Eduardo Madina: «No se puede gobernar nada sin haber leído nada»

1

  De Eduardo Madina (Bilbao, 1976) se han escrito decenas de perfiles, aunque apenas pasa de los 40 años, y en todos se destaca su pasión por la literatura y la música. Muchos rondaron su momento político más importante: cuando intentó liderar el PSOE en julio de 2014. Pero fue precisamente esa época la que más le alejó de los libros. Así lo desvela en una entrevista a Cuatro Ojos Magacín en la que, acompañado por algunas de las lecturas que ha tenido entre manos últimamente, viaja del Rayuela que le marcó en la juventud a la literatura centroeuropea a la que está entregado desde hace unos años. Trieste es su libro de 2016. Pero también hablamos de la «tensa» relación de España con la cultura. Unos la adoran y otros la desprecian. Y él, que cree que aquí «se lee regular», tiene claro que «no se puede gobernar nada sin haber leído nada».


[Fotografías: Javier Paredes] 

 

eduardo-madina9¿La política te deja tiempo para leer?
Por fases. En la etapa previa al último Congreso del PSOE, la verdad es que no me dejó mucho. Pero en este último ciclo de dos años, el PSOE me ha dejado bastante tiempo para leer.

Y cuando no tienes tiempo para leer, ¿notas que te afecta de alguna manera?
Creo que estoy mejor conmigo mismo cuando leo
, cuando investigo sobre libros, cuando me acerco a librerías y busco referencias, cuando cojo alguno de los no sé cuántos libros que tengo pendientes… Pero, bueno, puedo sustituir la lectura por el cine, por series de televisión o por música. Una de esas cosas tiene que estar presente. A veces están todas y a veces solo hay tiempo para una de ellas, y con esa vas tirando.

Antes de sentarnos aquí, te pedimos que nos contaras qué libros has tenido últimamente entre las manos, y no hay nada que tenga que ver con política actual. ¿Tienes bastante con tu día a día?
Tengo ensayos que me gusta leer sobre economía, globalización, la Unión Europea, últimamente asuntos vinculados a geopolítica de la energía… Cosas así, pero creo que vamos a decir que, desde un punto de vista literario, obviamente no es lo que me genera atención. Mis gustos de lectura son otras cosas y no tienen normalmente nada que ver con la política. Bueno, algún libro hay que tiene referencias políticas, como Viva, de Patrick Deville, por ejemplo. Pero no es política actual. El libro transcurre en los años treinta, en México D.F., y salen personajes históricos, como Trostki, pero la verdad es que no le dedico mucho tiempo a la literatura sobre política actual.

La verdad es que no le dedico mucho tiempo a la literatura sobre política actual

Afirmas que en ocasiones lees ensayos, pero tampoco hay ninguno en la lista que nos has pasado (este año que parece que este género se ha puesto muy de moda), y tampoco hay ninguna ficción pura. ¿Es casualidad?
Es posible. En realidad, Viva no es ficción, pero es narrativa casi ficcionada, porque los detalles que da (de reuniones, de encuentros, de sentimientos de los personajes…) son una construcción literaria, obviamente. Trieste creo que es una maravilla. Para mí, el libro de 2016. Hacía mucho tiempo que no leía algo de ese nivel. Es verdad que yo estoy muy influenciado por la literatura centroeuropea, la llevo leyendo seis u ocho años, y todos los autores que he descubierto han terminado siendo los que más me gustan. Trieste, de alguna manera (o de muchas), resume lo que creo que la literatura centroeuropea del siglo xx ha conseguido mejor que nadie, que es una búsqueda de la identidad en lugares de frontera. Y en esta novela, Dasa Drndic lo eleva al cubo, lo consigue de una manera todavía más compleja. Para mí ha sido un descubrimiento. Es el libro que más he recomendado en el último año.

¿Y qué otros autores, hablando de literatura centroeuropea, has leído?
Empecé con Umberto Saba, que fue el primero en entrar en mi vida por el lado de Trieste, digamos. Luego pasé a Scipio Slataper, que para mí es un autor fundamental. Hay que leerlo. Además, recuerdo que con Pepe Griñán coincidía mucho en gustos. En los tiempos de la Ejecutiva de Rubalcaba, solíamos dedicarle un rato cada lunes a hablar de frikadas de estas. Me gusta mucho también Claudio Magris, que hace años fue un gran descubrimiento, sobre todo una obra que me regaló Meritxell Batet titulada El Danubio, y que para mí abrió claramente la zona de los países de la quinta ampliación, toda la franja entre la antigua URSS y el antiguo espacio de la UE a quince; una zona hacia la que vivimos muy de espaldas. Me gusta mucho todo lo que viene de ahí. Por ejemplo, hay un libro poco conocido que se titula Plaza de Dante, de Dragan Velikic. También Una tumba para Boris Davidovich, de Danilo Kiš. Lo leí a finales de 2015 y creo que es un libro que te genera un escalofrío en cada página. Me quedaría con este autor, si tengo que elegir entre ellos.eduardo-madina7

En concreto, ¿qué tiene de especial Trieste para que lo remarques como uno de tus libros del año?
Creo que complejiza muy bien la búsqueda de una identidad en un espacio de frontera, como es el centro de Europa, la zona de los alrededores de Trieste, con una pregunta más: cuál es la identidad de los hijos de los dirigentes nazis que fueron tenidos en secreto, o que fueron robados y adoptados cuando eran bebés. Cuáles son las preguntas de alguien que ha vivido en una zona de fronteras dinámicas, como Italia, Yugoslavia o los Regímenes soviéticos, con varias lenguas, con influencias culturales de todo tipo, y que encima tiene una pregunta personal que hacerse («¿quién soy yo?») dentro de ese «¿quiénes somos nosotros?», producto del fenómeno nazi. Y yo creo que lo resuelve con una belleza inusual. A lo mejor es que para mí es una mujer que no conocía, pero la sorpresa al leerlo… No podía parar. Me lo leí en dos días en el hospital cuando operaron a mi hijo de apendicitis. Fue un descubrimiento total.

¿No crees que la identidad es seguramente el gran tema posmoderno de la literatura?
Pero no solo de la posmodernidad. La literatura romántica en el fondo también es eso. Y Victor Hugo, el xix, los existencialistas franceses de principios del xx… Y la literatura de la posmodernidad en el fondo también es eso, sí. De alguna manera, la literatura es un espacio creativo que trata de afrontar preguntas desde puntos de vista distintos a los de la sociología, la antropología, la ciencia política, el periodismo, la historia… Las enfoca de una manera distinta, buscando quizá la belleza en el planteamiento de la pregunta y de la respuesta, pero no deja de ser un «quién soy» a través del amor, de acontecimientos históricos, de fenómenos políticos… Da igual el tema que toque. Creo que en el fondo siempre hay un «quién soy» y un «quiénes somos» desde diferentes prismas. No es la misma pregunta en el Romanticismo que en el racionalismo o el naturalismo o, como dices, en la literatura en la posmodernidad. Pero en el fondo late esa pregunta todo el rato. Probablemente es la gran pregunta de la humanidad.

Antes era mucho más sencillo responder a esa pregunta: «yo soy francés», «yo soy católico», «yo soy nazi» o «yo soy comunista». Ahora, la crueldad del asunto es que esas respuestas ya no sirven.
A lo mejor no es tanta crueldad. A lo mejor la crueldad es la del Romanticismo, que simplifica y reduce a un «yo soy francés» o «yo soy alemán» y ya está todo resuelto, ya estoy tranquilito. De ahí viene Beethoven, pero también Hitler. Yo creo que tengo un prisma muy instalado en la Ilustración y por eso soy de izquierdas, socialdemócrata. La razón y la duda me llevan a no sentirme cómodo en reducciones simplificadoras de una idea de patria, de identidad nacional. Sé que el Romanticismo puso en bandeja a mucha gente una vida más fácil y más cálida. Ya sé que escuchando a Wagner y leyendo a Victor Hugo, con una chimenea en una cabaña de madera, todo es precioso, pero yo prefiero estar afuera, donde graniza y donde todo es más duro y más frío, pero en el fondo más verdad. Me parece que la duda del «quiénes somos» que esa literatura de la posmodernidad no resuelve del todo bien en el fondo se ajusta a la realidad, a la que yo veo, por lo menos, porque es irresoluble. ¿Qué pretende la teología, sino decir quiénes somos? ¿Qué pretende la antropología? ¿La ciencia política? En el fondo, desde distintos enfoques, late la misma pregunta. Me parece más honesto no tener clara la respuesta.

La razón y la duda me llevan a no sentirme cómodo en reducciones simplificadoras de una idea de patria, de identidad nacional

Has hablado de la visión de los hijos del nazismo, una visión que, de alguna manera, se refleja en el último libro de Ralf Rothmann, Morir en primavera, que habla de la culpa que se transmite a las siguientes generaciones, la responsabilidad que se hereda. ¿La ficción puede ser un buen vehículo para ponerse en el lugar del otro?
Sin ninguna duda. Tiene una aproximación más creativa y, por tanto, más abierta. Permite un viaje a gusto del creador, que no tiene por qué responder del todo a cláusulas exactas de la historia. El viaje es más fácil. Por ejemplo, la arrocería de San Sabba, el único campo de concentración en territorio italiano, donde los nazis mataron como en Auschwitz y con mecánicas muy similares. Un episodio que yo no conocía, y estudié Historia. Conocemos Auschwitz porque tiene una especie de iconografía propia, es casi simbólico, el resumen de un drama, pero no la arrocería de San Sabba, que está a las afueras de Trieste. Yo lo he descubierto con Magris, en El Danubio, y con Dasa Drndic, en Trieste. No lo había leído en ningún libro de historia. Por tanto, la literatura permite viajes que las ciencias sociales, no. Y yo creo que ese es uno de sus artes y de sus claves principales.

eduardo-madina4Hablando de campos de concentración italianos… Primo Levi estuvo prisionero en uno y escribió en Si esto es un hombre que uno de sus grandes miedos era que pudiese volver a suceder. ¿Crees que Europa puede volver a cometer esos errores? La literatura y la imaginación permiten emprender caminos que otros géneros no pueden, pero ¿no se corre el riesgo de banalizar los hechos? Que leamos un libro o nos emocionemos con una película y luego olvidemos el asunto.
Pero no creo que eso sea culpa tanto de la literatura como nuestra. Porque podemos hacer lo mismo con una obra de historia o de sociología, con una aproximación científica que con una artística a la hora de sentir un impacto o no. Por ejemplo, yo he estudiado a fondo el régimen de Stalin, y no he sentido lo mismo que con Una tumba para Boris Davidovich, que es un libro absolutamente estremecedor, pero a la vez lleno de belleza, cosa que un libro de historia no consigue. No hay belleza en el gulag, no hay belleza en no sé cuántos millones de seres humanos asesinados en purgas durante los años en que Stalin mandó en el partido y en Rusia, pero sí la hay en lo que hace Danilo Kiš. Hay una combinación de belleza artística y de verdad histórica. Y su combinación estremece, cosa que un libro de historia no consigue. El impacto que genera es mayor. La huella que ha dejado, al menos en mí, es mayor que la de una lectura fría de un libro de historia sobre los gulags o, incluso, que la de Archipiélago gulag, de Solzhenitsyn. Sin embargo, Danilo Kiš produce algo en mí muy parecido a una corriente eléctrica por la columna vertebral cuando lo leo. A veces, la literatura deja más huella y enseña más que las ciencias sociales. Si puede volver a suceder… El desenlace, no; el planteamiento, tengo dudas. Y no me refiero a Austchwitz, me refiero a un planteamiento de odio al diferente, que se empieza a observar ya en estos años, en los que un nuevo fantasma recorre Europa: que en Francia los hijos de los inmigrantes no puedan estudiar, el repliegue identitario y nacional de un «nosotros» a partir de un «ellos», de una frontera clara entre quién eres tú y quién soy yo, de una diferenciación por color de piel, apellido, lengua, creencia religiosa, procedencia… Tiene algo de movimiento anti-ilustrado y de reacción romántica. Es una cuestión de intensidades y de kilómetros recorridos, pero el camino, en el fondo, no es distinto.

A veces, la literatura deja más huella y enseña más que las ciencias sociales

También parece igual el comportamiento de los ciudadanos, porque en Trieste se denuncia también la responsabilidad de las personas que, por acción u omisión, permiten que las autoridades puedan tener esos comportamientos, algo que puede estar pasando otra vez con el asunto de los refugiados en Grecia, Francia, España…
Lo hemos visto en el atentado de Alemania, en el que varios dirigentes de la extrema derecha europea han visto en los refugiados a los culpables. Por cierto, Goebbels dio un discurso en el lugar del atentado a finales de los años veinte contra el cosmopolitismo de ese mercado. En el mismo sitio. El cosmopolitismo que a Goebbels le molestaba y que parece que a los dirigentes de extrema derecha de Europa, también. De alguna manera, la historia se repite; con otra intensidad, obviamente, pero con un mismo planteamiento.

De Trieste, una faction, a A Virginia le gustaba Vita, que es otra, en la que Pilar Bellver ha hecho un trabajo muy minucioso para identificar y dejar claro el contenido real. ¿Te ha parecido necesario ese nivel de detalle? ¿Los pies de página no te han quitado en alguna ocasión la magia?
A mí no me ha molestado. Sirve para dar una apoyatura histórica, bibliográfica, a una relación epistolar entre dos mujeres que viven una historia sexual, afectiva y sentimental de forma clandestina, en una época (la victoriana) en la que eso estaba prohibidísimo. A mí me ha gustado mucho el libro porque veo las luces del primer feminismo, que representó Virgina Woolf. Ella fue un poco posterior a las sufragistas, pero su categoría intelectual supuso una reivindicación del papel de la mujer. El libro me ha llevado a releer otras cosas de Woolf.

eduardo-madina1«A Virginia le gusta Vita». A ella le hubiera encantado poder escribir esto en una novela. ¿Hoy en día una escritora muy conocida, con renombre, podría escribir eso? ¿No crees que las lesbianas están sometidas a una doble discriminación, por ser mujeres y por ser homosexuales?
Por países. Yo creo que en España hemos avanzado mucho en los últimos años y, aunque sigue habiendo resistencias (o espacios sociales de resistencia) a la aceptación de la diversidad y de la pluralidad de la sociedad, creo que hay mucho ganado. Hay literatura LGTB de altísima calidad. Hay mucho camino ganado respecto al tiempo de Virgina Woolf.

¿Qué te ha aportado este libro a tu idea de la figura de Virginia Woolf?
Me ha gustado leer la parte de la relación homosexual con esta señora de buena familia en la Inglaterra de la primera parte del siglo xx. Aunque había leído su obra y había leído cosas del grupo de Bloomsbury, no tenía tantos datos de esta relación y cómo la vivieron; esa clandestinidad honesta en la que ambas se mueven, sincera y llena de adjetivos y de verdad. Virginia Woolf es un personaje que me llama enormemente la atención desde que estaba en la universidad, y busco cualquier cosa nueva que sale sobre ella.

Según un reciente estudio de la Universidad de Valencia, las escritoras no acaparan ni el 10% de la atención en los libros de texto. Solo catorce mujeres han ganado el Premio Nobel de Literatura y algunas, como Szymborska, solo se traducen al castellano después de ser premiadas. ¿A cuántas generaciones crees que estamos de la igualdad real?
A varias, a varias. Hay un tufo machista en todo esto de los premios, de la edición, la publicación… Y no tengo un solo dato científico que me diga que los hombres escriben mejor que las mujeres. Conocemos mucho más a Borges que a Alfonsina Storni, no sé muy bien por qué. Preguntas por la calle quién es Alfonsina Storni y nadie lo sabe, y preguntas quién es Borges, y lo sabe todo el mundo, menos Rajoy, que no cae, el hombre.

Pero es curioso porque la edición es un sector muy femenino, y cada vez lo es más: cada vez hay más escritoras, pero también más editoras, más agentes literarias…
Y estoy seguro de que hay más lectoras que lectores. No tengo el dato, pero estoy seguro. En cualquier caso, sí, tengo la sensación de que estamos a varias generaciones de la igualdad.

Bellver permite la descarga gratuita de sus obras. ¿Qué te parece?
Si es voluntario, me parece muy bien.

¿Tú has caído alguna vez en la piratería?
Pues seguramente en el instituto grabé alguna cinta y algún cedé en la universidad, pero no, me gusta mucho comprar, soy muy fetichista de libros y de discos. Me ha dado por comprar otra vez vinilos. Hay ediciones chulísimas y la verdad es que es un gusto. No me gusta leer en libro electrónico. He leído alguno en el iPad, pero me gusta el tacto del libro, tocarlo, verlo… Me entra mejor. No tengo nada en contra, pero me gusta el libro físico, el cedé y el vinilo.

¿Crees que luchar contra la piratería en España es predicar en el desierto?
Sí, yo creo que es un país con tendencia a eso. Pero no creo que sea mucho más que otros, en contra de lo aparente. Es un debate viejo de difícil resolución entre la propiedad intelectual, los derechos de autor, el derecho de acceso, el derecho de propiedad… Pero, bueno, van apareciendo algunas opciones que hacen que haya un cierto equilibrio.

El ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, parece que quiere hacer un plan de sensibilización y crear una Fiscalía antipiratería.
Podía hacer un plan de fomento de la lectura. En vez de hacer algo «anti», que haga algo «pro»: campañas de sensibilización, de compra, de promoción de artistas, de publicación de autores que no tienen la opción de hacerlo en otro lado, de facilitar con la bajada del IVA cultural el acceso a la cultura en este país… Tiene mucho trabajo Íñigo Méndez de Vigo antes de prohibir nada.

La responsabilidad del fomento de la cultura, ¿tiene que ser compartida? ¿Padres, profesores y autoridades?
No tiene un único responsable, es una responsabilidad compartida.

El entorno familiar puede marcar. En un hogar en el que los padres no tienen estudios, hay más posibilidades de que los hijos no lean y menos de acceder a estudios universitarios.
El ambiente familiar marca mucho. Quizás en este caso las tecnologías digitales permitan un acceso más fácil. Pero yo, y en esto igual me he quedado un poco viejo, creo que la inversión en bibliotecas públicas sigue siendo una buena idea. Ir allí, compartir, escuchar, intercambiar opiniones, observar, descubrir libros, encontrártelos en los estantes… Es más fácil hacerlo físicamente que en la red si no tienes referencias, si nadie va contigo, si estás solo… A veces, eso es una inmensidad, un océano en el que te pierdes y puede generarte sensación de inabarcabilidad y, por tanto, de cierto hastío. La inversión en bibliotecas públicas es una buena idea y tiene recorrido.

eduardo-madina6En las bibliotecas, además, ahora no solo hay libros, sino también discos, películas, cómics… Y, hablando de cómics, ¿por qué has elegido From Hell?
Porque de todos los que he leído es el que más me ha gustado. Yo diría que es el gran ejemplar del género. Puedo elegir otros, como Píldoras azules, de Frederik Peeters, a algún autor español, pero el nivel de investigación que tiene esta obra, la cantidad de trabajo que les costó a Eddie Campbell y Alan Moore y cómo afrontan un tema un poco manido… Lo fácil es caer en lo de siempre, pero desde una de las teorías sobre quién fue Jack el Destripador, a mí me atrapó y no pude parar de leer. Lo he recomendado cientos de veces. Además, creo que tiene una cantidad de aproximaciones al tema alucinantes.

¿Has leído otras obras de Alan Moore?
He leído Serpientes y escaleras, pero no me dejó tanta huella como esta. From Hell lo he regalado varias veces ya… Buena parte de lo que haya ganado Alan Moore con él, es mía.

Qué otros autores de cómics lees.
Paco Roca
, obviamente, es difícil pasarlo por alto. He leído hace poco La araña del olvido, de Enrique Bonet, sobre la primera búsqueda en los años cincuenta de un periodista neoyorquino de los restos de Lorca; una aproximación al tema que me ha gustado mucho. Pero si tengo que elegir a uno, elijo a Alfonso Zapico. Lo descubrí con Café Budapest, su segunda obra. Después, cuando publicó Dublinés, la editorial me pidió que lo prologara, y fui leyendo la obra varias veces, desde los primeros borradores, y me pareció una investigación espectacular. Recorrió todas las ciudades por las que pasó  James Joyce e hizo que de un tema aparentemente un poco complicado haya vendido miles de ejemplares. Tiene una dimensión artística y otra pedagógica: te enseña quién era un tipo del que todo el mundo habla y al que nadie ha leído. Sé que Zapico está preparando un par de cosas más: una tercera parte de La balada del norte y un cómic que dará que hablar y del que no puedo desvelar nada, pero que será un gran cómic.

Sé que Zapico está preparando un par de cosas más: una tercera parte de «La balada del norte» y un cómic que dará que hablar y del que no puedo desvelar nada, pero que será un gran cómic

Es un buen género para acercar la lectura a los chavales. Por ejemplo, el cómic de Robert Crumb basado en algunos relatos de Kafka. A lo mejor, si das La metamorfosis a un chaval no se lo lee, pero si le das el cómic luego a lo mejor le apetece.
Exacto. Ese cómic es maravilloso. Y, mira, aquí no hay piratería. Han conseguido un nivel de edición tan maravilloso que la gente los quiere tener. Te puedes gastar 30 euros al mes en un cómic, pero compras una edición que es de colección, para toda la vida, preciosa, muy trabajada, que se queda y que va de mano en mano. Aquí hay una buena guía de algo bien hecho. Le han sabido aportar valor añadido a una cosa que se venía haciendo desde hace mucho… Tebeos ha habido siempre, pero compara los tebeos del Capitán Trueno con esto. Nada que ver.

¿Crees que quienes leían cómics cuando eran pequeños y lo siguen haciendo ahora han ayudado, de alguna manera, a que el género crezca y se haga mayor de edad?
Ese es un buen enfoque. Creo que algo de eso hay. España es una potencia en cómic. Hay un altísimo nivel en los dibujantes, buenas editoriales, un Premio Nacional del Cómic, ferias, el género cada vez vende más… Es un sector que genera cultura, creatividad, riqueza y puestos de trabajo. Siempre he pensado que, entre las potencialidades económicas que tiene España, se encuentran los cómics y los videojuegos, y, sin embargo, vivimos un poco de espaldas a ellos porque pensamos que es una cosa de cuatro y que eso no mueve nada…. Pero mueve millones y millones de euros.

eduardo-madina3Pero todavía hay prejuicios, especialmente entre la gente que no los lee. Cuando te presentaste a las primarias, en la aplicación móvil que creó tu equipo te definías como una persona que leía cómics y que escuchaba música indie… Hubo gente que, desde fuera, lo vio con prejuicios, como algo inmaduro.
España tiene debilidades y fortalezas. De sus muchas debilidades ya estamos todo el día hablando: paro estructural muy elevado, problemas de estructura productiva, una base industrial del PIB cada vez menor, una dependencia de la deuda externa y del turismo… Pero la nuestra es una sociedad que a veces sorprende haciendo cosas que otras no saben hacer, y España tiene potencialidades en el campo de los videojuegos, del cómic y, por ponernos en lo aparentemente más serio, en la investigación con células madre, en biotecnología… En campos en los que somos muy buenos, como en los trasplantes, donde lo hacemos mejor que otros. Y, sin embargo, no sabemos ponerlo en valor, y aquí hay claramente un recorrido de futuro que no nos da la gana explorar porque da la sensación de que te estás metiendo en un tema pequeño. No sé cuánto ocupa la producción de coches en nuestro país, pero si sumamos campos a los que no les hacemos mucho caso a lo mejor es la misma generación de riqueza sobre el producto bruto. Si nos da la gana.

Además de los autores de los que hemos hablado, sabemos que Primo Levi y Stephan Zweig están entre tus favoritos. ¿Han llegado en momentos diferentes de tu vida?
Sí. Primo Levi entró en el peor momento de mi vida. Rosa Díez me regaló Si esto es un hombre después de mi atentado y yo creo que me sirvió mucho. Primero, la obra, y, segundo, la edición, que incluía al final una entrevista. Tanto en la obra como en las respuestas me dio una guía de por dónde enfocar todo aquello. Esto no sé si es pretencioso o no, me da igual. Fue así. Y me ayudó mucho, para mí fue un libro de autoayuda. Stephan Zweig llegó después, cuando acabé la carrera y empecé a estudiar Relaciones Internacionales, en mi etapa en Bruselas. Yo creo que es el autor que mejores biografías ha escrito en el siglo xx: cómo escribió sobre María Estuardo, Magallanes, Sebastián Castellio, su dialéctica contra Calvino… Me gusta mucho la obra de Momentos estelares de la humanidad, un enfoque muy curioso de ver la historia: momentos en los que las pasiones más íntimas de un individuo deciden campos históricos de enorme amplitud durante siglos. Para mí ha sido un autor muy importante, y a través de él llegué a Joseph Roth, con quien se escribió cartas preciosas. Digamos que mi entrada a la literatura centroeuropea tiene como precedente a Joseph Roth con La cripta de los capuchinos (un libro que me marcó durante bastante tiempo) o La marcha Radetzky. Y luego están sus artículos, que Acantilado recuperó en España como La filial del infierno en la tierra, cuando él ve el surgimiento del nazismo y empieza a contarlo.

Primo Levi entró en el peor momento de mi vida. Rosa Díez me regaló «Si esto es un hombre» después de mi atentado y yo creo que me sirvió mucho

eduardo-madina2No nos has citado ningún autor español. ¿No tienes ningún referente?
Menos, sí. Hay uno claramente generacional, que es Agustín Fernández Mallo. Es el autor de mi generación… Una generación sin bandera.

Pero que tampoco ha querido hacer ninguna bandera. Por ejemplo, cuando algunos críticos quisieron hablar de la generación Nocilla, los escritores aludidos inmediatamente rehusaron esa etiqueta.
Por eso digo que no tiene bandera, no tiene una referencia literaria clara, está todo más líquido. Pero si tengo que elegir uno, es él. Ha captado muy bien, por ejemplo, la dinámica de las redes, de la velocidad con la que escribimos y con la que pasamos por los temas. De alguna manera, en su obra hay algo de ejercicio de eso, pero también de denuncia. Trata temas urbanos, posmodernos, jóvenes, alude a multitud de referencias culturales… Todo mezclado, como somos nosotros, sin fronteras ni de tiempo ni de espacio, que marcan un poco a esta generación. Yo creo que si hay que elegir uno, generacionalmente hablando, es Agustín Fernández Mallo, para mí, que tengo 40 años.

Termina ahora la celebración, aunque quizá sea eso mucho decir, del cuarto centenario de la muerte de Cervantes. ¿Crees que ha estado a la altura?
¿El país? No. Compáralo con Shakespeare. Nada que ver. Cervantes es el recuerdo de que en este país nadie le ha leído, y Shakespeare en el Reino Unido es una institución, un orgullo y un icono. Yo creo que Inglaterra y el Reino Unido han vivido de cara a Shakespeare, del orgullo que les genera, y España ha vivido de espaldas a Cervantes. Primero, porque no se ha leído y, segundo, porque no se ha entendido. Por ejemplo, que se criticara la búsqueda de sus restos me pareció la última broma. Si se tienen datos de que están en el convento de las Trinitarias Descalzas en Madrid, hay que tratar de encontrarlos, porque son de todos. Algunos creen que es de sus críticos o de los que piensan que es intocable, y yo creo que no. Cervantes es tocable. A todos nos obligaron a leerlo en BUP de mala manera, que es un grave error, y creo que aquí no se ha hecho absolutamente nada con los grandes escritores del Siglo de Oro. Es un país que lee regular.

Cervantes es el recuerdo de que en este país nadie le ha leído, y Shakespeare en el Reino Unido es una institución, un orgullo y un icono

Es una paradoja que una de las celebraciones más sonadas fuera el teatro del Congreso.
Del que prefiero ahorrarme lo que opino para no herir sensibilidades. Pero no se trata de ese teatro, se trata de enfocar una figura como esa, universal, el escritor más grande de la historia de este país, y que ha vivido de espaldas a él. La comparativa con Shakespeare es… El Congreso de los Diputados hizo el teatro y la Cámara de los Comunes tuvo un debate serio con el primer ministro interviniendo. La comparación se explica sola.

Pero no parece solo algo coyuntural con la conmemoración de Cervantes. ¿España tiene un problema con sus figuras intelectuales o con la cultura en general?
Es el único país en el que un ministro de Hacienda ha dicho que el cine español tiene un problema de nivel. Un ministro que no sabe nada: que no sabe quién es Alberto Iglesias, Iván Zulueta, Verónica Sánchez, Antonio de la Torre… No tiene ni idea. No sabe nada. Pero lo dice. Es inimaginable que un ministro inglés diga en BBC Radio «la música inglesa tiene un problema de nivel», o que un ministro francés diga en la televisión pública «es que la literatura francesa tiene un problema de nivel». El problema de nivel lo tiene usted, señor Montoro, y su Gobierno. Y creo que hay un sector del país, representado en unas ideologías más que en otras, que no tiene una relación distendida con la cultura, tiene una relación tensa. Creo que tenemos una relación asimétrica con la cultura. El discurso de que el cine está subvencionado… Dígame algo que no esté subvencionado, algo competitivo por sí solo. ¿La agricultura? No. ¿Cuántos millones han venido a través de la PAC? ¿Los coches? No. Evitamos deslocalizaciones de las fábricas en Zaragoza, en Vitoria, etc. a través de financiación pública. ¿Los medios de comunicación cuánta financiación institucional han tenido? Unos más que otros, ya lo sé. ¿Y el subvencionado es el cine? Lo que le han hecho a Fernando Trueba es una buena prueba. Ha hecho Fernando Trueba más por la cultura con un único fotograma de una sola de sus películas que todos los que le han criticado con todos los vómitos de odio contra él en la presentación de La reina de España. Y, sin embargo, ha tenido que comerse un boicot, que no sé qué impacto ha tenido sobre la recaudación de la película, pero que desde luego les ha hecho pasar un mal rato a todos los que trabajaron en ella. ¿Y por qué le hacen eso? ¿Porque dijo un día que no sentía nacionalismo de ningún tipo…? Pues estupendo. Disparemos contra nuestros creadores y convirtámonos en un país apagado, ya veréis qué divertido.

El problema de nivel lo tiene usted, señor Montoro, y su Gobierno

El derecho a opinar sobre lo que siente el otro. Por ejemplo, los ataques que sufrió Irene Villa por parte de algunos por decir que no se sentía ofendida por el tuit de Eduardo Zapata.
Eso fue un ejemplazo de Irene. «Oiga, no me defiendan tanto que no me he sentido ofendida». Hay unos custodios de la ofensa, de las purezas nacionales, de la patria… Hay un tribunal de la identidad que te juzga, te aprueba o te suspende según sus normas y sus cánones. Que ese tribunal de la identidad nos siga suspendiendo por muchos años. Eso es que lo estamos haciendo bien.

¿Se echa en falta en la actualidad la figura del político-filósofo, del político-intelectual, como pudo ser en su momento Tierno Galván?
Ángel Gabilondo citó a Kant y también le criticaron.

De hecho, a Ángel Gabilondo se le vendió y se le presentó así en campaña.
Sí, pero fue muy criticado también. En comunicación política, uno nunca sabe cómo acertar. Los debates de la Segunda República entre Azaña, Unamuno, Ortega… sobre el estatuto catalán están a años luz del fenómeno catalán que estamos teniendo hoy, y no me excluyo; me incluyo, por supuesto. He leído una edición de Galaxia Gutenberg de las actas del debate del estatuto catalán de la Segunda República entre Azaña y Ortega y Gasset que convendría que muchos que están todo el día denunciando la existencia de un problema con lo catalán leyeran antes de seguir denunciando nada, porque creo que ya está todo ahí. Para mí, Azaña es un grande que no tiene nada que envidiar a Ortega o Unamuno. Creo que tiene una altura que hoy en día ya no se da tanto. Tampoco sé si ese tipo de figuras ante la opinión pública de hoy, en lo que de cainita tiene a veces la política (que es de todos menos cómoda), aguantarían mucho.

Entre el establecimiento del dogma y el señalamiento de la herejía transcurre nuestro tiempo

En cualquier caso, ¿se puede tener una alta responsabilidad política sin haber leído un libro?
No, creo que no.

¿Y sucede?
Sí, claro que sucede. La complejidad de los problemas de la sociedad de hoy tiene un nivel de exigencia incluso mayor que el de hace ochenta años y, por tanto, un requerimiento mayor de formación, de matar tus dogmas, acabar con todas tus certezas, sobre todo las que niegan al otro. La política se ha llenado de un exceso de dogma y de una incapacidad para ver en el de enfrente siquiera un mínimo atisbo de verdad. Y entre el establecimiento del dogma y el señalamiento de la herejía transcurre nuestro tiempo. Y vamos por mal camino. No se puede gobernar nada sin haber leído nada.●


DE CERCA

¿Qué libro tienes ahora entre manos?
Oscuridad total
, de Renata Adler. Me está encantando. Una dura historia de amor, por decirlo rápidamente.

Tu gran lectura pendiente.
La broma infinita
, de David Foster Wallace. Nunca lo acabo. Lo he empezado varias veces.

¿Qué libro has dejado a medias, además de La broma infinita?
Este, varias veces [risas]. No puedo, me pierdo. Hay momentos que no sé qué está diciendo. Tengo que concentrarme un verano o unas Navidades e ir a por ello. Y me gusta mucho Foster Wallace. Mucho mucho.

¿Y algún clásico que hayas dejado?
Guerra y paz. Lo he dejado a medias varias veces también. Sé que es un sacrilegio, pero…

¿Qué libro te hubiera gustado escribir?
Hace 15 años te hubiera dicho que Rayuela, que fue el libro más importante de mi vida durante mucho tiempo. Hoy, ya no sería tan pretencioso. Es un libro inabarcable. Decir «me hubiera gustado escribirlo» me suena hasta ridículo. Hay un libro de Marisa Madieri, la exmujer de Claudio Magris, titulado Verde agua, pequeñito, breve, humilde. Me parece un libro de una belleza maravillosa. Me hubiera encantado escribirlo.

¿Escribes?
No. He escrito alguna cosa para guardar en mi casa, de sucesos pasados de mi vida, pero se van a quedar ahí. Hay varias editoriales que me han pedido que escriba, pero le tengo demasiado respeto al libro. Puedo escribir artículos u otras cosas, pero un libro tiene una entidad que me pone un poco nervioso.

¿Cómo personaje político y público no te ves dentro de unos años escribiendo tus memorias?
Tampoco creo que haya mucho que recordar… Me han pedido que escriba ficción, por un lado; una reflexión del futuro de la socialdemocracia, por otro, pero en un libro me veo demasiado examinado. Respeto al formato, más que otra cosa. Quizá algún día. Me cuesta.

¿Qué personaje literario te hubiera gustado ser?
Hace 15 años, te hubiera dicho que Horacio, de Rayuela. Un personaje complejo y entrañable. Ahora mismo, no lo sé.

¿Qué personaje literario sería Mariano Rajoy?
Un hombre que duerme, de Georges Perec.

¿Albert Rivera?
Me sugiere algún personaje de buen estudiante de una universidad americana que nunca dice una palabra por encima de la otra y lo hace casi todo bien. Algo así… No sé exactamente cuál.

¿Pablo Iglesias?
Más que un personaje, lo veo la protagonista de Viva. La protagonista de este libro es una ciudad, México D.F., en los años treinta. ¿Por qué? Porque ahí bullen pasiones, ideologías, personajes, velocidad e intensidades que, de alguna manera, veo también en Pablo Iglesias.

 ¿Gabriel Rufián?
No tengo opinión sobre él.●

Agradecemos al Hotel IBEROSTAR Las Letras Gran Vía la cesión de uno de sus espacios para la realización de la entrevista.

1 Comentario

Dejar respuesta