenciones y de cualquier apoyo institucional. En cuanto a la prohibición, preferiría que muriesen por sí mismas; es decir, que la gente dejase de acudir por rechazo ético al acto en sí. Prohibir siempre es más complicado y a veces refuerza la posición que se combate. Es un tema que requiere reflexión.

¿Qué le parece en este sentido la prohibición de las corridas en Cataluña, pero no de los correbous?
Nunca lo he visto… No sé lo que es.

Se le colocan al toro dos bolas de fuego en las astas.
Una barbarie. Evidentemente, si se prohíbe lo uno también debería prohibirse lo otro.

¿Cuántas viñetas nuevas hay en el libro que no hayan aparecido antes en prensa?
La mayoría son inéditas, solo hay tres o cuatro que han aparecido en prensa. En España tenemos una rica tradición de estampas, he querido añadir algunas a las muchas otras que existen sobre este tema; la mayoría taurinas, tengo que reconocer.

¿Ha recibido críticas o presiones?
Lo ignoro. La verdad es que mi presencia pública es escasa, por lo que hay pocas posibilidades de que puedan decirme algo. Por otro lado, mis dibujos, evidentemente, no les gustarán a los taurinos, pero creo que tienen la suficiente solvencia gráfica como para poder gustarles por ese lado. En ese hipotético caso, aunque los temas o la forma de tratarlos no les gusten, puede que sí les guste el dibujo en sí mismo.

¿Cree que puede disociarse en un tema tan sensible como este la forma y el fondo?
Creo que en la plástica es bastante común. Puede haber artistas de los que no te guste su forma de pensar. En el caso de la literatura, por ejemplo, ha habido escritores clasistas, misóginos o nazis, o cercanos a esas posiciones, pero de los que se puede admirar su escritura. Un caso típico y que todos conocemos es Céline, una persona bastante repugnante en muchas cosas, pero Viaje al fin de la noche es un libro extraordinario.

La cultura no hace a las personas más sensibles, eso parece evidente. ¿La ritualización de la cultura, como dice Manuel Vicent, es otra forma de costumbrismo?
Sí, la visión cotidiana de la violencia nos insensibiliza. Pero esto también nos ocurre con otras cosas: nuestra dificultad para ver lo que tenemos delante de los ojos es proverbial. Como tenemos una visión codificada de las cosas, muchas veces solo vemos la codificación previamente adquirida, lo que dificulta ver lo que realmente estamos viendo.

No se puede equiparar la sensibilidad con la cultura…
La cultura son muchas cosas que se dan en un individuo; incluso un iletrado puede tener una cultura adquirida de costumbres, de formas de ser… Recuerdo que Pasolini, por ejemplo, daba por perdida la cultura de los obreros: sus formas de comportamiento, de relacionarse con los de su propia clase, con su familia… Era la cultura particular de una clase social que él reivindicaba y que daba por desaparecida. Pero de nuevo, preferiría hablar de conciencia más que de sensibilidad o cultura. Ahora mismo necesitamos una ampliación de la conciencia, porque de información ya tenemos bastante. Por otro lado, la aplicación de la técnica comienza a ser peligrosa en relación al nivel de conciencia en el que nos encontramos. Hay una disparidad entre nuestros desarrollos intelectuales y los anímico-espirituales, lo cual está produciendo grandes desequilibrios globales en la Tierra en su conjunto. El caso de los toros es un ejemplo mínimo, pero puede ser extrapolable a otros muchos problemas que tenemos en los que pueden darse mecanismos parecidos.

Nuestra dificultad para ver lo que tenemos delante de los ojos es proverbial

¿La viñeta puede ser un arma útil para la concienciación?
Creo que es un instrumento, un vehículo de la conciencia para llegar a otras, y sí, lo considero eficaz porque es muy conciso, rápido y fácil de integrar en el pensamiento. Por supuesto, hay cierta complejidad de plasmación y de diseño, pero es simple en sus elementos: blanco, negro, muy poco color, unas palabras… Es un instrumento que penetra fácilmente y que incide de manera muy directa en el lector.

En el libro se cuenta que en 1917 el PSOE estaba a favor de prohibir las corridas porque lo consideraba un espectáculo embrutecedor para el pueblo. ¿Espera algo del «nuevo» PSOE de Pedro Sánchez en este sentido?
No creo que sea un tema que les preocupe lo más mínimo. En general, los partidos políticos buscan votos, y si creen que pueden perderlos por una razón u otra, simplemente actúan en una dirección determinada. No creo que haya una convicción real en los partidos políticos de qué se debe hacer y por qué, sino qué puede ser interesante o no para acceder al poder y luego mantenerse en él. Por desgracia, esa es la situación en la que estamos ahora mismo. Espero que cambie.

¿Cree que en España puede legislarse sobre los derechos de los animales?
Se debería y creo que algo se ha hecho, pero claramente hay que ir más lejos, hay que aumentar el cuidado de cómo se los cría. Las granjas de animales junto con los mataderos son uno de los lugares más secretos del planeta. Nuestra obligación moral es velar por ellos, son nuestros hermanos menores. Nuestra posición en la escala evolutiva es infinitamente superior a la suya, aunque sé que hay animalistas que no aceptan esta visión, ya que consideran que somos animales en igualdad de condiciones. Yo no lo veo así, creo que el hombre se ha separado y pertenece a una especie completamente distinta, ya no es un animal. Hay un componente físico parecido, pero está impregnado de su esencia espiritual, por lo que no pertenece al reino animal, sino a otro distinto.

¿Qué caracterizaría a esa esencia espiritual?
Se trata de la incorporación de un elemento que no existía antes del hombre y que puede que no exista fuera de él; algo propio de la humanidad: el alma, el espíritu.

¿Participaría en algún tipo de iniciativa social o política para defender los derechos de los animales?
Creo que ya lo hago a mi manera con mi trabajo, pero si la pregunta es si participo en iniciativas de plataformas, no. Mi trabajo es bastante introspectivo. Si te asocias a una parte, dejas fuera muchas otras. Todo lo que sea partido significa fragmentación, y mi posición pretende ser holística o simplemente integradora. Me gustaría integrar todo lo que vivo. Situarme en una parcela acotada, de alguna manera, limitaría mi libertad.

¿Se lo han propuesto?
Sí, algunas veces me han propuesto algo, pero saben que soy reacio a integrarme en grupos. No considero que ningún ser humano sea enemigo mío, hasta que no me lo demuestre. Incluso aquellos con los que no estoy de acuerdo no los considero mis enemigos, aunque piense que estén equivocados. Muchas veces las agresiones son proyecciones nuestras.

Decía Hermann Hesse que no podemos odiar nada que no esté en nosotros mismos…
Eso es cierto, pero se trata de un nivel muy desarrollado de conciencia, que es lo que hace falta en general, no solo en España. Es un tema que me interesa muchísimo: no necesitamos más ideas, ya hay muchas. Necesitamos otra conciencia. Ideas hay para todos los gustos, e incluso muchas buenísimas, pero mientras no nos ayuden a modificar la conciencia, seguiremos sin avanzar. Saber más no es tener más conciencia.

¿Cómo se crea un clima generalizado en el que, por ejemplo, se critican las subvenciones al cine, pero no a los toros?
En general por ignorancia. El mundo de los toros es un territorio muy oscuro, muy poco transparente. Se habla muy poco de las subvenciones, de los IVA, de los manejos en los callejones… Todas esas cosas que hemos sabido recientemente.

Manuel Vicent afirma que las corridas son la expresión de un país de secano. ¿Está de acuerdo? ¿Hay algo telúrico, inevitable en ellas?
No lo creo, es un tema cultural o, mejor dicho, anticultural. No creo que tenga nada que ver con el clima o con el territorio. Quizá el hecho de que existan latifundios, esas grandes dehesas, ha permitido el desarrollo de este mundo, pero se puede hacer otro aprovechamiento de esos lugares.

Hablando de los latifundios, ¿qué le parece el argumento de que sin toros desaparecían esos paisajes?
Eso es una coartada ecológica, igual que hay una coartada cultural o histórica. En el fondo, los taurinos saben o intuyen que hay algo malo en todo ello, y eso, de alguna manera, lo intentan camuflar y ocultar poniendo delante estos trampantojos: la ecología o «una historia cultural» que se vería mermada por su desaparición.

Saber más no es tener más conciencia

En estos trampantojos culturales que menciona, siempre salen los nombres de Goya, Picasso o Lorca, por ejemplo.
Goya es un artista que tuvo una visión realista de las cosas, como en casi todo lo que hizo. Sus estampas taurinas estaban destinadas a la venta, porque en un momento determinado andaba mal de dinero, pero en sus otros grabados, sobre todo en sus últimas litografías, demostró que tenía otra visión de los toros. En las litografías de Burdeos vemos unas escenas muy brutales de lo que pasaba en las corridas, y él mismo no escatimaba las imágenes de crueldad que allí se daban. Era un pintor que sabía mirar, como Solana, que también plasmó la brutalidad. Aunque es verdad que retrató a toreros, también hizo cuadros de corridas en los que se muestra esa España negra de la que en sus escritos, además, habla claramente.

Como artista, ¿le molesta esta «coartada cultural», como la define?
Me deja indiferente. Son argumentos que se utilizan como defensa, pero que transmiten debilidad.

¿Y qué argumentos le daría a un taurino?
Hay miles. No hay más que preguntar a los que realmente están trabajando en este tema para tener argumentos mucho mejores que los míos. Para mí es muy sencillo: cuando ves que un animal se desangra porque ha sido sometido a banderillazos, puyazos y estocadas te das cuenta de que no necesitas más argumentos para decir que eso, simplemente, no se puede hacer. Para mí es evidente, no hacen falta más argumentos. Dar más argumentos, de hecho, justificaría que haya elementos para defenderlo, y yo no encuentro ninguno. Son cosas que por sí mismas no se pueden ni se deben hacer.

¿España vive, en algunos aspectos, en su propia caricatura?
En una de mis viñetas escribí que para hacer caricaturas solo hay que dibujar la realidad, y lo cierto es que la realidad es bastante esperpéntica por sí misma, no hay que exagerarla en exceso. De hecho, si exageras mucho, le quitas peso a lo que estás diciendo. Un exceso de caricatura lo vuelve irrelevante. Hay que presentar las cosas con la mínima intención o carga para que puedan sorprender. Cuando estás acostumbrado a ver algo y lo amplificas, simplemente el hecho de que tenga un tamaño un poco mayor del habitual ya te sorprende, te hace fijarte, y es esa pequeña ampliación de lo real lo que yo busco. No busco una caricatura de lo real, sino una ampliación para que salte más a la vista.

Hay algo de contradictorio e iconoclasta, también. Se supone que el toro es el símbolo español por excelencia, pero se tortura y se mata en las corridas.
Yo no considero que el toro sea algo típico español, lo que pasa es que estamos acostumbrados a verlo en todos los sitios, en las carreteras, por ejemplo, con la silueta del toro de Osborne. No creo que sea un tótem español, para nada.

Pero fuera de España, al menos, sí lo es.
Hemos proyectado esa imagen fuera por miopía y ahora nos vuelve como un bumerán. Se ha utilizado durante mucho tiempo como un atractivo turístico y, claro, eso tiene sus costes.

Manuel Vicent se pregunta si la gente dejaría de asistir a las corridas si se garantizara la seguridad del torero. ¿Está de acuerdo?
La gente no ve a los toros, solo ve al torero. Si los viese, no iría, pero, de alguna manera, el espectador se asocia con el torero y se olvida del sufrimiento que presencia. Todo espectáculo tiene algo de hipnosis colectiva, cosa que, por desgracia, también se da en la política y en la realidad cotidiana. Prácticamente vivimos hipnotizados por los medios y por nuestros propios condicionamientos, pero instantes de conciencia real, de ver las cosas por sí mismas, como lo que son, son muy escasos, y esos son los momentos que tendríamos que estar buscando intensamente.●

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