El fotógrafo madrileño homenajea a la mujer en su último trabajo

JEOSM: «Hay una burbuja en el mercado del fotolibro»

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JEOSM nos recibe en su estudio para hablar sobre Mujer, un fotolibro en el que ha querido rendir homenaje a las mujeres, pero, sobre todo, a aquellas —como su madre— que le demostraron que la fuerza no es una cuestión de físico. El fotógrafo madrileño ha retratado a cien mujeres que se enfrentan a la cámara sin otra premisa que ser ellas mismas, lejos de la ficción idealizadora de Photoshop o Instagram. Aunque su poética está definida de una forma singular por el mundo urbano del grafiti y del hip hop, JEOSM reconoce que, en el fondo, es un fotógrafo muy clásico que bebe del blanco y negro de maestros como Richard Avedon, Helmut Newton o Elliott Erwitt. La honestidad, afirma, es la única regla que no se puede saltar.


[Fotografías: Javier Paredes.]

Antes del JEOSM fotógrafo hubo un JEOSM grafitero. Y no puede entenderse el uno sin el otro. Antes de la cámara, JEOSM empuñó esprays con los que llenó de pintadas los muros de Villaverde Bajo, un barrio del sur de Madrid que fue, dice, su «mejor universidad», de donde recogió los códigos éticos y estéticos que han marcado su vida. De esa época nocturna y clandestina, en la que no faltaron las carreras delante de la policía o los guardias de seguridad, el fotógrafo se trajo el valor, el instinto de alerta para capturar el gesto preciso y, sobre todo, la seguridad de que la diferencia es el mayor valor en el arte.

Dos hombres hablando de un libro sobre mujeres… Mal empezamos.
[Risas] Este libro es un homenaje a la mujer, y me parece interesante que, en este caso, sean dos hombres los que lo hagan. Tú, dándole espacio y yo, por otro lado, haciendo el libro.

¿Por qué optas por la autoedición?
Básicamente, porque es lo que llevo haciendo mucho tiempo. Mis dos primeros libros [Realidad y Sacrificio] fueron autoeditados; el tercero [Guerreros urbanos] lo coeditaron La Fábrica y Alfaguara y, para Mujer, no he hablado con ninguna editorial ni se lo he presentado a nadie. Concibo la autoedición como una manera de gestionar mi trabajo. Además, tenía dudas de que un proyecto así pudiera interesar a alguna editorial. Siempre he sido muy autosuficiente, y si puedo hacerlo yo, lo hago. Evidentemente, a nivel profesional o mediático no es lo mismo que publicar con una editorial y que lo mueva, pero es que ni me lo planteé, ya te digo.

¿Valoras más la independencia de tu trabajo que las ventajas que puede ofrecer una editorial en cuanto a distribución o visibilidad, por ejemplo?
Sí, pero es que hay una burbuja en el mercado del fotolibro. Conozco a fotógrafos que tienen mucho bombo con sus libros en editoriales que están en un montón de sitios, pero a la hora de la verdad se venden muy poquitos. Las ventas más altas que he visto han sido de doscientos, trescientos ejemplares, y te hablo de autores reconocidos. No vi necesario utilizar unos recursos muy grandes para hacer este libro o involucrar a mucha gente. He tenido la suerte de contar con Doménico Chiappe, un gran amigo, que me ha echado una mano en la edición, con otra amiga que lo maquetó y con la gente de Délamon Circus, que hizo la cubierta. Pero no es una cuestión de «yo contra el sistema» o que haya salido desencantado de trabajar con La Fábrica o Alfaguara. De hecho, mi relación con estas editoriales es muy buena, me llevo muy bien con ellas y las aprecio mucho. Cuando estás inmerso en un proyecto fotográfico, es importante la visión de una persona de fuera que te ayude a quitar los vínculos emocionales con la imagen. Es decir, una fotografía puede parecerte la hostia porque te ha costado mucho hacerla, o al revés, una mierda, por eso necesito esa objetividad y frialdad de fuera.

Concibo la autoedición como una manera de gestionar mi trabajo

Cuesta mucho desvincular el esfuerzo que requiere cualquier obra del resultado final…
Totalmente, pero sobre todo desvincular el esfuerzo de lo que quieres transmitir. Es decir, ¿estás siendo objetivo con la emoción de una foto que te gusta? ¿Es realmente lo que necesitas y lo que estás buscando? Cuando se trata de un trabajo personal, me cuesta algo más. Pero esto no creo que sea solo algo propio de la fotografía, sino de todas las artes.

¿Eres muy autocrítico?
Sí, pero no en cuanto a la técnica, sino en lo relativo a la sinceridad del trabajo. Es decir, que la gente sienta la sinceridad que yo quiero transmitir. Creo que definiría mi trabajo personal como «honesto». Necesito esa visión de fuera para saber si lo que estoy contando se ve o no, y es lo que intento por todos los medios: hacer algo honesto y sincero.

Volviendo al libro, las mujeres que retratas tienen una estética urbana muy concreta. ¿Crees que esta elección puede delimitar su mensaje?
En el prólogo lo dejo claro: «En este proyecto retrato a mujeres de mi generación y de mi entorno». El tema de la mujer es muy amplio, muy delicado y con muchas vertientes, por lo que yo he querido abordarlo desde mi entorno y con mujeres de mi generación. Un tipo de mujer que yo conozco. Al igual que en mis anteriores trabajos, esto me ha ayudado a dar una visión sincera y real. No puedo hacer un libro de mujeres de entornos sociales o culturales de los que no maneje los códigos.

Algunas mujeres posan semidesnudas, en actitudes incluso eróticas, lo que ya te ha granjeado algunas críticas porque parece que contradice el discurso feminista del libro.
Las integrantes de Femen, por ejemplo, protestan enseñando los pechos… El feminismo es un abanico casi tan grande como la fotografía. No veo contenido sexual ni, incluso, sensual. Lo que sí veo es empoderamiento de la mujer, desnudez emocional y, en algunos casos, también física, pero que dice «aquí estoy yo», «yo soy así». Veo fuerza, carácter… Al final, depende de cómo lo mire cada uno. Pasa como con los libros: cada persona lee uno diferente. Yo puedo intentar que el espectador vea en la foto lo mismo que yo quiero transmitir, pero en ocasiones no pasa. No puedes controlar todo.

Definiría mi trabajo personal como «honesto»

En los retratos utilizas el contrapicado porque da una imagen muy poderosa de la mujer, como dices. ¿Y por qué has optado por el blanco y negro?
Porque es mi lenguaje, en el que me siento más cómodo. Mi trabajo personal siempre es en blanco y negro. Soy un fotógrafo muy clásico, al fin y al cabo. Trabajo en digital porque económicamente no me puedo permitir trabajar en analógico, aunque sí intento que mis fotos tengan un toque analógico, que parezcan reales. Claro que me gustan autores que trabajan en color, pero yo concibo la fotografía con el blanco y negro de Richard Avedon, de Helmut Newton, de Elliott Erwitt. Grandes referentes con los que yo he crecido. En cuanto al contrapicado, las fotografías están tomadas con un 20 mm para conseguir ese efecto de empoderamiento, de fuerza. Honestamente, tenía miedo a la hora de afrontar este proyecto porque en el 90% de las ocasiones trabajo con hombres: futbolistas, cantantes de rap, escritores de grafitis, actores, escritores… Las mujeres, no sé por qué, siempre han sido una minoría en mi trabajo. Cuando retrataba a una mujer, no lo hacía con la misma intensidad que cuando retrataba a un hombre. Miré muchos libros de fotografías y busqué en redes sociales para comprobar cómo se estaba retratando a la mujer, y quitando algunos autores concretos, me pareció todo muy similar: fotos asépticas de moda con mujeres poco expresivas, o fotos sexuales o sensuales, como comentábamos antes. Mis fotos son duras, no son especialmente bonitas, siempre tienen contraste, grano, mucho negro… Fotos fuertes a nivel estético y creo que también a nivel emocional, ya que intento capturar gestos duros. Traté de retratar a la mujer como miro yo. Me parecía lo más lógico. Empecé a trabajar con el gran angular: es una lente que he utilizado mucho y con la que me siento muy cómodo, pero que se ha usado muy poco para retratar a mujeres, ya que en moda se suele trabajar con teleobjetivos para estilizar la imagen, así que me dije: «¿Por qué no voy a hacer un proyecto de retratos a mujeres con un gran angular?». De ahí surgió la idea: retratar a la mujer igual que hago con el hombre: con carácter. Conozco a mujeres que le echan muchos más cojones a la vida que los tíos. Para mí la mujer es el sexo fuerte, no el débil. Mi referencia es mi madre, una mujer independiente, luchadora, muy muy trabajadora, cariñosa, amable y, sobre todo, fuerte.

De hecho, le dedicas el libro.
Claro. Yo veo a la mujer así, y con un respeto abismal. Y toda esa visión me la ha dado ella, por eso qué menos que dedicarle el libro. Recuerdo la situación que tuvo mi madre cuando nosotros éramos pequeños y yo, como hombre, me hubiese hundido en la miseria, lo hubiese pasado fatal y me hubiera costado mucho salir como salió ella. Ahí es donde está el sexo fuerte como lo entiendo yo.

Las fotos vienen acompañadas de algunas definiciones de «mujer» ofrecidas por escritoras, periodistas, artistas…
Q
uería que mi participación en el libro fuesen las fotografías y, evidentemente, un prólogo explicando por qué lo hacía, pero después de colaborar con Pérez-Reverte en Guerreros urbanos me di cuenta de que un buen texto le da mucho peso a un trabajo fotográfico; a cualquiera, pero al mío en concreto, mucho. Así que me puse en contacto con algunas mujeres para que escribieran un pequeño texto para el libro. Lo primero que hice fue mirar la definición de «mujer» según la RAE y, partir de ahí, le pedí a escritoras y a mujeres de la cultura y del arte que participaran aportando su pequeña definición. A algunas sí las conozco en persona, pero con otras me puse en contacto a través de las redes sociales.

Soy un fotógrafo muy clásico

¿Te consideras feminista?
No diferencio… Sí me jode cuando veo a mujeres que cobran menos que yo haciendo el mismo curro y me molesta cuando tienen que pasar por situaciones por las que nosotros no: piropos en la calle y cosas así. Me parecía interesante hacer este homenaje porque, por un lado, no veía que se hubiera hecho y, por otro, porque el papel de la mujer en el sector de la fotografía me parece muy injusto.

En el mundo del arte, tan aparentemente abierto y desprejuiciado, ¿existe también el machismo?
Seguramente sí. Pero no me refiero tanto a las fotógrafas, que por suerte hay bastantes, están reconocidas y están haciendo unos trabajos increíbles, sino a las mujeres como modelos. Es un mundo mucho más exigente para ellas que para un hombre: se da por hecho que hay que tratar las imágenes con Photoshop, pero el hombre sí que puede salir con arrugas, con un gesto duro o incluso de mala leche, y se valora positivamente. Se dice: «¡Qué carácter!». En la mujer no se dice eso, sino que no sale bien, poco favorecida… No sé si tiene que ver con la fotografía o con esta presión social hacia las mujeres y el cuerpo. Están obligadas socialmente a cuidarse. ¿Por qué? Tienen que echarse cien mil cremas, sufrir con los tacones, correr… Qué presión. Que hagan lo que quieran.

No sé si has seguido la polémica que se ha montado en internet por una chica que ha decidido no depilarse y subir sus fotos a Instagram.
No, no lo he visto, pero me parece bien. De hecho, en Mujer también aparecen mujeres con pelos, estrías o cicatrices. No sé por qué tengo que ver como algo negativo que una chica tenga pelos en el sobaco. A mí a lo mejor me cuentan más las estrías que una portada de Interviú. Es su elección, me parece muy bien. Que haga lo que quiera. Es su cuerpo.

¿Cómo fueron las sesiones, ya que creo que la mayoría no eran modelos profesionales?
Igual hay alguna que hace algún currillo de modelo, dos o tres, pero es un porcentaje muy pequeño. Las sesiones, por desgracia, fueron demasiado rápidas. Lo digo porque no pude trabajar con ellas tanto como me hubiese gustado. En una sola tarde podían pasar por el estudio dos o tres chicas en sesiones de una hora. La suerte es que tenía muy claro lo que buscaba. La única premisa que había es que vinieran como quisieran y, ya que han participado en el libro y no podía pagarlas, les he regalado a cada una diez fotos. No quería que sintiesen que me estaba aprovechando de ellas. Hubo alguna que no quiso participar, y lo entiendo perfectamente, por supuesto.

Has mencionado antes algunos fotógrafos. ¿Cuáles son tus referentes?
Richard Avedon, Helmut Newton, Elliott Erwitt, como te he comentado, Esteban Oriol… En cuanto a fotógrafas, la más top es Annie Leibovitz y, en España, me gusta mucho lo que hace Isabel Muñoz, aunque tiene un trabajo que a mí no me gusta, el de las maras, porque hace las fotos en un estudio y los trata como modelos de Calvin Klein. Ya que tienes los medios que tienes, hazlo de verdad. También entiendo que no se la quiera jugar y que buscaba una estética determinada y hablar de la belleza, que es su lenguaje. En ese sentido, chapeau. Yo no lo haría como ella, pero me parece un trabajo impecable y precioso. Isabel Muñoz tiene una sensibilidad para la belleza que no tiene ningún tío, y la explota muy bien. También me gusta Sue Kwon, una fotógrafa norteamericana que no es muy conocida pero que tiene un trabajo de street photography brutal. Su libro Street Level es increíble. También Martha Cooper que, junto a Henry Chalfant, enseñaron al mundo la cultura del hip hop en fotografía. Aunque es muy conocida por ese tipo de trabajo, tiene un libro llamado Street Play, que muestra cómo los niños del Bronx utilizaban el espacio urbano para jugar, que es increíble. Tienen una sensibilidad y un encanto que, por mucho que queramos, los tíos no tenemos. Yo puedo tener fuerza o carácter en la mirada, pero no voy a poder tener nunca la belleza que tiene Isabel Muñoz o el ojo de Cristina García Rodero: una mirada tan intensa, tan veraz y tan bonita componiendo. No estoy diciendo que haya fotografías de hombres y de mujeres, sino que hay fotógrafas que me gustan mucho y que tienen una mirada que no tienen muchos tíos.

En el retrato está todo inventado

¿Algún referente estético fuera de la fotografía: pintores, cineastas…?
Para mí un pintor clave es El Greco. Mataría por hacer un retrato como los hacía él. Una foto con esa iluminación y esa composición… Increíble. Augusto Ferrer-Dalmau, por ejemplo, me parece la hostia. Es un fuera de serie. En el retrato está todo inventado en el momento en el que hay un Avedon o un LaChapelle, aunque son opuestos en cuanto a técnica. Depende de dónde ubiques al personaje, cómo lo ilumines y su gesto, pero lo que queda es diferenciarte. Yo concibo la fotografía como el grafiti en la lucha constante y continua por un estilo personal. De hecho, me hice fotógrafo gracias al grafiti, ya que ahí lo importante, sea una pieza mejor o peor, es que vean que es tuya, tener tu estilo, y en la fotografía intento buscar lo mismo: algo que puede gustar más o menos, pero que al final tenga mi sello.

Debido a tu técnica y a tu estética, podrías ser un sucesor de García-Alix…
Me parece un halago. No lo he nombrado antes porque me parece obvio que es un referente, igual que Miguel Trillo, aunque no tiene nada que ver con el tipo de fotografía que puedo hacer yo. Ricky Dávila, Castro Prieto… Yo mataría por tener un blanco y negro como el de Castro Prieto.

Entonces imagino que la elección de García-Alix para comisariar seis exposiciones en la próxima edición de PHotoEspaña te habrá gustado.
Sí, sí, pero no suelo ir a las exposiciones. No me gusta esta tendencia emergente que fotografía un candado o un cerrojo y te cuenta una milonga de la hostia… Para mí, eso es más arte que fotografía. Creo que el oficio del fotógrafo es otro. Tenemos una responsabilidad histórica: retratar momentos que no se van a volver a repetir, personajes que con el tiempo van a cambiar, y retratar cosas más allá del mero objeto, de ahí que haga retrato y no paisaje. No me interesa la fotografía en la que no hay una persona, por eso también soy más clásico. También Cartier-Bresson, Robert Capa o, por ejemplo, Mapplethorpe, con el trabajo tan potente que tenía. Volviendo a García-Alix, es un referente, claro, un grande indiscutible. La gran diferencia entre el trabajo que hace él y el mío, sin compararme, cuidado, ni muchísimo menos, es que para mí es un autor espejo, con una obra de autorretratos, muy autobiográfica, y yo sería un autor ventana: enseño lo que veo sin darme importancia. Nunca he hecho autorretratos ni considero que yo sea interesante para nadie.

Aunque con un estilo completamente diferente al tuyo, otro maestro del blanco y negro es Chema Madoz. ¿Qué te parece su obra?
Chema Madoz es un artista. Yo no soy un artista, soy un fotógrafo. Me parece un referente a nivel histórico y artístico. En cuanto al blanco y negro, imagino que trabaja así porque es el lenguaje con el que se siente cómodo y porque le da cierto romanticismo a las fotos. Si hiciera esas fotos en color, perderían poesía. Me encantaría quedar un día con él para hablar.

[Esta pregunta la lanza Javier Paredes, el fotógrafo.] Como fotógrafo, ¿entiendes el selfie?
Claro. Lo entiendo muy bien porque yo vengo del grafiti. El ego al extremo. El grafiti es puro ego, poner mi nombre por todos los lados. La gran diferencia es que yo nunca mostraba mi cara. Lo que habla de mí, igual que en el grafiti, es mi trabajo, y es lo que tiene que verse, y mi cara no es necesaria para entenderlo.

Haber crecido en un barrio como Villaverde Bajo, ¿ha marcado tu estilo de algún modo?
Claro. En todo. Desde mi experiencia familiar (mi madre, mi hermano, la separación de mis padres…) hasta los pocos recursos con los que nos hemos criado. Lo que agradezco enormemente, y ni siquiera puedo evaluar todo lo que me ha aportado, es haber utilizado la calle como espacio de crecimiento. La calle era nuestro entorno y nuestro espacio, donde yo me sentía cómodo. De hecho, recuerdo que Jacinto Antón nos preguntó en una entrevista cómo no nos daba miedo meternos en ciertos sitios, pero es que era mi zona de confort. Estoy a gusto de noche, pintando en unas vías, es lo que controlo. Sé que si viene alguien va a ser un escritor de grafitis, un policía, un vigilante jurado o un vagabundo, pero no va a haber nada más. Villaverde también me dio la autosuficiencia: tener pocos recursos y aprender a buscarme la vida, las habilidades sociales, cómo solucionar conflictos… Eso es algo que no se puede pagar con dinero. Es la mejor universidad que he tenido. Además, tuve la suerte de descubrir el grafiti y «salvarme» de la drogadicción que había en ese barrio, de las malas influencias… Villaverde era un barrio obrero, apartado, con Torregrosa al lado, muy cañero, con cierta delincuencia… El grafiti me ayudó mucho, y una de las cosas que más valoro es que sigo teniendo los mismos colegas que entonces. Son mis hermanos desde los 13 años. Todo esto me ha formado como persona y, evidentemente, como fotógrafo.

No soy un artista, soy un fotógrafo

¿Qué queda del joven grafitero en el JEOSM adulto?
Una cosa que no tiene nada que ver con la fotografía y sobre la que reflexiono muchas veces: qué le ha aportado JEOSM a José. En mis viajes he dormido en cajeros automáticos, en túneles de Metro… Pero no me ha faltado de comer, de beber ni de fumar. Me he buscado la vida y he aprendido a tener más seguridad en mí mismo y la importancia de la diferencia como valor; cómo ser diferente es un valor al alza. Todo esto me lo ha dado el grafiti y el apodo de JEOSM. Por eso, cuando decidí hacer fotografía opté por llamarme así y no José Clemente, porque si no hubiera parecido que tenía un estudio de bodas y comuniones [risas]. Al fin y al cabo, también soy yo, y me siento más cómodo separando así mi vida profesional de la personal.

Para algunos, el grafiti es solo vandalismo y para otros, arte. ¿Cuál es tu opinión?
Tiene más de vandalismo que de arte. De hecho, en Guerreros urbanos se deja bastante clara la visión que quería mostrar del grafiti y fue una de las cosas que sedujo a Pérez-Reverte para escribir los textos: el símil que veía con la guerrilla urbana. Lo que se dice de que si es legal, no es grafiti, es completamente cierto. Puede ser ilustración, pintura mural, decoración con espray, lo que sea… Pero el grafiti tiene que ser ilegal y no tiene nada que ver con el arte urbano.

¿Cómo pasaste del grafiti a la fotografía?
Yo fotografiaba las pintadas que hacía. No tenía mucho sentido pintar un tren y no poder conservar eso.

Pensaba que uno de los encantos del grafiti radicaba en su temporalidad…
Debería ser así, pero al final siempre quieres el recuerdo. En mi caso, no por una cuestión de ego, sino para conservar parte de mi vida y de mi historia. Los grafitis son como pequeños hijos que vas teniendo. El caso es que los fotografiaba y la mayoría de las veces las fotos no salían, claro, y fue cuando empecé a enterarme de que había carretes con distintas sensibilidades, distancias focales… Además, en las fotos no cabían las pintadas. La cámara, de manera estándar, viene con un [objetivo de] 50, y poco a poco aprendes que también hay de 35 milímetros, 28, 24, 20… que dan más amplitud. Por eso me interesé un poco por la técnica fotográfica. Pasaron los años y poco a poco me di cuenta de que necesitaba ciertos conocimientos para hacer buenas fotos de mis pintadas. Un buen amigo de Valencia, que había estudiado fotografía, me animó a comprarme una réflex. Como quería sacarle el máximo partido, me apunté a una escuela de barrio, en la calle Cabanillas, con Gustavo Yunta, que me enseñó casi todo lo que sé. Recuerdo que el primer porfolio que entregué como trabajo fue de retratos. Por eso siempre digo que soy un fotógrafo con la visión de un escritor de grafitis, porque eso me ayudó mucho a mirar y a comportarme.

[Chema Conesa] me parece el capo del retrato en España. Un genio

Llegaste al mundo de la literatura de la mano de Pérez-Reverte, que se puso en contacto contigo cuando escribía El francotirador paciente y luego hicisteis juntos Guerreros urbanos. ¿Qué te ha parecido el mundo de las letras?
Por desgracia, nunca he sido un gran lector, aunque leo y tengo muchos libros. No soy un tipo excesivamente culto, ni muchísimo menos. Tengo la EGB. Me maravilló poder conocer a tu tío que admiraba, currar con él codo con codo y ver que tenemos un montón de cosas en común. Hay un salto generacional, cultural y social, pero tenemos códigos muy parecidos y hablamos el mismo idioma en muchas cosas. Ver cómo se mueve el mundo de las letras, fotografiar a escritores y compartir con ellos ciertos momentos me parece algo muy interesante, incluso digno de investigación, porque al final es un mundo con ciertos toques infantiles. Hay un montón de envidias, de egos, de rencores… Eso me llama la atención, igual que la poca importancia que se les da a muchos de ellos. Es decir, hay escritores mainstream, pero también gente muy preparada que escribe de la hostia, pero que están currando en otras cosas, muy mal pagados y explotados.

¿Cuál es tu siguiente trabajo?
Varios. Uno es un diálogo entre un escritor de grafitis y su firma: qué le ha llevado a hacer ese tag y cómo se han complementado el uno con el otro. Otro proyecto, aunque este es más a largo plazo, aborda las mujeres en el mundo del grafiti, que me parece algo muy interesante. Cuando hicimos Guerreros urbanos me preguntaron mucho sobre este tema y, evidentemente, hay pocas. Vamos a sacar eso a la luz y que la gente vea que tienen mucho más huevos que muchos hombres.

¿Qué proyecto te gustaría hacer?
Retratos. Me gustaría mucho. Personas que han sido importantes para mí o que creo que son importantes para la sociedad y merecen ser recordadas. Me lo tomo con mucha tranquilidad porque concibo la fotografía como una carrera de fondo. No se trata de venir mañana con un libro de obras maestras. Para eso está Chema Conesa, que, por cierto, fue el editor de Guerreros urbanos. Me parece el capo del retrato en España. Un genio.●

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