Bocados de Bevilacqua y Chamorro antes del aniversario

«Tantos lobos», de Lorenzo Silva

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2018 es el año del 20 aniversario de Bevilacqua y Chamorro. Su autor, Lorenzo Silva, nos aclara que, en realidad, la benemérita pareja quedó plasmada en papel por primera vez hace ya 23 años (1995). Sin embargo, aquella novela, El lejano país de los estanques, no llegó a las librerías hasta tres años después. El 24 de mayo aparecerá Lejos del corazón, la novena de sus “aventuras”. Será la mejor conmemoración. Pero, ya sea por impaciencia o por aprovechar el mercado navideño, Destino decidió adelantarse publicando Tantos Lobos a finales de 2017. Se trata de la segunda vez que los agentes de la Guardia Civil aparecen en forma de colección de relatos cortos, tras Nadie vale más que otro, en 2004.

El formato es aquí más decisivo que entonces. Las cuatro historias que integran Tantos Lobos parecen la miniatura de cualquiera de las novelas que los personajes han protagonizado en el pasado. Eso si nos ponemos benévolos. Si tiramos de un poco más de malicia, podríamos decir que son el resumen apresurado que un mal estudiante opta por leerse en la víspera de un examen sobre el libro. La presentación de cada uno de los casos es idéntica a la que habríamos leído en una de sus historias extensas. Por eso sabe a tan poco lo apresurado del nudo y, sobre todo, del desenlace.

Todos los relatos tienen el denominador común de la corta edad de la víctima mortal, que oscila entre la más tierna infancia y el final de la adolescencia. Mujeres, en todos los casos. Al menos en tres de ellos, la nueva forma de relacionarnos que ha traído consigo el auge de las redes sociales tiene un papel muy importante en la trama. «547 amigos» nos habla del triste final de una chica de 14 años que conoce a quién no debe a través de Facebook. «Antes de los dieciséis» profundiza en la nueva realidad que las citadas redes han traído al día a día dentro de los colegios, a través del desgraciado caso de Sandra, una adolescente popular que ha despertado muchas envidias. «Cuatro Novios» se centra en Tamara, una joven promiscua asesinada por una de sus múltiples parejas simultáneas. Y «La hija única» hace referencia a una niña de cinco años asesinada sin motivo aparente mientras pasa unas vacaciones con su madre.

Que nadie se confunda: Tantos Lobos es uno de esos libros que se lee de una sentada y proporciona un rato de gran entretenimiento. El problema está en la expectativa generada por los precedentes. Las virtudes están ahí. El hoy subteniente Rubén Bevilacqua es uno de los personajes mejor perfilados de la literatura popular española contemporánea. Aquí no vamos a descubrir nada nuevo sobre él. Pero como es mucho ya el background del que disponemos tampoco pasa nada. Virginia Chamorro sigue madurando a ojos de los lectores. Es otro gran personaje. En alguno de los pasajes se profundiza en su faceta aguerrida. Pero tampoco mucho más. El bisoño Arnau continúa siendo un elemento desengrasante en la muy peculiar relación profesional establecida en la pareja protagonista. El buen ojo de Silva para subrayar los males de nuestra sociedad está intacto, pero esas conclusiones demoledoras quedan, en esta ocasión, reducidas a meros apuntes. (Alguno de ellos, como el último diálogo que se mantiene en «Cuatro Novios», es tremendamente certero en su sencillez).

El autor getafense es de los que mantiene la costumbre de dejar constancia del momento y lugar en que empieza y termina la escritura de cada una de sus obras. El dato reviste especial interés en Tantos Lobos. Así podemos saber que la primera historia se escribió en 2010 –quizá de ahí que la red social que domine sea Facebook- y las dos últimas unos pocos meses antes de mandar el libro a imprenta. Entre medias, una parada en el verano de 2013. (Los cuatro relatos se escribieron en periodo estival). Lo que más sorprende en este caso es la posibilidad de calibrar la relación entre escritura y lectura. Si el baremo que extraemos de aquí es fiable, podemos aventurarnos a decir que unos cinco días de escritura equivalen a media hora de lectura. No sabemos cómo de descorazonador puede resultar este dato para un autor.

Es difícil que Tantos Lobos colme las expectativas de un aficionado a la saga de Bevilacqua y Chamorro. Pero es una buena manera de entretener la espera.●

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