«Elle», de Paul Verhoeven

«Lust for life»

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Títulos de crédito iniciales; sobre negro, el ruido de lo que parece ser una ventana rota y, acto seguido, sonidos de algún tipo de agresión (¿sexual?) a una mujer —lo que se confirma pocos segundos después—; primer plano de un gato, único e indiferente testigo del ataque; e, inmediatamente, tras la huida del agresor, recogida de los desperfectos (físicos y emocionales) y, sin solución de continuidad, retorno a las rutinas familiar y profesional por parte de la agredida sin mediar palabra ante este abrupto suceso sobre el que girará el resto de la película.

Así, con esa misma indiferencia absoluta de la mascota felina, se inicia Elle, última propuesta tras las cámaras del pretendidamente controvertido Paul Verhoeven (Instinto básico, Showgirls), basada en la novela Oh… (Gallimard, 2012), del escritor francés Philippe Djian, según Le Figaro, el «retrato de una heroína moderna… dentro de una época emblemática, la nuestra, que suscita un vértigo metafísico saludable».

Ella es Michèle (Isabelle Huppert), la protagonista de este drama contemporáneo. Ella, madre divorciada, empresaria, exigente, moderna y libre. Ella, junto a un inmaduro hijo que espera descendencia fruto de su relación con una mujer que no le respeta. Ella y su sexualmente desenfadada madre, que la obligará a enfrentarse a un trauma del pasado. Ella junto a su exmarido, escritor fallido con dudas profesionales y aun más sentimentales. Ella y su insaciable amante, actual pareja de su mejor amiga. Ella y su insólito vecino, que le ha despertado apetito carnal. En definitiva, ella contra todos pero al frente de todos, cabeza visible, pero no por ello menos aturdida, de distintas generaciones de urbanitas totalmente desorientadas sentimentalmente.

«El modelo dominante siempre me ha parecido aburrido. Si algo es dominante, ¿para qué tomarse la molestia? Solo cuando las cosas son distintas se vuelven más interesantes», afirmaba Verhoeven antes de la presentación de la película en Cannes. Bajo esta premisa, el director holandés parece querer eludir desde el comienzo el incidente con el que se abría la película en un ejemplo más del inquebrantable carácter de la protagonista, un suceso del todo inesperado que no va mermar su determinación personal y profesional, que no va a convertirla en víctima frente a las autoridades policiales, víctima frente a sus allegados, víctima… como en su infancia.

Aparentemente insensible a las relaciones sociales, Michèle solo parece mostrar interés por las personas en la medida en que tienen o han tenido un vínculo sexual con ella (como fuente de vida o de entretenimiento, según el caso), pero que en su madurez se manifiesta como un cierto deseo de reivindicación hedonista (tan propio de nuestro tiempo), ansia de placer, incluso (o a pesar) del dolor.

Por todo ello, la película cobra mayor interés cuanto más profundizamos en la pertinaz voluntad de ruptura con el papel tradicional de mujer de Michèle, en su condición de mujer liberada de ataduras aclaratorias, en su, por qué no, osadía sexual. Una inusual figura femenina, por otro lado, no del todo ajena a Isabelle Huppert, quien ya representara caracteres femeninos algo alejados de la norma (La pianista). Por ello mismo, todo este discurso se tambalea cuando, por momentos, Verhoeven juguetea tras las sombras con la posibilidad del thriller criminal (merodeador encapuchado incluido) o con la jugosa oportunidad de construir un lacrimoso relato sobre el trauma infantil de la protagonista y un padre ausente de tendencias psicópatas cuya herencia sobrevuela al personaje durante todo el filme. No por nada, la muerte de éste marcará un nuevo camino entre un antes autodestructivo y un después expiatorio. «Dejé de mentir», reconocerá Michèle a su mejor amiga durante una fiesta.

«El universo es violento por definición, y el sexo forma parte de él. El animal que seguimos siendo se comporta de manera violenta: agrediendo, matando y practicando la dominación sexual», concluye Verhoeven en esta misma entrevista. En definitiva, animales sexualmente violentos, confusos e indiferentes, pero que pueden llegar a revelar el lado oculto en algunos de nosotros tan claramente como un libro abierto.●

Lee aquí la contracrónica de Elle.