Leal sí, pero a uno mismo

«Los durmientes», de Luis de León Barga

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«Enigma of Arrival». // Autor: Erik.

Una de las ventajas de la novela es que permite acercarnos a situaciones y momentos que suelen pasar desapercibidos en los estudios académicos o divulgativos que se llevan a cabo sobre diferentes etapas y momentos de la historia. Algo así sucede con Los durmientes (Fórcola Ediciones), la segunda novela del periodista español Luis de León Barga, una ficción de casi cuatrocientas páginas con la que el autor se acerca a uno de los temas más desconocidos de nuestra historia: la existencia de redes de espías y de dobles agentes en España durante la segunda mitad del siglo xx.

De León Barga Luis_Los durmientesHay que tener en cuenta, en este sentido, que si bien es cierto que España llegó a la época contemporánea convertida en una potencia europea periférica, la segunda guerra mundial y el escenario que quedó dibujado en la Guerra Fría hizo que el país recuperara interés para las grandes potencias, pero siempre de manera secundaria, al modo de un peón en una partida de ajedrez.

Es en este contexto en el que se desarrolla la novela de Luis de León Barga; un libro articulado a través de dos tramas que se desarrollan una vez que Rosa, una joven periodista en paro y con una vida anodina, recibe el encargo de escribir la biografía de Jaime Monasterio, anciano y enfermo padre de una de sus mejores amigas y  personaje de segunda fila de la transición española, en tanto que formó parte de la UCD y fue candidato en las elecciones de 1977.

Cuando Rosa accede a sus memorias, que se inician en plena guerra civil y cuya lectura se van intercalando en la novela junto con la propia trama, encontramos a un superviviente que narra su vida desde que al final de la guerra es enviado a la Italia fascista como agregado cultural hasta la consolidación de la democracia en España, en un viaje de más de sesenta años de duración en el que nos encontramos con diversos personajes de lealtades confusas y en el que muchas veces las cosas no son lo que parecen, porque sobrevivir a un mundo lleno de cambio no es una tarea sencilla.

Acabada la guerra y en pleno franquismo, Monasterio vuelve a Roma como diplomático ante el Vaticano, y allí juega durante años a varias bandas con los servicios secretos soviéticos y americanos, a veces por dinero y a veces dejándose llevar por  lealtades exclusivamente personales. Desfilan por sus páginas diplomáticos alemanes de intachable pedigrí nazi que reaparecen quince años después como miembros del servicio de espionaje de la Alemania Oriental, sacerdotes vaticanos metidos a periodistas, corresponsales soviéticos o personajes del hampa en la Italia en fase de reconstrucción de la posguerra.

Algo similar ocurre con el encargo recibido por Rosa, ya que a lo largo de las páginas iremos descubriendo que nada es lo que parece y que detrás de un encargo en apariencia inocente se esconde en realidad un intento de desenmascarar una red de espionaje que podría llevar activa desde hace muchos años en España; una red compuesta por un tipo de agentes, los durmientes, que pueden pasar muchas décadas sin realizar ninguna acción hasta que son activados por la red de la que forman parte. Una Rosa, la protagonista, que vive en un ambiente precario en lo personal y también en lo laboral, y que tendrá que decidir en varios momentos por ser leal o traicionar a personas que tampoco son lo que parecen ser.

La novela, más allá de la trama, aporta luz sobre el funcionamiento de los servicios de inteligencia en general y sobre este tipo de redes en particular, así como sobre los mecanismos que permiten articular lealtades a varias bandas en un mundo interconectado como el nuestro. No hay un solo motivo para traicionar a un país, como no lo hay para traicionar a una persona: los años no pasan en balde y descubrimos a través de las páginas un viraje ideológico en Jaime Monasterio similar al que experimentaron algunos españoles como Dionisio Ridruejo; y es que cuando uno quiere cambiar el mundo en el que vive, a veces la traición es la única arma de la que se dispone para seguir siendo fiel a uno mismo.

No en vano, como reflexiona el propio Monasterio en una confesión que le realiza a Rosa, la autora de su biografía: «La traición es el arma de los partidarios de la libertad contra la tiranía». Una buena novela, escrita por un autor que parece saber más del tema de lo que cuenta y que nos recuerda que es imposible entender una vida como si los años no transcurrieran por ella. Como escribió Pablo Neruda una vez, en muchas ocasiones, «nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos».●

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