Neoyorquinas y ochenteras

«Apegos feroces», de Vivian Gornick, y «Al caer la luz», de Jay McInerney

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Manhattan Bridge. // Foto: Bradley Weber.

En los últimos meses han caído en mis manos que, hipnotizadas, han pasado con velocidad sus páginas dos novelas con varios denominadores comunes que no supe apreciar hasta más tarde. Una fue el mejor libro del año pasado para el Gremio de Libreros de Madrid, es obra de un icono del feminismo neoyorquino llamada Vivian Gornick y lleva el potente título de Apegos feroces (Sexto Piso, 2017). La otra es un nuevo acierto de una editorial que se ha hecho merecedora de que le guardemos siempre sitio en nuestras bibliotecas: Libros del Asteroide ha vuelto a demostrar su buen ojo con Al caer la luz cuya portada seguro que han visto entre los recomendados de las mejores librerías y que nos regala el placer de conocer un autor al que volveremos a leer en este 2018 porque, afortunadamente, este libro pertenece a una trilogía firmada por el escritor norteamericano Jay McInerney. ¡Una trilogía! Y ya se me hace la boca agua a la espera de la segunda entrega.

Aparentemente ambas novelas comparten poco, aunque las dos son absorbentes y contienen unos personajes que se quedan con nosotros una vez terminada la lectura. Pasan los meses y de repente nos asaltan Russell y Corrine Calloway, volvemos a acordarnos del matrimonio en apariencia ejemplar de Al caer la luz, una pareja de treintañeros que triunfa en el Manhattan de los años ochenta, dentro de una clase social acomodada y entregada con la misma dedicación a sus apasionantes carreras (editor, él; agente de Wall Street, ella) y a las juergas y al despendole propios de su entorno y de la época. Todo es «en apariencia», porque a la mínima que se hurga un poco ay, así es la vida la alianza entre los dos yuppies se agrieta y, a la vez, nos atrapa. Hay en esta novela humor, pena, parodia, folletín, drogas, emociones fuertes, nostalgia de la juventud y descoloque ante la inevitable entrada en la madurez. Hay, además, un personaje que es ternura en estado puro, un arquetipo de lo neoyorquino y ochentero, que se llama Jeff y es una rock and roll star de las de antes. Merece la pena leer esta novela para conocer a Jeff Pierce.

Tampoco se le va a uno de la cabeza la madre de Vivian Gornick, porque la otra novela, Apegos feroces, es una autobiografía de la autora, de la que es columna vertebral el personaje de la mujer que le da la vida y que muy a menudo se la quita. Son feroces las broncas entre la una y la otra mientras pasean cogidas del brazo por el Manhattan de los años ochenta sin saber que, muy cerca de ellas, Russell y Corrine (los protagonistas de Al caer la luz) persiguen sus ambiciones y se estrellan dentro de otra novela, dentro de otras páginas. Quizás se cruzan pero cada pareja sigue su camino. Y nosotros detrás de ellas.

Lo mejor de Apegos feroces es la relación de la periodista y escritora Vivian Gornick con su madre, «perfectamente capaz de parar por la calle a un completo desconocido cuando salimos a pasear y soltarle: “Esta es mi hija, me odia”». Son dos modelos de mujer ferozmente opuestos que se aman y se odian a partes iguales. Es curioso que en estas memorias el lector empatice y prefiera a la progenitora antes que a la hija/autora. Al menos, a mí me parece un personaje mucho más interesante, complejo, experimentado. En definitiva, ahora que lo pienso, es el mejor homenaje, el más generoso, que puede hacerle una hija a su madre.

Además del terreno que pisan y de los años que viven en común, ese Manhattan y esos maravillosos ochenta, ambas novelas comparten la autoría de un escritor poco conocido para el gran público y rescatado ahora gracias a la varita mágica de una editorial modesta. Y, qué casualidad, fueron publicadas, en sus primeras ediciones, con escasos años de diferencia: la de McInerney, en 1992; la de Gornick, en 1987.

Es astronómica la cifra de libros que se publican cada año y engrosan las estanterías de las novedades. Qué alegría que convivan, gracias al buen hacer de algunas editoriales, con otros títulos que no van a pasar a la historia como obras maestras pero que merecen una segunda vida en nuestras manos y ante nuestros ojos. Al caer la luz y Apegos feroces han tenido esta segunda oportunidad gracias a Sexto Piso y Libros del Asteroide, auténticos ojeadores/hojeadores a nuestro servicio.●

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