Una invitación al placer de la (re)lectura

«O», de Alejandro Pedregosa

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«Cross Roads». // Autor: Stef Lewandowski.

Ya desde su título, este libro nos produce curiosidad. O es un título que puede parecer vanguardista, invitar al lector a abrirlo y darse cuenta de que estamos ante un libro de cuentos en apariencia fácil, aunque nada más lejos de realidad.

En la cubierta, esa «O» es el eje de un astrolabio, y en el momento en que nos damos cuenta de este detalle, podemos empezar nuestra lectura o aventura, porque los cuentos de Pedregosa nos ofrecen una aventura en la que nos embarcarnos si nos apetece. Si es usted un lector plano o un investigador, si pretende únicamente pasar un rato divertido o, además, aprender literatura, disfrutará igualmente la lectura de estos trece cuentos.

Podemos pensar que O es solo una conjunción y, por ende, una palabra sin significado léxico que expresa disyunción, opción, y la verdad es que eso es O: una opción múltiple fundamentada en la preocupación por el lector de un escritor con las ideas muy claras que busca y consigue, en mi opinión, adaptar la literatura al momento en el que vivimos sin perder un ápice de calidad.

La rapidez de nuestra sociedad y la falta de tiempo nos llevan a los amantes de la literatura a la elección del género; y aquí debemos mencionar a la editorial Cuadernos del Vigía, que entiende perfectamente lo práctico y acorde de los cuentos a esta época en la que arañar tiempo al tiempo es primordial. No por casualidad nos regaló hace años unos Relatos para leer en el autobús que cubrían perfectamente esa necesidad de lectura breve y de calidad.

Cumpliendo con esa preocupación por el lector, los cuentos llevan a la sorpresa, a provocar una sonrisa ya irónica, cínica incluso, ya melancólica o franca, pues Pedregosa, en cada relato, nos hace un guiño, una broma que suaviza la carga crítica de la historia. Retrata situaciones y personajes que, por desgracia, existen muy cerca de nosotros, que podrían viajar en el asiento de al lado en el Metro o el autobús, pero sin castigarnos con reprimendas, mostrando, eso sí, lo que a veces no queremos ver o recordar.

Aquí es donde entra a jugar el magisterio de Pedregosa, que cumple con la máxima de la literatura que ya Horacio nos marcara a los escritores: prodesse et delectare, que en este caso se adapta a la realidad actual y se convierte en «enseñar O deleitar», opción que puede tomar el lector sin perder el placer de la lectura, pues hoy parece que la única obligación es reír.

No obstante, podemos ser rebeldes, egoístas con el libro y renegar de esa «O» acaparándolo todo, exprimiendo todas las opciones que nos ofrecen los relatos, jugando e investigando, aprendiendo y reflexionando.

Pensándolo bien, no recomiendo la lectura, sino la relectura de cada uno de los cuentos que Alejandro Pedregosa nos regala. La lectura es fácil, un libro que se disfruta porque, como decía, hace reír y recuerda que la bondad no siempre triunfa. Lo difícil, lo entretenido, el juego, es aceptar la invitación a la relectura.

Cada cuento se titula con un binomio: «El buen samaritano o el vasallaje». ¿Está ahí la influencia bíblica o solo es el recuerdo de una parábola conocida? La metaliteratura está presente de una forma evidente, pero en este libro no todo es tan obvio si se escarba. El juego metaliterario llega en ocasiones a un nivel borgiano, de biblioteca de Babel, como en «El ratoncito Peres o la academia» y, si seguimos la partida, veremos a Juan Rulfo asomando en el desierto de México.

El análisis de los temas, la reflexión que, juguemos o no, nos provoca Pedregosa, la búsqueda de la moraleja es otra invitación, esta vez a visitar la hemeroteca. ¿De dónde habrá salido la idea? ¿Qué noticia o personajes reales pueden estar detrás de «El complejo de Electra o la pornografía»? ¿Realmente existe un burdel con el dulce nombre de La Casita de Chocolate? En algunos casos no hay respuesta, porque los cuentos y sus moralejas son universales, pero en otros, quizá, podamos encontrar una respuesta que apague la curiosidad y nos abra otra sonrisa.

No puedo, por menos, dejarles otra pregunta: ¿cómo puede Patronio, aquel consejero de nobles, hacer que pateen a un rey?

Es O un conjunto de relatos que invitan a la literatura sin dejar de ser un libro agradable, y eso, hoy, es muy difícil.●

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