En su ópera prima, el director gallego reflexiona sobre la violencia

Andrés Goteira: «Si al espectador no le ocurre algo por dentro, no le puedo hacer preguntas»

1

El 16 de abril de 2017, Andrés Goteira y su equipo de confianza se preparaban para viajar a Buenos Aires para estrenar su ópera prima, Dhogs, en el Bafici. Desde ese día, han sido múltiples las proyecciones por diferentes festivales, desde Sitges al FrightFest Film Festival de Londres, pasando por los festivales de São Paulo, Estambul o Bruselas, entre otros.
Acompañando a los visionados, llegaron (y siguen llegando) los reconocimientos y premios para una película que muestra su calidad pase tras pase. Consiguió trece Mestre Mateo, premios de la Academia Galega do Audiovisual, entre los que destacan mejor película, mejor dirección y mejor guion. Además del premio a Mejor Largometraje en el Festival Split de Croacia y en el Festival Nocturna de Madrid, recientemente ganó el Premio de la Crítica en el BIFFF de Bruselas. A pesar de todos estos logros, el equipo de Dhogs busca más, y la película los posibilita por su hipnotismo. En Cuatro Ojos Magacín hemos hablado con su director y nos ha quedado una conversación referencial y circular.


La película ha pasado por festivales de distinta temática: cine independiente, de horror, fantástico… ¿Qué es Doghs?
Para mí es una película de sensaciones, por encima de todo; un puzle que quiere jugar con el espectador y que lo haga partícipe. Cada espectador tendrá una opinión distinta, por lo que no quiero que todo dependa de mí.

El espectador tiene su peso.
Sí. Hay películas que te lo dan todo masticado y no dan pie al espectador para jugar; no hay retroalimentación entre las dos partes del cine: el espectador y la película y, desde luego, no estoy de acuerdo (para nada) en masticar las películas.

Uno de los elementos más llamativos que vemos es poner al espectador ante sí mismo. ¿Qué busca ese juego metafílmico?
Sí, claro, el protagonista es el público. El que aparece en la película. Lo que quiero es que al espectador le pase algo, tanto en la parte contemplativa como en los elementos que se tratan. Si al espectador no le ocurre algo por dentro, no le puedo hacer preguntas.

Una primera película, generalmente, no nace por una demanda del espectador, sino que tiene que buscar su vía de financiación. ¿Cómo nace Dhogs?
Fue extraño cómo nos financiamos, porque parte de un acto de valentía o de inconsciencia, por decirlo de alguna manera. Uno de mis sueños siempre fue hacer una película. Viví durante un tiempo en Edimburgo y de allí volví a Meira con, entre otras cosas, un guion y una cantidad de ahorros, en torno a los 20 000 euros. Al llegar, me junto con mis amigos de toda la vida (que también son con los que hago música) y nos planteamos cómo podríamos desarrollar el proyecto. Con paciencia, fuimos creando un equipo para desarrollarlo. Buscamos apoyos y nos rodeamos de profesionales muy competentes, con lo que, a partir de aquí, empieza a crecer el proyecto. Empiezan a llegar más ayudas, el crowdfunding empieza a tener apoyos: primero son amigos, luego amigos que apoyan a amigos, el Ayuntamiento de Meira también nos apoya, la Diputación de Lugo, la Xunta de Galicia, alguna que otra empresa y, al igual que una bola de nieve, todo empieza a crecer y a tomar forma. El presupuesto en el que valoramos la película fue de 300 000 euros, pero llegamos a 130 000, sin contar con tiempo, desplazamientos…

El proyecto nació hace cuatro años. ¿Cómo nace a nivel artístico?Cuando empecé a escribir el guion me dejé llevar a partir de una imagen: un hombre-conejo que vive en el desierto. Fui de atrás hacia adelante, buscando ver cómo ese hombre vivía allí, y a partir de ese momento todas las referencias fílmicas, pictóricas y literarias que puedo tener en la cabeza van dando forma a la historia: Léos Carax, Jack Vettriano, Murakami… Es una película muy referencial. Cuando empiezas a verla ya dices estoy viendo esto, aunque también pasa por muchos géneros diferentes, pero siempre busco mantener un tono y llevarla a mi terreno: jugando a ser perverso.

Referencial, dices.
Por supuesto. Tarantino, los hermanos Cohen, Lynch, quizás atmosféricamente y en los tiempos Jarmusch y mi ídolo, el Clint Eastwood de Sin perdón. La dualidad del bien y del mal en el mismo personaje. En Doghs se puede ver esa dualidad en los personajes.

La película tiene un prólogo y tres partes. En cada una de ellas hay una presencia muy marcada de sus personajes. ¿Qué tienen en común?
En un principio, al ir escribiendo, siempre estuve en contacto con mis amigos. Yo les iba mostrando cómo iba la historia y ellos me iban dando una respuesta de lo que veían. Yo buscaba divertirme, claro, pero me fui dando cuenta, a medida que recibía estas respuestas, de algo que no me esperaba: en la película siempre hay un control sobre otro, en los diálogos, en los personajes. Por ejemplo, el personaje que interpreta Carlos Blanco tiene un control sobre el hijo y sobre su mujer, luego es controlado por otra persona que aparece y por una mujer en un bar; el hombre-conejo, sobre su perro; la madre de la gasolinera lo hace con su hijo… Siempre hay control, siempre hay alguien que se somete. Esta idea del control fue evolucionando hasta querer contar la pasividad del espectador. Quería, de algún modo, hacerle daño. Al estar en el mundo, y ver lo que nos rodea, busco hacer reaccionar al espectador, que se detenga ante esa cuestión, incluso por encima del control, que quizá sea lo más superficial. El mensaje está por ahí: ver cómo reaccionamos ante la violencia. Hablo de nuestra pasividad. En numerosas ocasiones vemos actos violentos y a los diez segundos se nos olvidan y pasamos a otra cosa, vamos a comprar macarrones o a hacer otras cosas banales.

El taxista, el personaje que interpreta Antonio Durán «Morris», acude a un lugar que parece una fábrica y allí sufre una especie de transformación. Hay una carga muy grande de violencia en esa imagen que, sin embargo, no condiciona, en un principio, a nadie, a ningún otro personaje, al menos de modo directo. ¿Quizás esa secuencia es una metáfora de la represión?
La película, claro está, es mucho más metafórica que realista. Esa idea de que nosotros podemos controlar todo lo que hacemos en nuestra vida se cuestiona. Quizás se plantee que alguien controla todo por encima: no sé si un ente, un grupo de gente o qué es…

Y la idea de juego, de azar.
Hay cantidad de metáforas. Sin ir más lejos, el niño final. La pausa para decidir entre el bien y el mal. No es otra metáfora que parece decirnos «ojo, el futuro de los más jóvenes depende de nosotros como personas mayores, de su educación».

Otro punto central es la cotidianeidad de los personajes. Cómo sus vidas transcurren sin mayor novedad, hasta que algo se cruza y cambia. Entonces surge la violencia.
Nuestra vida está llena de esos momentos cotidianos que acaban rompiendo y nos hacen daño. Es algo que nos moldea y nos condiciona. La carga social es fundamental, la violencia como un elemento que se tolera.

La violencia a la que enfrentas al espectador sirve como metáfora y como realidad plena para comprender la película.
Sí, quería ser de algún modo elegante, pero necesitaba colocar al espectador ante la violencia explícita para que se pregunte hasta dónde puede tolerarse. Ocurre una cosa curiosa: hay personas que escapan de la sala al no aguantar esa violencia explícita; otros, en cambio aguantan, y, para mí, esa gente que sigue sentada ante la pantalla es a quien le llega el mensaje. Vemos que en el mundo hay una gran cantidad de violencia y la gente escapa de ella, no hace nada. No levantarse es siempre un acto egoísta. Héroes y heroínas quedan cada vez menos.

Y la idea de introducir al público en la película como una parte más del metraje es justamente ese planteamiento de confrontar al espectador ante la violencia.
Hay un momento que podemos considerar absurdo, cuando Morris se transforma, y ahí, en ese momento absurdo, el público reacciona. La gente aplaude ahí porque es fácil, es un juego. Cinco minutos después queda igual.

Antes nos hablabas del manejo del tiempo. En una época como la actual, en la que parece que todo tiene que ir tamizado, troceado, la propia estructura de la película permite cuestionarla.
Absolutamente. Mi idea siempre era la de dar pequeñas pinceladas para que el espectador, poco a poco, pudiese ir reflexionado acerca de lo que ve, por eso necesito darle ese tiempo, que las cosas vayan a su ritmo y que, en un momento dado, la persona que está ante la pantalla empiece a encajar las piezas y su reflexión. Honestamente, busco que el espectador se adelante a lo que va a ocurrir. De hecho, si colocase la escena que antes comentaba de Morris al final de la película, que quizás es donde debería ir, todo se entendería mejor, pero entonces no habría ese espacio para cuestionarnos.

Para organizar el metraje, te sirves de diversos géneros. Una road movie, un western, un videojuego…
En todo momento hay cierto realismo. Con Carlos Bermúdez me pasa algo similar. Todos sus personajes eran normales, pero en un momento determinado decías «¿qué pasa aquí?». Por ejemplo, en Magical Girl, donde en un principio todo es normal hasta que empiezas a preguntarte qué mundo oscuro hay ahí. Yo aquí lo llevo un poco más hacia el contraste. Me gusta porque al espectador le permite empatizar, pero también disentir de lo que ve. Necesito que empatices, pero que a la vez te rompa. Sin esos contrastes no se puede crear la sensación que buscaba.

Suele suceder que si alguien relata una situación violenta parece hacerse menos brusca que si nos la muestra una imagen. La necesidad de desubicar al espectador también se plantea mediante la utilización de los diálogos. En un principio, tienen más importancia hasta que, de modo paulatino, parecen que acaban desapareciendo y siendo algo anecdótico.
Sí, el simbolismo no es únicamente en elementos concretos. Empecé a escribir desde imágenes. Buscaba acción, acción, acción, y el diálogo únicamente lo utilizaba si era algo esencial para construir al personaje. Carlos Blanco podría ir callado, pero necesito que me diga que tiene una mujer, un hijo, y si va a bailes de salón o a taekwondo. Lo que más me interesa es construir la película sobre lo visual, como dices, por su fuerte impacto sobre lo sonoro, atmosférico… Me gusta la idea de la superposición de la imagen sobre el diálogo porque creo que, incluso a veces, cuentan de más [risas].

Melville, Bresson, Kaurismäki.
Por supuesto. Me gusta eso, que te vaya atrapando con la imagen, con la atmósfera.

Hasta ahora, la película ha sido proyectada en festivales y únicamente en tu tierra, Lugo, hubo un pase gratuito para el público general. ¿Cuándo podremos verla en cines?
En Galicia la película se estrenará el 17 de mayo, coincidiendo en el Día das Letras Galegas. Además, habrá distribución en salas de Cataluña próximamente, pero esperamos que se pueda ver en más salas del resto de España.

Para finalizar, ¿cuáles serán tus próximos proyectos?
Hay que aprovechar el tirón de esta película [risas]. Nada más acabar el montaje de Dhogs, ya empecé a trabajar en un proyecto al que llamo Starmucks y en el que vuelvo a incidir en los capítulos, en el género. Vuelve a ser un tanto oscuro. Una mezcla de personajes más amables con otros menos cuya intención es destrozar el mundo… Dicen que hay que enamorarse de tu película. Hace unos meses no lo estaba, pero ahora ya sí, y sigo trabajando en ella. Hay que darle tiempo y a ver si Dhogs me permite conseguir financiación.
Paralelamente, estoy escribiendo un biopic sobre un actor lucense cuya máxima no es llegar a ser un buen intérprete porque no se ve dentro de ese mundo. A pesar de ello, como su vida es el cine, tratará de buscar respuestas sobre su actor favorito, en el cual se ve representado a sí mismo. Para este proyecto intentaremos ir a París para que Alejandro Jodorowsky nos eche las cartas del tarot y, a partir de ahí, el personaje pueda ir construyéndose a sí mismo.●

1 Comentario

  1. […] El 16 de abril de 2017, Andrés Goteira y su equipo de confianza se preparaban para viajar a Buenos Aires para estrenar su ópera prima, Dhogs, en el Bafici. Desde ese día, han sido múltiples las proyecciones por diferentes festivales, desde Sitges al FrightFest Film Festival de Londres, pasando por los festivales de São Paulo, Estambul o Bruselas, entre otros. Acompañando a los visionados, llegaron (y siguen llegando) los reconocimientos y premios para una película que muestra su calidad pase tras pase. Consiguió trece Mestre Mateo, premios de la Academia Galega do Audiovisual, entre los que destacan mejor película, mejor dirección y mejor guion. Además del premio a Mejor Largometraje en el Festival Split de Croacia y en el Festival Nocturna de Madrid, recientemente ganó el Premio de la Crítica en el BIFFF de Bruselas. A pesar de todos estos logros, el equipo de Dhogs busca más, y la película los posibilita por su hipnotismo. En Cuatro Ojos Magacín hemos hablado con su director y nos ha quedado una conversación referencial y circular. (Entrevista completa en Cuatro Ojos Magacín) […]

Dejar respuesta