De silencios espesos y ventanas cerradas

«Esferas», de Abraham Pérez

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«Dark Window». // Autor: Carmen de la Torre.

Hay silencios solitarios y silencios compartidos; silencios cómodos y silencios espesos; silencios forzosos y silencios forzados; silencios fugaces y silencios eternos. De algunos de ellos, o de todos, habla Abraham Pérez en Esferas, su primera obra, formada por ocho relatos y un apéndice final de 35 palabras que condensa el espíritu del conjunto: «serio, petrificado, solo».

Así se encuentran los protagonistas de los relatos de Esferas. Aunque en sus historias aparezcan otros personajes, estos no son más que sombras que deambulan por las narraciones y dejan a su paso silencios. No tenemos sus nombres, sí algunos detalles de su existencia, y el balance final de su presencia es siempre la solitud.

Este es el desenlace de Fin de la historia, con el que comienza el libro. Un cuento en el que caminamos pisando tierra movediza, con desasosiego, y avanzamos intuyendo a donde lleva el ir y el venir del protagonista, a qué se debe y cómo acabará. No nos equivocamos, aunque es el silencio el que nos responde.

Como en otros relatos, sus movimientos son circulares. De esta manera funciona la mente de otros protagonistas de Abraham Pérez y, en especial, la del escritor en ciernes que habita en Muñecas rusas, un relato que bien podría haber dado nombre al conjunto y que, al menos, lo ilustra para Ediciones Oblicuas. También aquí hay una historia de amor inconclusa de la que, una vez más, sabemos por sus silencios.

Y también está marcada por su relación con la literatura, escrita en minúsculas porque el protagonista no se atreve a colocarse esa etiqueta y se limita a definirse, apocado, como un «simple lector» que no se ve capaz de alcanzar «el equilibrio y la solidez» del autor a quien lee. «Pienso que es posible que nunca llegue a escribir así, pienso que nunca podré plasmar una historia de manera satisfactoria, pienso que es un permanente fracaso el escribir y que el fracaso es una forma de pensar», reflexiona.

La frustración y la literatura protagonizan también El escritor: en la búsqueda de la inspiración, conversa consigo mismo (en silencio, claro) y explora a su alrededor como si fuera a encontrarla en una estantería. Lo intenta, pero sus pensamientos avanzan (circulares, sí) y no logran llegar más que al descarnado reconocimiento de que puede no ser quien se empeña en ser.

Y por el camino juega con un hipotético lector de este ensayo mental que constituye su búsqueda del genio, y lo lleva a la metaficción. «En el caso de que leyese ese posible texto: su visión nunca la sabrías, pero crees que podría pensar que hay un alto grado de contenido autobiográfico».

Otra historia de amor callado es Ítaca persigue a Ulises, porque es el silencio lo que preside la relación del protagonista, un estudiante de intercambio, y su amiga, que pudo ser amante. Un relato que, también, acaba por los derroteros de la frustración o, quizás en este caso, la resignación. Él no es Ulises, no es un semidiós, porque «los héroes clásicos enfrentan los problemas; los otros, los sobrellevan».

«Serio, petrificado, solo». Un buen final para un conjunto de historias desasosegantes, con pensamientos imbricados, que van adelante y atrás como los recuerdos, en círculos, callados, en atmósferas cargadas. Como si las ventanas llevaran mucho tiempo cerradas.●

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