La melancolía cotidiana

«En pleno verano», de Zsuzsa Bánk

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«Cap Ferret-Arcachon-Océan Atlantique». // Autor: www.twin-loc.fr.

Casi todos los relatos que componen En pleno verano (Acantilado) transcurren en invierno, y todos comparten el nexo común de la nostalgia. Zsuzsa Bánk (1965, Fráncfort) levanta un volumen de personajes solitarios, melancólicos y ensimismados; de historias cotidianas que dejan en el lector el efecto de haber hojeado un álbum de fotografías de la infancia o de haber visto una vieja película doméstica.

Bánk trata de capturar esa sensación crepuscular de pérdida irrecuperable o cambio que todos hemos sentido alguna vez, cuando tenemos plena consciencia de estar viviendo un momento irrepetible; vivencias asociadas casi de forma automática en el imaginario colectivo a los veranos de la infancia o de la juventud, de ahí (intuimos) que haya optado por ese título en particular para su obra.

Además de escritora, Zsuzsa Bánk es periodista, y se nota: los relatos están escritos con una vocación de crónica, como si su intención fuera únicamente la de capturar un instante, con ese desapasionamiento del redactor que, aunque forme parte de la historia, ni quiere ni debe involucrarse en ella, y eso que en la mayoría la voz del narrador (casi siempre femenina) está en primera persona y el tiempo de la acción, en presente de indicativo, resalta esa impresión de inmediatez o de actualidad periodística. Con un estilo directo de polaroid, los relatos tienen esa aparente sencillez que esconde detrás un minucioso trabajo para encontrar las palabras exactas y construir escenarios, personajes y acciones a través solo de sus rasgos más definitorios y clarificadores.

Los protagonistas de En pleno verano viven en el pasado, marcados por la presencia constante de la memoria y por un presente que encuentran insatisfactorio o que experimentan como un momento efímero que precede a la añoranza, de ahí que la infancia, como un paraíso limpio de recuerdos, tenga una presencia destacada en varios de los cuentos. Solo Luz azul se aleja algo de esta tónica, con un argumento en el que no prima la introspección psicológica de los personajes.

Bánk describe la variedad casi absoluta de nostalgias a través de parejas que rompen, de matrimonios sin valor para separarse, de suicidas vocacionales que cada año intentan quitarse la vida en las mismas fechas, de accidentes que destapan infidelidades o de amistades que desfallecen. Y de viajes. En casi todos los relatos de En pleno verano hay alguien que viaja, a veces incluso de un continente a otro, como una metáfora evidente de la huida: todos hemos pensado alguna vez que nuestros males se curarían con un simple cambio de lugar.

En definitiva, Zsuzsa Bánk ha escrito un conjunto de relatos imbuido de Sehnsucht, ese sentimiento propio del Romanticismo alemán que, sin equivalente literal en español, podría traducirse por «nostalgia» o «anhelo», aunque ninguna de esas dos acepciones es exacta. Sehnsucht podría definirse como un deseo muy poderoso de algo indefinido; una sensación angustiosa y destructiva de insatisfacción, un ansia vehemente de huida que, al no estar definida, solo provoca más insatisfacción.

Delfines, el relato que cierra el libro, cuenta las vacaciones de una pareja que recorre la costa oeste de Australia y que fantasea con la posibilidad de mudarse a alguno de los aislados pueblos por los que pasa. De nuevo, la evasión, la fuga; y de nuevo la imposibilidad de un goce pleno por la melancolía de la cuenta atrás y la vuelta a la rutina. ¿Quién no ha soñado alguna vez con que la vida fuera como esos interminables y despreocupados veranos de la infancia, cuando los recuerdos eran aún cosa del futuro?●

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