Quince consejos para criar mujeres sinceras, amables y valientes

«Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo», de Chimamanda Ngozi Adichie

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«Niña». // Autor: Eva Perls.

Año 2017. Hay que seguir acudiendo al diccionario para hacer entender que el feminismo es simplemente la «ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres». Ni más, ni menos.

Sin embargo, el adjetivo «feminista» sigue cargado de connotaciones, se utiliza con ánimo peyorativo y sirve de etiqueta para dividir y dar carnets de buenas y malas feministas. Y no, el único feminismo peligroso, como dice Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria, 1977) es el light, el que se ejerce solo de manera condicionada, el que se sostiene en la «benevolencia masculina», el que no pasa la sencilla prueba de cambiar el sexo del sujeto y mantener el sentido del verbo.

Y «ser feminista es como estar embarazada: lo estás o no lo estás; o crees en la plena igualdad entre hombres y mujeres o no». Así que, ¿queda claro? Todos deberíamos ser feministas.

Esta sentencia, que no debería admitir «peros», es el título del primer ensayo publicado por Adichie. Su origen es una conferencia que pronunció en 2012, que acumula más de tres millones y medio de visitas en internet y que se hizo viral, definitivamente, cuando Beyoncé utilizó un fragmento en Flawless.

El resultado es un manifiesto que debería ser de primero de ciudadanía (en Suecia se distribuyó en 2015 a todos los alumnos de 16 años), en el que, partiendo no de datos, sino de su propia experiencia como niña en Nigeria, estudiante en Estados Unidos y escritora de éxito, Adichie combate etiquetas y ofrece argumentos y herramientas para sacudir el machismo.

Ahora, este alegato se convierte directamente en decálogo, con quince sugerencias que la escritora ofrece a una amiga que le pregunta cómo criar a su hija para que sea feminista. Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo es la carta de respuesta sincera, directa, con la que contribuye a la educación de esa pequeña y, ojalá, de muchas más. De niños y niñas, de madres, padres, tíos, abuelos, profesores o vecinos.

Pero la carta está destinada principalmente a una madre y, ahora que tanto se habla de buenas y malas, su primer consejo es que intente ser «una persona plena» y tenga claro que «no existen las superwomen». «Desearía que “criar” no se hubiera convertido en un verbo, porque lo considero la raíz de ese fenómeno global de clase media que hace de la “crianza” una travesía inquietante, interminable, cargada de culpa».

Adichie cuestiona el lenguaje, los roles de género, la idea del matrimonio y la obligación de gustar. Y defiende que todo, absolutamente todo, puede impugnarse desde la educación.

«”Porque eres una niña” nunca es una razón para nada» es el principio radical sobre el que se sustenta su propuesta. Por eso, pide a su amiga que no piense en su hija «como en una niña que debería ser de una forma determinada». «Ve sus puntos débiles y fuertes como los de un individuo, no la valores de acuerdo con lo que debería ser una niña, valórala pensando en la mejor versión de sí misma». Y, en ese camino, en vez de enseñar a las niñas a agradar, anima a prepararlas para ser sinceras, amables y valientes. «Dile que si algo le incomoda, se queje, lo diga, grite».

Ella lo está haciendo, contra quienes siguen usando el término «feminista» para descalificarla, desde que tenía 14 años, porque el sexismo la cabrea. Ella, que es mujer joven, africana y negra, está más enfadada con el sexismo que con el racismo. Porque todavía hay mucho santo Tomás que exige ver pruebas de las llagas del machismo y que, incluso con los dedos dentro, le quita importancia.

Pero está ahí. Sigue educándose a las niñas con más normas y menos espacio y a los niños con más espacio y menos normas; juzgando duramente a las mujeres poderosas y planteando el matrimonio como la única meta a alcanzar; cargando de vergüenza la sexualidad femenina. «Incluso culturas como muchas occidentales que esperan de las mujeres que sean sensuales, no esperan que también sean sexuales».

Y pueden ser sensuales, sexuales y femeninas. Si quieren. Porque «no creas que criar a una feminista consiste en obligarla a rechazar la feminidad». Ella, que ya se definió en su primer ensayo como una «feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios», en respuesta a quienes decían que las feministas son infelices que detestan a los hombres y rechazan el maquillaje, ni se avergüenza, ni se disculpa por ser feminista y femenina. Aunque su campaña como imagen de Boots le haya acarreado críticas.

No son las primeras, ni serán las últimas, ni para ella ni para el resto. Pero en este librito tenemos aperos para enfrentarnos a lo que nos venga y contribuir a que cada vez sea menos.

Y, porque somos cuatroojos, nos grabamos su quinto consejo: «Enseña a Chizalum a leer. Enséñale el amor por los libros. […] Los libros la ayudarán a entender el mundo y a cuestionárselo, la ayudarán a expresarse y la ayudarán en aquello en lo que quiera convertirse».

Además de los ensayos Todos deberíamos ser feministas y Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, Adichie ha publicado tres novelas (La flor púrpura, Medio sol amarillo y Americanah), que han recibido varios premios, y el volumen de relatos Algo alrededor de tu cuello, todos publicados por Random House.

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