Cómo el poder corporativo y militar moldea un mundo a su medida ante la crisis medioambiental

El gran negocio del cambio climático

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Presentación de «Cambio climático S.A.» en la sede de Fuhem Ecosocial. // Autor: Javier Martín.

El cambio climático es un hecho científicamente demostrado que, a estas alturas, pocas personas se atreven a cuestionar. Lo que no es tan visible son sus consecuencias económicas y sociales, unos puntos ciegos sobre los que trata de arrojar luz Cambio climático S.A., un trabajo del Transnational Institute (TNI) editado en castellano por Fuhem Ecosocial y que esta semana se ha presentado en Madrid, Barcelona y Bilbao.

En su presentación en Madrid, Nick Buxton, coautor del libro junto a Ben Hayes y editor del TNI, advirtió de que el cambio climático será un elemento «multiplicador de los conflictos», ya que estamos abocados a un mundo de escasez en el que se luchará por el control de los menguantes recursos. En este contexto, hay una relación inversa entre los que generan el problema y los que lo sufren, como apuntó el director de Fuhem Ecosocial, Santiago Álvarez, sobre todo porque los primeros tienen también la capacidad de eludir las consecuencias más dramáticas.

Uno de los problemas fundamentales en el tratamiento del cambio climático radica en el punto de partida, apunta Álvarez: no es solo una cuestión ecológica, sino también social, en la que se concentra demasiado la atención en los efectos y no en las causas, por lo que se olvidan a los responsables. Si no se cambia este punto de vista, se corre el riesgo de que los propios responsables adopten soluciones militarizadas, explica Álvarez. Es decir, la amenaza básica es que el problema vaya trasladándose de lo ecológico a lo social para legitimar estas acciones militares.

Arquitectura de la impunidad
¿Y quiénes son estos «responsables»? Sobre todo, las empresas transnacionales. Para Erika González, de Ecologistas en Acción y del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL), Cambio climático S.A. es un método de resistencia y una herramienta para luchar contra «un discurso hegemónico», ya que no solo hace un análisis de la situación, sino que también plantea mecanismos de control y alternativas para sacar del centro del poder a las empresas transnacionales.

El libro, explica González, quita la máscara de la responsabilidad social corporativa a los departamentos de márquetin y a los Gobiernos, que han llevado a la ciudadanía a «un callejón sin salida». «Las empresas ponen en marcha mecanismos de acumulación por desposesión», aseguró, y los Gobiernos generan un discurso para legitimar a estas multinacionales y que parezca que sin ellas estaríamos abocados al desastre, «como si fueran parte de la solución, y no del problema».

Nick Buxton. // Autor: Javier Martín.

Algunas de las estrategias que siguen las grandes multinacionales para legitimar y apuntalar su situación de dominio global en un contexto de cambio climático pasan por el reposicionamiento de la imagen corporativa: «un contraataque» empresarial a los conflictos sociales, laborales y medioambientales. También por la utilización de gabinetes de ideas (los famosos think tanks), que introducen en la sociedad el discurso de que son imprescindibles para el desarrollo, o su infiltración en instituciones internacionales.

En este sentido, apunta Erika González, la iniciativa en el discurso sería otro de los procedimientos habituales y una de las formas más eficaces de calar en el inconsciente colectivo, con la utilización de términos como «capitalismo verde», que no implican ningún cambio sustancial pero aluden a una renovación (inexistente) en sus prácticas, o cuando defienden que no hay alternativas posibles. Asimismo, González denuncia lo que denominó «la arquitectura de la impunidad»: la utilización de ejércitos paramilitares y policiales privados por parte de estas empresas, que irá en aumento ante la escasez de los recursos.

Nick Buxton admitió también que «las políticas del miedo ejercen su poder» y son efectivas, como, por ejemplo, cuando tratamos a los que más sufren el cambio climático como una amenaza, como a los inmigrantes, pero al final de su intervención quiso dejar un mensaje positivo: «El futuro es nuestro», dijo.

Así, afirmó que él no ha perdido la esperanza, ya que se demuestra que en épocas de crisis los movimientos de solidaridad y las organizaciones sociales son los más fuertes y los que mejor funcionan, aunque reclamó la unión de todos los movimientos sociales, pacíficos y medioambientales porque nos encontramos en «un estado de emergencia».●

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