El reflejo de una generación en tierra de nadie

Pedro González Moreno gana el Premio de Novela Café Gijón con «La mujer de la escalera»

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Pedro González Moreno. // Siruela.

El reloj que cuelga de una de las paredes del Café Gijón marca exactamente las doce y media del mediodía. A esa hora estamos citados en el restaurante los periodistas para conocer al ganador de este año del premio de novela que lleva su nombre, uno de los más antiguos de nuestro país.

La atmósfera ha cambiado al cruzar el umbral. 128 años de historia (a pesar de su remodelación en 1989) inundan el aire, y eso se nota. No me atrevo a decir que el tiempo se ha detenido, pero, desde luego, no avanza al ritmo de la ruidosa Madrid que corre ahí fuera.

Me entretengo ojeando la carta. «El tiempo es el espacio entre nuestros recuerdos. No destruyamos nunca el tiempo y los recuerdos que viven en este recinto», reza la parte de atrás. Sonrío al ver entre las croquetas y la paella pinchos que llevan los nombres de Camilo José Cela, Francisco Umbral o Buero Vallejo, pero cuando ese aire cargado de nostalgia me invade es al ver que en la carta también hay «helado 3 gustos» o «copa de la casa». Ahí estoy, con 5 ó 6 años, los pies colgando en un banco de cuero exacto al que toco ahora mismo, y pidiéndole a mis padres una de esas copas gigantes de helado y nata (la respuesta siempre era «no»).

Me devuelve a la entrega de premios la entrada del jurado. El reloj marca las 12:44. Anuncia que, entre cerca de los mil manuscritos que se recibieron, La mujer de la escalera, de Pedro González Moreno, fue el ganador.  «Una novela apasionante, ambientada en el mundo universitario. Un cruce de intrigas que el autor desarrolla hábilmente y con un excelente despliegue de recursos narrativos». Dos crímenes y la búsqueda de unas supuestas obras de teatro anteriores a La celestina son el argumento que lleva a un grupo de estudiantes a buscar su propio destino.

El galardonado hace su aparición y, quizá porque no he vuelto del todo de mi viaje a la infancia, su aspecto me hace pensar inmediatamente en los intelectuales del tiempo de mis padres, los que entraron en la vida adulta mientras España empezaba a emitir en pruebas en democracia.

Precisamente es lo primero que destaca este profesor de literatura. Su pertenencia a «una generación fronteriza o anfibia que sigue estando en tierra de nadie y que siempre ha sentido que llegó demasiado tarde a algunas cosas y demasiado pronto a otras», y confiesa que el último objetivo de su obra es preguntarse por el sentido y la identidad de su propia generación.

Además de La celestina, hay otra obra de influencia clave en su trabajo: Luces de bohemia. González Moreno se declara devoto de Valle-Inclán e, incluso, cuando empieza a estar «demasiado» cómodo ante el micrófono, se define como un «hiperbólico manchego» (nació en un pueblo de Ciudad Real), en referencia a Max Estrella.

El reloj interrumpe al galardonado. Avisa de que ya son las 13:00 y que el café tiene que seguir con su rutina. «¿Hay más preguntas?», pero nadie se atreve a contradecir el sonido del tiempo. Las dudas que queden tendrá que resolverlas el lector cuando tenga en sus manos el año que viene, editada por Siruela, La mujer de la escalera.●

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