¿Internet está cambiándonos como seres humanos?

Andy Stalman: «Es necesario una nueva mirada para entender que todo lo que conocíamos ha muerto»

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Internet, las nuevas tecnologías, ¿están cambiándonos como seres humanos? Esta es la pregunta de la que parte Humanoffon, de Andy Stalman, ensayo publicado originalmente en 2016 y del que ahora se edita una nueva versión actualizada, que el escritor hispano-argentino presentó el pasado miércoles en Madrid.

El objetivo del ensayo, según afirmó Stalman, es «elaborar nuevas preguntas y nuevas respuestas para construir un mundo mejor» ante uno de «los mayores desafíos» a los que ha tenido que enfrentarse el ser humano: Internet y la progresiva robotización de las acciones que hasta el momento nos han definido como personas. «Todo lo que conocíamos ha muerto», dijo, por lo que es necesaria «una nueva mirada». «No podemos descubrir mundos nuevos con mapas viejos».

Stalman está acostumbrado a hablar en público, y se nota. Elabora un discurso vehemente y decidido, muy al corriente de las últimas tendencias en comunicación oral (cercanía, interacción con el público, inclusión de elementos audiovisuales…), consciente de que un experto en branding lo primero que tiene que hacer ante un auditorio es saber transmitir seguridad y, sobre todo, creencia ciega en lo que cuenta.

Aunque en su presentación abusó de eslóganes bientencionados («las empresas hablan de transformación digital, pero ninguna de transformación humana», «el desafío no es dejar un mundo mejor a nuestros hijos, sino dejar  mejores hijos para el mundo»), sus reflexiones se alejan de los manuales new age para motivar altos ejecutivos y  apuntan a algunos de los grandes problemas que tendremos que afrontar en muy poco tiempo: la inteligencia artificial, la robótica, la relación entre lo físico y lo digital y los cambios sociales, culturales, económicos, legales y hasta éticos que conllevarán.

De hecho, para este experto en branding, Internet es una invención tan importante y revolucionaria como el fuego o la agricultura, pero con una diferencia fundamental: las transformaciones que provoca en nuestras vidas se miden en meses, incluso días, no en generaciones o siglos, por lo que es normal que todos sintamos alguna vez el vértigo de quedarnos al margen de una revolución que, por mucho que nos opongamos, va a transformar nuestras vidas. «El pesimismo ―resaltó― es cómodo porque deja en manos de los otros las soluciones».

Y la solución pasa, a su juicio, por «poner en el centro de la existencia al ser humano, no a la tecnología». En cualquier caso, sí quiso dejar claro que no se trata de demonizar la transformación digital: «La tecnología ―puntualizó― es increíble cuando al ser humano está en el centro».

Stalman asegura encontrarse en «el bando de los optimistas» porque ninguna transformación tecnológica o robótica podrá sustituir nunca características intrínsecas del ser humano como la creatividad, la curiosidad, la imaginación o el amor. Y nosotros añadiríamos: o el escepticismo.●

[Fotografías: Javier Paredes.]

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