Una castiza «it girl» en Miami

«Mis primeras Navidades sin ti», de Mónica Arana

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«Between Sky and Earth». // Autor: Vladimir Kud.

Hay que elegir los momentos. Algunas ocasiones toca ver una película de Bergman y otras, de Spielberg  (nombres sacados al azar en un ejercicio de memoria rápida). Uno tiene que haberse levantado de un humor determinado en ambos casos; que cada uno elija cuál.

Arana Mónica_Mis primeras Navidades sin tiCon la literatura pasa lo mismo, no nos engañemos. Pueden interesarte muchísimo las obras completas de Freud o tener unas ganas locas de intentar desenmarañar la mente de Foster Wallace (he vuelto a hacer el mismo ejercicio, que nadie se ofenda), pero no siempre va a ser el momento. Puede pasar que te asomes al balcón, intuyas que fuera hace un frío horrible, aunque no piensas comprobarlo, y la manta del sofá te haga un baile erótico para que te fundas con ella. Cuando estás en esos días, optas por El diario de Bridget Jones, Dirty Dancing o Desayuno con diamantes en la pantalla del televisor o por  El príncipe de la niebla o La casa de los espíritus si lo que te apetece es abrir un libro. Y no hablo de calidad ni nada por el estilo, que nadie vuelva a enfadarse. Solo digo que, a veces, buscas simplemente pasar un buen rato.

En este último grupo situaría Mis últimas Navidades sin ti, la nueva novela de Mónica Arana, que, en su primera inmersión en la comedia romántica, se decide por un estilo ligero, libre de pretensiones, como si se hubiera dejado llevar por el mero placer de escribir, de que la pluma fluya, permitiendo que las historias se desarrollen casi por sí mismas con el único afán de hacer pasar el mismo buen rato al que lea las primeras aventuras de Carolina.

Arana parte de una premisa: ¿a quién no le gustan las historias de amor? Eso sería un tema para otro debate, pero asumiendo que la respuesta es «sí», la autora se lanza a escribir una con un ingrediente principal: el humor. «Reírnos de lo que más nos hace llorar, ese es el mejor antídoto para un desengaño amoroso». Y ese es su objetivo.

37 años, periodista, madrileña y una de esas llamadas it girls. Parece tener una vida perfecta, con boda a la vista y novio ideal incluidos, cuando en unos pocos días todo se va al garete… Nada nuevo bajo el sol, ¿verdad? Pero parece que lo importante para la autora es el «cómo» y no el «qué». En su intento por recomponerse y reconstruir su vida, conocemos a su neurótico jefe, a su mejor amiga (lesbiana) y… a Miami, el lugar que elige para escapar y resetear su corazón. Y así, entre Madrid y Florida, entre su pasado reciente y su presente, una sucesión de acontecimientos que harían que cualquiera de nosotros infartásemos si nos pasasen en la vida real, alguna escena erótica para caldear el ambiente y muchos guiños a la moda (reconozco que no he entendido la mayoría, lo dejo a los lectores más expertos), acompañamos a Carolina en su duelo amoroso.

Quizá porque todas (utilizaré ya solo el femenino) encontraremos algo con lo que sentirnos identificadas (sí, estamos ante lo que yo llamo una cosmonovela, de Cosmopolitan, no de «cosmos»); quizá por la narrativa sencilla, ágil y algo cinematográfica; quizá por su longitud o, probablemente, por un poco de todo, el libro se lee sin problemas en una de esas tardes de sofá y mantita. Además, hay que reconocerle a la escritora el talento para inventar las escenas por las que los personajes se deslizan, para unirlas y para, con ellas, crear ese mundo que será real para algunas y un universo fantástico para otras, según sea la situación vital de cada una.

Aunque Mis primeras Navidades sin ti no vaya a revolucionar el mundo de la literatura, la lectora no se arrepiente de haber invertido su tiempo en leerla y no le importaría saber más de esta Carolina. Esa es la idea de la autora, convertirla en una heroína romántica y castiza. Y, ojo, que la segunda entrega amenaza con llegar en San Valentín. Por supuesto (y como haría la propia protagonista), sus historias solo pueden descargarse por iTunes o Amazon. Habrá que ver su recorrido, pero, de momento, ya ha conseguido que no nos importe que se alargue el invierno un poquito más para leer lo nuevo de Carolina bajo nuestra manta preferida.●