Una sátira de la crisis económica vista desde los ojos de un rico heredero

«Selfie», de Víctor García León

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«Smartphone Camera Photo Selfiestick, Selfie». // Autor: Andri Koolme.

Bosco es un niño pijo arrogante y extrovertido. Su mundo se desmorona cuando su padre, un ministro del PP, es detenido por corrupción. En su nuevo largometraje, Víctor García León nos muestra la crisis económica desde una perspectiva poco común: la de los ricos que lo pierden todo de un día para otro y son expulsados de su burbuja de riqueza y lujo. Con un tono burlón y satírico y una estética de reality show, Selfie propone una divertida parodia de la sociedad de la imagen. Los móviles en el Callejón del Gato.


Borja Efe Eme: Se me está ocurriendo que podríamos hablar de alguna película que hayamos visto recientemente, ¿no, Rubén Rojas? ¿Podrías decirnos alguna?

Rubén Rojas: Creo que sí: Selfie, de Víctor García León.

Borja Efe Eme: Ah, sí. La que vimos ayer. Nos acompañó una amiga y todo, que olía muy bien. Hay que ir al cine con amigas que huelan bien.

Rubén Rojas: Voy a obviar ese comentario. La verdad es que no tenía mucha información sobre ella. Y me sorprende, sabiendo que García León ha dirigido otras películas de calidad y relativa repercusión mediática, como Vete de mí; o no tanto, si tenemos en cuenta que es de 2006 y que desde entonces no ha dirigido ni escrito ninguna otra película. Por lo que he leído, por falta de financiación.

Borja Efe Eme: Y la película, ¿te sorprendió también?

Rubén Rojas: Sinceramente, sí. Primero por la forma, una especie de falso documental con cámara al hombro. Y después por la frescura y la mala leche de los diálogos, muy afilados.

Borja Efe Eme: Sí, a pesar de que casi la pillamos ya comenzada… Aunque no hubiera pasado nada, porque desde el principio García León aprovecha los mecanismos visuales de un formato tan televisivo como pueden ser los de los reality shows para presentarnos una nueva visión sobre la crisis económica y el fenómeno de los desahucios a través del protagonista absoluto de la película, el extrovertido y pijo Bosco, genialmente interpretado por Santiago Alverú. En palabras del propio director, lo que en un principio se presentó como un problema (el escaso presupuesto del proyecto), se torna en uno de los aspectos claves de Selfie: su televisivo punto de vista.

Rubén Rojas: 10 000 euros, he leído por ahí. Pero sí, la táctica del «pasen y vean la intimidad ajena» y las miserias funciona de gancho durante toda la película. Toda ella es resultado del poco dinero, de acuerdo: actores poco conocidos, rodaje en exteriores, mucha improvisación…, pero también eso da lugar a una frescura imprescindible para contar con gracia lo que se cuenta y sin que quede impostado.

Borja Efe Eme: Sí, y que también tiene su toque original, porque lo que se nos presenta en Selfie son los efectos de las crisis económica al otro lado de la burbuja, esto es, de uno de los actores adinerados de toda aquella trama: un joven de clase alta hijo de un ministro del PP detenido por corrupción. Un joven que, a su vez, parece vivir dentro de su burbuja de lujo y comodidad.

Rubén Rojas: No sé si original, pero lo que sí es seguro es que da más pie al humor.

Borja Efe Eme: Bueno, no creo a ver visto muchos largometrajes con una historia similar. Ya no solo por su perfil cómico-burlesco en una temática tan tendente al drama, sino, como hemos dicho, por su formato; un formato también de actualidad porque allá donde no llega García León con su cámara al hombro aparece su protagonista, Bosco, haciéndose selfis.

Rubén Rojas: Mucho mérito tiene el trabajo de este actor, Santiago Alverú, que yo al menos no conocía, pero que está soberbio, más que creíble.

Borja Efe Eme: Sí, y eso que interpreta a un personaje digno de ser odiado por su suficiencia y arrogancia. Pero, al final, uno acaba empatizando con él y sus problemas. Creo que tiene que ver un poco por esos planos cerrados que ocupan casi todo el metraje, y que nos llevan a ir descubriendo las escenas al tiempo que el protagonista. Sabemos todo lo que él sabe (más bien poco) en cada momento, pasando nosotros mismos a formar parte de su individualista universo. Ejercicio de empatía a la fuerza.

Rubén Rojas: La cultura del selfi puesta del revés. El «aquí estuve yo» llevado hasta el paroxismo.

Borja Efe Eme: Además, Bosco es un personaje que solo trata de buscar respuestas a todo lo malo que le está sucediendo, pero nadie quiere parece querer dárselas: una madre desquiciada, un padre entre rejas, una hermana indolente…

Rubén Rojas: Y todo por una razón más que evidente para el espectador: el chaval es un bobo integral.

Borja Efe Eme: Natural.

Rubén Rojas: García León pone su inteligencia y mala leche en todo: la búsqueda de la verdad se ha vuelto frívola en manos de este protagonista idiota; la pose resulta ridícula; su intento de empatizar, forzado; y hasta su manera de relacionarse no pierde nunca el barniz de los intereses. Es decir, si la película es un fake, un falso documental, el protagonista representa también al individuo fake, parasitario de la sociedad y de su propia familia, interesado, ventajista, fiel retrato del español venido arriba con la burbuja. El contexto, sin embargo, es muy real.

Borja Efe Eme: Sí, todo encaja. Yo lo veo, argumentalmente, como una fantasía de Disney: ese príncipe heredero desterrado del castillo que deberá buscar ayuda y cobijo en el bosque encantado donde los animales que lo habitan y otros seres serán sus únicos amigos. Porque, ¿quién no ha tenido que empezar alguna vez de cero? Incluso los príncipes azules empiezan de cero alguna vez, ¿no?

Rubén Rojas: Sí, claro, y es el recorrido que da más juego. Más que el del pobre que se hace rico o triunfa, aunque este también tiene de dónde sacar (Granujas de medio pelo, Woody Allen).

Borja Efe Eme: Y será ahí, en «el bosque», donde se encuentra la otra gran carga crítica de García León: entre las personas que aparecen en su auxilio, nos toparemos con una invidente afiliada a Podemos tan ciega emocional como visualmente y un compañero de piso eterno estudiante a opositor, friki de los juegos de rol y auténtico antagonista de Bosco, con el que establecerá una guerra soterrada por el amor de la chica ciega.

Rubén Rojas: También ahí es donde se sitúa lo menos bueno de Selfie: personajes estereotipados y tendentes a la caricatura y una crítica a la corrupción en su conjunto bastante predecible. Sin embargo, si entras en el juego de García León, tienes la risa asegurada, sobre todo por la incomodidad que genera la soberbia estúpida del protagonista.

Borja Efe Eme: Deliberadamente caricaturescos, diría yo. Delineados con brocha gorda para que nadie se sienta ni muy ofendido ni muy desatendido y, sin embargo, fieles a esos estereotipos claramente reconocibles por todos.

Rubén Rojas: Eso es. Por eso digo: si entras en el juego del director-guionista y te crees a estos personajes tipo, incluso predecibles, la película funciona y todo se pone al servicio de esta risible historia de supervivencia: «el camino del samurái», dice el propio Bosco.

Borja Efe Eme: Exactamente, porque en esta fábula, el propio Bosco es víctima (de un sistema capitalista que, una vez con su padre entre rejas, ya no le necesita) y verdugo (como parte ejecutora de ese mismo sistema clasista que ahora le repudia —particularmente cómicos son los momentos en los que aparece la chacha de Bosco—). Al final del viaje, Bosco quizá aprenda algo de todo esto… Una reformulación de su concepción de las relaciones sociales e, incluso, afectivas. Un viaje a trompicones de lo individual a lo colectivo.

Rubén Rojas: Quizá aprenda algo o quizá, no. Ahí está la crítica: somos tan idiotas que podemos volver a repetir los errores antiguos. Individualmente y como sociedad. Olé por García León.

Borja Efe Eme: Confiemos, al menos, en que lo grabe todo con su teléfono móvil de última generación para poder compartirlo después.●

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