«Se aceptan cheques, flores y mentiras» recopila poemas escritos desde los ochenta hasta la actualidad

Luis Alberto de Cuenca: «La poesía es eterna e inseparable del ser humano»

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Luis Alberto de Cuenca. Conversaciones en la Aljafería. // Foto: Cortes de Aragón.

La poesía de Luis Alberto de Cuenca es una absolución para el lector. No es comunicación, sino conocimiento. Es una forma de resistencia en un mundo acelerado y dogmático. Sus versos no se hacen extraños cuando cruzan los labios de quien los lee. Se recrean en el amor y la ternura, en las situaciones cotidianas, en la amistad, en el erotismo, en la esperanza, en la alegría, en el paso del tiempo y la nostalgia.


Luis Alberto de Cuenca publica ahora Se aceptan cheques, flores y mentiras (Aguilar, 2018), un recopilatorio de algunos de sus poemas escritos desde la década de los ochenta hasta la actualidad. Es uno de esos libros en los que parece que la vida ha venido a saludarte, a llevarte a un mundo de fe, libre de erratas.

De los de entonces y de los de ahora, ¿qué hay en común en la poesía de tus maestros y en la de tu generación? ¿Qué se ha perdido por el camino?
Lo único que se va perdiendo es la vida. La poesía permanece, y es eterna e inseparable del ser humano. La Epopeya de Gilgamesh es su primer peldaño. Al último se ascenderá un segundo antes del fin de los tiempos.

Los poetas utilizan su tiempo como base. ¿Se equivocan quienes dicen que la calidad es siempre la dificultad? ¿La poesía está por encima de la cotidianidad?
No existe más que lo cotidiano, el día a día de nuestra cada vez más borrosa existencia. Los poetas oscuros, si son poetas de verdad, son tan comprensibles a la postre como los poetas claros, solo que hay que emplear más tiempo en su exégesis y elucidación. Y hay poetas «claros» que no lo son tanto. Como yo, por ejemplo.

¿A qué peligros se enfrenta un poeta cuando lleva mucho tiempo escribiendo poesía?
A un peligro fundamental: hacerse viejo y ver el fin cada día más cerca. A los peligros «profesionales» en el campo de la creación, no.

¿Qué opinas de los jóvenes poetas? ¿Hay un buen relevo generacional?
Siempre lo hay. Me encuentro con voces originales y divertidas en los concursos de poesía joven. Eso sí, hay mucha paja y poco grano, pero eso se da en todas las generaciones.

Cuando Federico García Lorca conoció a Juan Ramón Jiménez por recomendación de Fernando de los Ríos, Jiménez le indicó al viejo profesor que Federico tenía lo más importante para ser poeta: el entusiasmo. ¿Qué le dirías tú a los poetas que empiezan ahora a escribir?
El entusiasmo tiene que ver con la inspiración y, por lo tanto, con la musa. Les diría que tuvieran el oído atento, porque la musa solo habla una vez y no repite nunca su dictado.

¿Cuánto le debes al desconcierto de escribir?
Yo soy más de conciertos que de desconciertos.

¿Qué necesitas para escribir?
Tiempo, ganas, inspiración, relax.

Decía el poeta Ángel González que «la poesía es una lectura que no se gasta. En cambio, lees una novela y ya está consumida». ¿Estás de acuerdo?
Hay novelas que no se gastan y poemas que nacen gastados. Pero la frase de Ángel González me parece muy sugestiva.

Ahora que las redes sociales lo invaden todo, ¿crees que son positivas para la literatura?
Para su difusión sí me parecen positivas. Lo negativo es que se difunde tanto lo malo como lo bueno. Y hay más malo que bueno en esas redes.

¿Crees que los lectores solemnizan la poesía, que la ven complicada?
La culpa de eso la tienen los poetas solemnes y complicados. El pobre lector tiende a creer que el poema será mejor cuanto menos lo entienda.

¿Qué opinas de la situación poética? Hay pocos libros que tengan un buen ritmo, que no sean aburridos o tipográficamente cutres. ¿Compartes la opinión?
Hay que darle alegría al diseño de los libros de poesía. Reino de Cordelia es una editorial pionera en eso.

¿Qué le responderías a quien considera que la poesía no está al alcance de muchos mortales o que sus autores no escriben para el lector, sino para sí mismos?
Que está equivocado. Sin receptor no existe la creación artística. El arte aspira a la comunicación. Lo demás son tejemanejes masturbatorios.

¿Qué es lo más especial de Se aceptan cheques, flores y mentiras?
Que es una antología para gente joven, confeccionada por una chica joven, Mónica Adán. Y que su cubierta, firmada por mi querido y admirado Miguel Ángel Martín, es sensacional. Espero que alcance los objetivos que se ha propuesto.

¿Sin libros o sin tebeos?
No distingo entre unos y otros. Son mi pasto espiritual. No podría vivir sin ellos.

¿Hace falta más literatura, más poesía, más cultura en general?
Creo que no. La literatura, la poesía, la cultura, serán siempre, y afortunadamente, minoritarias.●

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