La ilustradora tinerfeña publica su segunda obra, «La persona incorrecta»

Sara Herranz: «Vivimos tiempos oscuros. Hemos regresado a la decepción»

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La protagonista de La persona incorrecta (Lunwerg, 2017) vuelve a su ciudad natal para vender la casa familiar tras el fallecimiento de su padre. Un regreso que será también un viaje al pasado y un reencuentro con la vida que pudo haber sido. Después del éxito de su ópera prima, Todo lo que nunca te dije lo guardo aquí (Lunwerg, 2015), la autora tinerfeña retoma los grandes temas que marcan su obra: el paso del tiempo, la nostalgia, las relaciones sentimentales, el erotismo.


La obra de Sara Herranz está marcada por los espacios abiertos. En sus páginas, los personajes y los objetos flotan en el limbo aséptico del fondo blanco, como si no tuvieran nada a lo que aferrarse. Influenciada por el cine y el manga, esta ilustradora ha conseguido con tan solo dos libros construir un estilo inmediatamente reconocible, de líneas claras y elegantes, muy apegado a unos códigos estéticos predominantes. Herranz, que no niega las influencias autobiográficas, vuelve a dar voz en La persona incorrecta a esa generación urbanita, cosmopolita y enganchada a las nuevas tecnologías que no sabe qué lugar ocupa en el mundo.

Al comienzo de La persona incorrecta, la protagonista afirma que «llenamos nuestras vidas con tonterías por miedo a no decir lo que de verdad importa». ¿Qué es lo que importa?
Todo aquello que no decimos, todas esas conversaciones pendientes, lo mensajes no enviados, lo que guardamos en libretas…

¿Por qué a la generación finisecular (la que nació a finales de los setenta y en los ochenta, aproximadamente) le cuesta tanto encontrar su lugar en el mundo? ¿Y por qué siente que su vida no es plena, como si siempre le faltase algo, igual que le ocurre a la protagonista?
Lo he contado en otras ocasiones, pero creo que los de mi generación, a los que se nos preparó para comernos el mundo pero a los que nos tocó crecer como adultos en una terrible crisis, hemos vivido ese choque entre las expectativas y la realidad.
Supongo que ahora nos sentimos impacientes después de haber crecido durante esos años de frustración. Es como si al fin hubiéramos despertado con un ansia por recuperar el tiempo perdido, y a la vez parece que cualquier éxito no es suficiente. Al menos, así me pasa a mí. Cuando consigo ese objetivo por el que llevo meses trabajando, la satisfacción dura poco tiempo. Casi de inmediato ya estoy pensado en el siguiente paso. Supongo que es la única forma de avanzar, pero a la vez es agotador.

Esa frustración, ese sentimiento de insatisfacción, ¿es fruto también de un cierto egoísmo? ¿Nos miramos demasiado el ombligo, por decirlo de alguna manera?
De alguna forma parece que cada vez más la sociedad tiende hacia el individualismo, como si se perdiese la perspectiva de lo que sucede alrededor. Es algo irónico que ocurra en este momento, cuando nunca ha sido más fácil estar conectados virtualmente. Quizás sea esa la clave.

Parece que todavía hay que luchar contra la mala prensa que padece la soltería, como si fuera la peor forma de la soledad, sobre todo en las mujeres. ¿Se trata de otra consecuencia no superada del machismo?
Absolutamente. Se nos sigue empujando (sobre todo a nosotras) a tener pareja porque parece que si no estaremos incompletas.  Las cosas están cambiando, y me gustaría pensar que la mujer de este siglo es mucho más libre, pero los grandes cambios son lentos y lamentablemente esa idea sobre la mujer soltera sigue existiendo en nuestro día a día.

¿Por qué el rojo es el único color que aparece en todo el libro, marcado, por lo demás, por los espacios abiertos del blanco? ¿Qué simboliza?
El negro, el blanco y el rojo se han convertido en mi firma. Lo  que empezó siendo un uso casi caprichoso, un guiño a como solía pintarme los labios sobre todo durante una época de mi vida, se ha convertido en algo que me identifica.

Me parece que el componente erótico, sensual, es muy importante en La persona incorrecta. ¿Estás de acuerdo?
El erotismo forma parte de mi trabajo
y, en el caso de La persona incorrecta, me parecía muy interesante añadirlo de una forma más obvia que en otras ocasiones. Al final el sexo no es más que un vínculo para conectar con alguien, acercarnos al otro, ir más allá, y en el caso de mi protagonista es eso lo que busca: volver a sentir eso que una vez vivió con alguien y que ahora se ha dado cuenta de que es tan difícil de conseguir.

La persona incorrecta es el retrato de una persona que busca su lugar, pero también el de una sociedad vacía, en decadencia. No da una visión muy optimista, ni tampoco del futuro que nos aguarda…
Vivimos tiempos oscuros. Después de unos años en los que parecía que había alguna posibilidad de que las cosas fueran a cambiar, hemos regresado a la decepción. Creo que era importante reflejarlo en este libro. Más que una visión negativa, mi intención es la de reflexionar sobre el mundo que estamos creando para así poder cambiarlo.

El epílogo tiene una apariencia formal de escena eliminada en una película después de los títulos de crédito. También está muy presente la música que escucha la protagonista. La mezcla de géneros y estilos es muy evidente. ¿Cuáles son tus principales influencias, ya sea en novela gráfica o en otras artes?
La idea del epílogo fue justo esa, crear una especie de telón de fondo ante un final que no es una conclusión. En el fondo es un poco como la vida misma, en el que las historias nunca acaban de cerrarse del todo. Lo cotidiano y la intimidad forman parte de mi lenguaje, pero para este libro también me he inspirado mucho en el cine. Cuando me planteaba una escena y construía los personajes, terminaba pensando en imágenes, y por eso está plagado de referencias cinematográficas (Lost in Translation, Nueve vidas, Beginners, En la ciudad… ), pero también del cómic de Richard Mcguire o de Adrian Tomine, cuyos trabajos admiro mucho.
La elección de esos temas musicales fue muy meditada. Quería que la propia letra de la canción ayudase a la historia, creando así el efecto casi de videoclip, de atmósfera, para que el lector pudiera imaginar a través de las imágenes y la música aquello que no se dice. ●

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