Una pionera que se adelantó a Méliès de la que nadie se acuerda

«Alice Guy Blache: una visionaria olvidada del cine», Alison McMahan

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New Jersey Hall of Fame.

Nació en París en 1893 y falleció en Nueva Jersey en 1964. Dirigió, produjo y supervisó alrededor de mil películas de todos los géneros en Francia, España y Estados Unidos y fundó unos estudios cinematográficos que llegaron a competir con los de las grandes productoras de Hollywood. Su nombre era Alice Guy Blanche y hoy nadie se acuerda de ella.


Guy es una (otra más) de las grandes profesionales ignoradas y olvidadas en un cajón por la historia, en este caso por la historia del cine. El Día Internacional de la Mujer es una buena excusa para bucear por la biografía de esta mujer excepcional y recomendar el valiosísimo libro de Alison McMahan que le rinde homenaje.

Alice Guy Blache: una visionaria olvidada del cine (Plot Ediciones, 2006) repasa los filmes de la directora que han sobrevivido hasta nuestros días (muchos de ellos, precisamente por el olvido forzoso al que ha sido sometida su obra, han desaparecido) y nos dibuja una biografía apasionante de la primera mujer que se dedicó al mundo del cine más allá de las actrices de la época. A día de hoy, sigue siendo la única mujer que ha fundado su propio estudio de cine. Y estamos en 2017.

Cuenta la biógrafa que, en 1895, Guy tuvo la oportunidad de asistir a una demostración privada del nuevo invento de los Lumière, que la fascinó. A partir de aquel momento, la que era secretaria de otro de los pioneros de la industria del cine, León Gaumont, decidió utilizar la cámara de 60 mm perfeccionada por su jefe para contar pequeñas historias. El éxito le permitió abandonar el puesto de secretaria para dedicarse enteramente a la dirección, y en 1905 fue nombrada supervisora de los directores de la compañía Gaumont.

El libro relata cómo nuestra protagonista dirigió su primera película (un corto, como la mayoría de sus obras) a principios de 1896, cuando su jefe le dio vía libre para rodar La fée aux choux (El hada de las coles), la historia de  una pareja soñadora que llega a un campo sembrado de coles. De aquellos años son el documental de un minuto Danse fleur de Lotus (Danza de la flor de Lotus, 1897) o Jésus devant Pilate (Jesús ante Pilates, 1898), un ambicioso cortometraje que contó con numerosos extras. En 1902 dirige La fée printemps (El hada de la primavera), coloreada a mano, mientras que su primera película de larga duración es The Birth, the Life and the Death of Christ (La vida y muerte de Cristo, 1906), que incluía más de 300 extras, algo jamás visto antes. Un año antes, rodó en nuestro país el documental Espagne.

En 1907 se casa con Herbert Blaché y se traslada a Estados Unidos. Tres años después funda la Solax Company, con la que produjo 325 películas hasta 1914. Tuvo tanto éxito que construyó un estudio en Nueva Jersey, que, cuentan las crónicas de entonces, costó 100 000 dólares de la época (lo que equivaldría a unos 2,5 millones en la actualidad). La compañía consigue hacerse con un elenco estable de actores, que incluyeron a Billy Quirk, Marion Swayne o Vinnie Burns, grandes nombres del cine mudo. Guy Blaché escribe y dirige más de la mitad de las producciones de Solax y supervisa todas las películas de la factoría. Durante estos años trabajó en equipo con su marido: él se encargaba de la producción y la fotografía y ella, de la dirección artística.

En 1912 dirige The Call of the Rose (La llamada de la rosa), una película considerada «de mujeres» que cuenta la historia de una cantante de ópera profesional que se casa con un minero y pronto se da cuenta del vacío que le dejaba su inactiva existencia y se vuelve al este de los Estados Unidos a continuar con su carrera. También de este año es su película In the Year 2000 (En el año 2000), un corto de ciencia ficción en la que las mujeres controlan el mundo. La propia directora, que en muchos de sus filmes toca temas en los que la mujer es protagonista de su propio destino, negó, como nos cuenta McMahan en el libro, la visión femenina de la película. A pesar de ello, siempre insistió en que una mujer podía dirigir igual de bien que un hombre.

Un año más tarde, escribió, dirigió y produjo Dick Whittington and His Cat, una historia de piratas en la que uutlizó los efectos especiales, disciplina en la que fue, una vez más, pionera. Ya en 1915, cuenta con la famosa actriz Olga Petrova (fue primera diva de la Metro en la segunda década del siglo pasado) para protagonizar The Heart of a Painted Woman (El corazón de una mujer pintada), sobre una modelo que se convierte en prostituta cuando su amante le abandona. The Great Adventure (La gran aventura, 1918), protagonizada por Bessie Love (conocida actriz del cine mudo) es su última película como directora.

En 1922 se divorcia y regresa a Francia con sus dos hijos después de que su marido se haya ido con una actriz de la productora. No consiguió volver a la industria del cine y de nuevo se mudó a Estados Unidos (en 1927), donde buscó infructuosamente las copias de sus filmes para mostrarlos e intentar encontrar un trabajo. Pronto se dio cuenta de que no podría realizar ninguna película más. El libro relata cómo unos años más tarde se llevaron a cabo algunos homenajes a su figura (recibe la Legión de Honor francesa en 1955), hasta que falleció en 1968 sin haber podido volver al mundo del cine. Ningún periódico reprodujo su esquela ni publicó un obituario.

El año que viene se cumplen pues cincuenta años de la muerte de Guy. Alison McMahan explica allí donde va que fue una pionera en el mundo del cine (por el coloreado, por los decorados, por los efectos visuales, por la defensa del papel de la mujer), que se adelantó a Méliès a la hora de rodar sus primeros filmes, que inventó un lenguaje nuevo y desconocido hasta entonces para la cinematografía… Aunque ya nadie se acuerde. Este aniversario debería servir de razón inexcusable para brindarle un merecido homenaje, como cineasta y como mujer adelantada a su tiempo. Quizás, a todos los tiempos.●

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