El poeta granadino vuelve a la actualidad con «Notas a pie de instante»

Jesús Montiel: «No vivimos nunca en orden cronológico. Lo que recordamos son instantes»

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Smoke. // Foto: Carsten Schertzer.

Un hombre puede ser la metonimia de todas las personas que vivimos el día a día, pero Montiel nos revela los instantes que nos pasan desapercibidos y que ayudan a seguir andando. Es por eso que su mirada lo convierte en escritor. El poeta granadino acaba de publicar Notas a pie de instante (Esdrújula Ediciones, 2018), un libro distinto, agenérico, que invita a replantearnos nuestra perspectiva del mundo.


Leer a Jesús Montiel es volver a la esencia de la lírica, conocer al hombre a través de su escritura. Por eso, cuando hablas con él y te cuenta su cotidianeidad, vas reconociendo párrafos y versos escritos desde la intimidad de un «yo» poético con nombre y apellidos.

Lo primero que llama la atención es tu juventud a pesar de tu trayectoria. Te llaman poeta joven. ¿Te consideras un poeta joven?
Ateniéndome a la edad, se supone que soy joven. Tengo 33 años, cumplo 34 en mayo y hasta los 35 dicen que puedes ser incluido en antologías de poetas jóvenes. Eso me convierte en un joven desde el punto de vista técnico. Ahora bien, vitalmente me siento alejado de mi generación, no por nada, sino por el tipo de vida que llevo con los hijos, algo que ahora no está de moda. Por un lado sé que soy un poeta joven, pero por otro siento que no coincido con los demás poetas jóvenes en muchas cosas. Mi poesía, dada esa diferencia vital, habla de cosas distintas.

Fotografía: Salvador Pérez Dueñas.

Y el hecho de la juventud, a pesar de la experiencia, con cinco libros ya… ¿Poeta solvente, sí?
[Ríe] El primer libro lo publiqué con 29 años. En realidad, han pasado cuatro o cinco años y he publicado casi un libro por año (en principio, en 2018 publico dos). Sí que me asusta lo prolífico que estoy siendo porque me pregunto si quizá estoy escribiendo más de la cuenta, pero no sé si soy solvente o no.

De todas formas, por lo que he leído, siempre escribes desde tu experiencia.
Claro.

¿La edad cambia la perspectiva?
Es lo mismo. Como ha pasado un corto espacio de tiempo desde el primer libro hasta este último, no sé decir. Todavía no tengo distancia, pero sí ha habido experiencias a lo largo de estos cinco años que, por supuesto, han influido en mi literatura, han cambiado mi perspectiva. La enfermedad que tuvo mi hijo mayor, la leucemia, por ejemplo. Es algo que cambió radicalmente mi forma de entender la literatura, y no solo la literatura: mi forma de relacionarme con Dios, con lo trascendente… Las puertas de lo invisible se abrieron de golpe. A partir de entonces escribo mucho más, me tomo más en serio este trabajo de la escritura. También me tomo más en serio la vida.

Poetas como Gamoneda han tardado en ser reconocidos frente a otros que con su primer libro están ya en boca de todo el mundo. ¿De qué crees que depende el reconocimiento?
Los factores son múltiples. Hay poetas que considero grandes que no tienen el reconocimiento que deben tener, y viceversa. El éxito, en muchos casos, es un producto de supermercado. El éxito es una lotería donde intervienen, las más de las veces, factores que no tienen que ver con la literatura.

En este sentido ¿crees que los premios son imprescindibles?
No lo son. En mi caso, no obstante, los premios han sido una ayuda. Yo nunca he tenido muchas amistades en el mundo literario. No participo mucho de presentaciones porque no tengo tiempo. Además, me aburre estar todo el día con escritores, y eso te cierra puertas, por eso para mí los premios han sido la forma de publicar rápido y en buenas editoriales, y sobre todo, la forma de llegar a los lectores, que es lo que me interesa.

Creo que estarás de acuerdo conmigo en que la poesía es minoritaria. ¿Las redes sociales son, hoy, un arma que podemos utilizar para que se extienda?
Yo desconfío mucho del lema que dice que hay que extender la poesía y que tiene que llegar a mucha gente. No porque  no sea mi deseo (mi deseo es tener muchos más lectores), pero pienso que la poesía siempre va a ser minoritaria, a los hechos me remito. Lo veo en mis alumnos, en la universidad. Es verdad que ahora ha cobrado protagonismo cierta poesía joven que está llegando a un público más amplio y que está animando a muchas editoriales y que, en ese sentido, está creando una ola de optimismo.

¿Piensas que está desvirtuándose un poco la poesía con estos nuevos fenómenos?
Hace falta tiempo para mirar ese fenómeno con perspectiva. No me atrevo a sentenciar. Es verdad que a estos jóvenes he intentado leerlos y no me satisfacen. No me conmueven, no provocan nada en mí, creo que les falta hondura, experiencia vital. Muchas veces relatan experiencias primarias, de adolescencia, cosas todas frágiles, escritas desde la emoción, y que técnicamente dejan mucho que desear. ¿Podemos llamarlo poesía? No lo sé. Yo te digo que he intentado leerlos y me cuesta horrores [ríe].

Umberto Eco decía, más o menos, que las redes sociales le dan voz a cualquier tonto. ¿Estás de acuerdo con eso?
La novela con la que Ray Loriga ha ganado el Premio Alfaguara, Rendición, habla de cómo las redes se han vuelto un tentáculo de la nueva tiranía en el que nos alistamos voluntariamente; es decir, todo el mundo opina y se siente escuchado. El poder, de esta forma, sofoca lo que antes podía ser una rebelión en la calle o una algarada. La gente se queda a gusto porque se siente escuchada. Evacúa su descontento en la pantalla, desde casa, y ya está. Las redes son un arma del poder para uniformar la opinión ciudadana. No sé si cualquier tonto tiene opinión, pero desde luego cualquiera, con un clic, puede sentirse escuchado por miles de personas y sentirse importante por un momento al día, y eso es muy tentador y a la vez muy triste.

Las redes se han vuelto un tentáculo de la nueva tiranía en el que nos alistamos voluntariamente; todo el mundo opina y se siente escuchado

Me gustaría centrarnos en Notas a pie de  instante, un libro especial porque, cuando lo abres, no reconoces un género, y sin embargo, al leer, la lírica está. ¿Qué son estas Notas a pie de instante?
Es un libro híbrido porque contiene aforismos, textos breves…, marcado todos por la poesía. Aunque no sea poesía propiamente, la mirada poética sigue estando muy presente, es mi forma de comunicarme. Como el propio nombre indica, este libro testimonia de alguna forma la realidad que me conmueve, esos instantes que a mí me zarandean a diario, constantemente. No vivimos nunca la vida en orden cronológico. Lo que recordamos son siempre instantes. El poema, la literatura, rompe las fronteras cronológicas y es capaz de apresar el instante, de manera que la poesía es la fábrica del instante. Quien lee un poema, quien lo escribe, vive en el presente continuo. Esa idea me obsesiona dentro y fuera de la página.

Hablas de religión en varios momentos. ¿Cómo ves la religión hoy? ¿Piensas que es necesaria, tal como defendía Unamuno, para la propia existencia?
Yo desconfío del término «religión» porque se suele entender como una institución o como algo opresivo, que coarta la libertad. Más que religión, a lo que no puedo renunciar es a mi experiencia con Dios, mi relación con Dios; en mi caso, el Dios cristiano. Las preguntas esenciales —de dónde venimos, qué va a pasar cuando muramos— las lleva todo hombre consigo las veinticuatro horas del día. Frente a esas preguntas, el hombre es religioso lo quiera o no, y tiene fe, a lo mejor no en la religión, pero la tiene en un partido político  o en la literatura. Es decir, la fe siempre está y uno decide hacia dónde dirigirla. La fe, en mi caso, es un sentido más, una extremidad con la que palpo lo invisible.

Me llama mucho la atención que, en un momento en el que planteas que estás en una iglesia, con el silencio, escribes la palabra «técnica» con mayúscula. ¿Es la técnica o la tecnología un nuevo dios?
Hay dioses más grandes hoy en día, pero la técnica y la tecnología están influyendo hasta en el modo en el que afrontamos la muerte. Volvamos al ejemplo de las redes sociales. Mucha gente ya no tiene recuerdos reales, recuerda los recuerdos que publica en Facebook o en Instagram. Tenemos una imagen de nosotros mismos distorsionada, que es la que volcamos en las pantallas y que desvirtúa muchas veces la visión de la realidad. Y no solo eso. En la literatura, por ejemplo, se ha tecnificado el oficio. El escritor se ha convertido en un promotor y en un agente de sí mismo. Yo creo que la técnica están ocupando territorios  propios del espíritu y de lo humano, territorios que no le corresponden y cuyas consecuencias desconocemos todavía.

En la literatura se ha tecnificado el oficio. El escritor se ha convertido en un promotor y en un agente de sí mismo

Como dices en uno de los aforismos del libro, ¿el mismo hecho de escribir es revolucionario?
Sí. Contra la técnica también, porque escribir requiere lentitud, espera, paciencia, requiere un trabajo casi manual, una verdadera artesanía. Cosas que hoy la técnica arrincona. Hoy se están eliminando los tiempos de espera. La instantaneidad niega el espesor del tiempo. Crea la ilusión de que la vida no es frágil, que no existe la muerte. Vivimos actualizándonos. Sin embargo la vida al otro lado de la pantalla es frágil, delicada, de un material inasible, diría. Escribir es más revolucionario hoy en día que una pancarta porque es algo improductivo, y hacer algo improductivo en la época de un capitalismo salvaje es revolucionario.

Sé que estás haciendo otros trabajos, y que, de hecho, has realizado otros. Has traducido a Christian Bobin (Resucitar, Ediciones Encuentro). ¿La traducción absorbe tanto como la creación?
Una novela absorbe porque es un compromiso diario. Cuando traduces, la estructura del libro ya está hecha. La trama, el hilo conductor, son problemas que ya los ha resuelto el autor del libro. Absorbe la acuciante tarea de no echar a perder el estilo ajeno para imponer el tuyo. Traducir, podría decirse, es una tarea parecida a la pintura de iconos. Hay que respetar ciertos cánones, que prime el amor a la obra, la transparencia, la fidelidad, antes que el afán de protagonismo.

Cuando bebes tanto del estilo, en el caso de Bobin, este te influirá.
Bobin para mí es como un maestro. Cuando empecé a escribir Notas a pie de instante, leí en el blog de Andrés Neuman, Microrréplicas, algo sobre este autor, busqué el libro (Autorretrato con radiador, Árdora Ediciones)— y descubrí que hacía algo parecido. Me siento muy identificado con la forma en la que él entiende la literatura. Se trata de una afinidad artística o una sensibilidad muy parecida. Para mí es una influencia incuestionable.

La naturaleza está muy presente en el libro, sin embargo, desde la Nueva Sentimentalidad, que habrás mamado como poeta granadino, el contexto es el asfalto. ¿Por qué?
Siempre he tenido una relación muy estrecha con la naturaleza, desde pequeño. Para mí es un escenario donde el hombre puede volver a ser una criatura en un tiempo no acelerado. Para mí es una catedral, la verdadera iglesia. La veo como un gran libro, como un libro repleto de alegorías. Adentrarme en ella es emocionante siempre, y siempre leo en ella algo nuevo, edificante. Muchas veces he llorado delante de un árbol, mirando el río, la montaña. No es algo sentimental, sino una relación mucho más fuerte. Una llamada, por así decirlo.●

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