David Lynch desmonta a David Lynch

«David Lynch. The Art Life»

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«Olhos de David Lynch». // Autor: Gabriel Marchi.

David Lynch no deja indiferente a nadie. Cada nueva creación surgida de su cabeza merece la misma cantidad de aplausos que reveses, y eso, seguramente, es lo mejor que puede decirse de un artista. Mientras aguardamos con impaciencia la vuelta de Twin Peaks, vemos The Art Life (Olivia Neergaard-Holm, Jon Nguyen y Rick Barnes), un documental que recorre su vida y muestra su proceso creativo. Un regalo para sus incondicionales y una inesperada revelación para todos.


Rubén Rojas: Querido amigo Borja Efe Eme: ¿podemos estar por una vez de acuerdo en que este documental, The Art Life, interesará casi en exclusiva a los ya convencidos por la obra cinematográfica de David Lynch?

Borja Efe Eme: Pues eso mismo pensaba yo, querido comentarista y, sin embargo, amigo. Yo me he sentido, por momentos, ajeno al desarrollo del documental. Sí creo que atraerá, particularmente, a aquellos interesados en profundizar en su biografía pero, quizá por extensión, también a los aficionados a cualquier práctica artística.

Rubén Rojas: Entiendo, sí. Aquellos interesados en los vericuetos de la mente de un artista: cómo toman formas sus obsesiones, cómo se llevan a la práctica, qué conflictos conlleva la creación con el entorno familiar y social…

Borja Efe Eme: No creo que sea apto para todos los públicos, no, y, con todo, formalmente no deja de ser el típico documental mezcla de voz en off del propio David sobre imágenes de este mientras trabaja en su estudio o sobre dibujos y lienzos del archivo de Lynch, lo que nos deja claro que su vocación inicial parece que fue la pintura. Descubriendo a David Lynch por el propio Lynch. Aunque, en el fondo, ¿quién no conoce a David Lynch, lo lynchiano? (Twin Peaks marcó a toda una generación).

Rubén Rojas: Claro, se ha convertido en un estereotipo. Creo que todos podríamos definir qué significa lo lynchiano o lyncheano, sobre todo tirando de sus pelis. Pero creo entender que la intención de los directores de este documental es hacernos ver que la vida de Lynch es Arte, con mayúsculas y en todas sus formas. Que la pintura es un área de su vida y otra es el cine. Aunque quizá diría lo visual, y también lo audiovisual. O más bien que no hay áreas, que Lynch entiende el arte de una manera multiforme

Borja Efe Eme: Así es, de ahí que pueda interesar a más gente. Aunque se trate de la autobiografía de un personaje concreto lo que nos presenta, en el fondo, es el proceso artístico, esos «vericuetos» de un artesano en el que se funden vida y obra y eso, en el caso de Lynch, parece evidente. Él mismo habla de «buscar mi estilo», «mi mundo» en sus inicios. Y lo encontrará a través de un trabajo metódico, casi obsesivo, del que somos testigos gracias a esta película.

Rubén Rojas: Y ahí está la parte que más me interesa del documental: el hecho de que se nos descubre un creador auténtico, sin el menor atisbo de pose. Creo que la sección «moderna» de sus seguidores ha contribuido a forjar la idea estereotipada de Lynch que decíamos al principio. Pero nada más lejos, aquí no hay un artista maldito ni atormentado. No hay traumas en su vida, que ha sido más bien apacible y en un entorno familiar amable. La narración de la juventud de Lynch quizá puede decepcionar a más de un fan actual. Pero es que Lynch era un tipo sencillo, humilde, con gustos asequibles y un proyecto vital acorde a su ética familiar. La única diferencia, y es lo que lo convierte en un ser fascinante, es su sensibilidad. Lynch era capaz de tener sensaciones más allá de lo perceptible. Algunas escenas de su infancia narradas por él mismo son prueba de ello. Por ejemplo, la de la mujer desnuda a media noche que luego aparece en Terciopelo azul.

Borja Efe Eme: Es interesante ver su desarrollo desde sus inicios en el mundo de la pintura hasta su inmersión en el cine, con el proceso de creación de Cabeza borradora, su primera «gran» película. En pocos casos parecía más natural el salto de las imágenes estáticas a las imágenes en movimiento. Lo suyo es un inconsciente en movimiento. Y es interesante que comentes lo del entorno familiar amable porque me parece que es ahí donde se encuentra el otro punto clave del documental: el peso del pasado (familia, amigos) en el devenir de los hijos, en su futuro. Y ahí yo siento que el pasado de David Lynch no fue tan amable: frente a una infancia al más puro estilo «sueño americano» (casa con jardín, hermanos y perro), se confrontan varias decepciones explícitas de una madre conservadora o un padre a veces inflexible. Incluso le llegaron a decir que Cabeza borradora era «una pérdida de tiempo».

Rubén Rojas: Por eso digo amable y no idílica, si es que esto último es posible. Por supuesto que hay conflictos en su infancia, como en la de todo el mundo, pero tienen que ver con la incomprensión hacia su obra o sus mundos interiores y obsesiones. En cualquier caso, ese conflicto es relativamente normal y no traumático. Parece que Lynch supo encontrar solución a todos los obstáculos. Digo esto porque pareciera que, viendo su obra, con un gusto por lo deforme, lo feo, lo inexplicable, en fin, lo que ya sabemos, Lynch hubiera debido tener una infancia terrorífica que lo dejara mentalmente afectado. Y no, no fue así. Esa desmitificación la veo indispensable para entender su arte.

Borja Efe Eme: Pero es que en sus películas (seguramente, su faceta más popular) Lynch es así de ambivalente: puede pasar de las oníricas Mulholland Drive o Island Empire al clasicismo de El hombre elefante o Una historia verdadera. Me gusta. Su vida parece que siguió los mismos derroteros. Oscuridad y esplendor, como dicen en algún momento.

Rubén Rojas: Correcto. En el fondo, Lynch pretende explicar el mundo con los mecanismos de su mente, que por lo mismo a veces son contradictorios. Lo grande desde lo pequeño. Es curioso que diga que en su infancia «había mundos enormes en solo dos manzanas». O que cuando recibe la beca de residencia y los medios adecuados para trabajar en Cabeza borradora, él prefiera construir el estudio de grabación en los establos semiabandonados. La anécdota dice mucho de cómo es su proceso creativo y qué importancia le da a la verdad de sí mismo, a su propio carácter. En este sentido, Lynch no responde al tipo de artista que Susan Sontag definió como el «sufridor ejemplar». No es un individuo necesariamente infeliz.

Borja Efe Eme: Sí. Trabajó en sótanos, cuartuchos, establos… Era un artesano

Rubén Rojas: No sé quién decía que el científico quiere meter el mundo en su cabeza, mientras que el artista quiere llevar su cabeza al mundo

Borja Efe Eme: Lynch quiere meter su cabeza en nuestras cabezas.

Rubén Rojas: ¡Jaja! Totalmente de acuerdo. Y lo consigue.

Borja Efe Eme: Me gustan otros momentos de la película, como su anécdota con la marihuana y Bob Dylan, comprobar que en su estudio de trabajo tiene El jardín de las delicias, de El Bosco, o su lado cortazariano de la visión de las cosas, como con su Fish Kit (cómo montar un pez).

Rubén Rojas: No te olvides de los momentos con su hija: memorables.

Borja Efe Eme: Me parece que después de ver el documental, Lynch puede resultar más accesible de lo que muchos podrían pensar a primera vista.

Rubén Rojas: Nos quedamos con la duda, eso sí, de si Lynch ha encontrado su lugar en el mundo (si es que hay un lugar para cada cual).

Borja Efe Eme: Yo diría que su lugar en el mundo no anda muy alejado de su estudio de trabajo.

Rubén Rojas: Seguramente. Entonces qué, ¿le puedo recomendar el documental a mi santa madre?

Borja Efe Eme: ¡Jajajaja…! No. Y ahora, ¿cómo salimos de aquí? ¿Pulso este botón roj#%&45dwfff/%·&………..●

1 Comentario

  1. […] David Lynch: el hombre de otro lugar revela también cómo se gestó ese «otro lugar», dándole a la «deprimida Filadelfia posindustrial» un papel fundacional en la «mitología personal» del creador. Porque tras la aparente armonía de lo cotidiano, Lynch comenzó a percibir «otra fuerza —un terrible dolor y decadencia— que lo acompaña todo», como confiesa él mismo. He ahí el extraño submundo que Lynch se dispuso a retratar en su arte: una «mezcla volátil de miedo y deseo» que permanece latente. Y lo hace a través de las videoconstrucciones, del cine, la música o la pintura, como demuestra el último documental sobre su obra, The Art Life. […]

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